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Mortier es un personaje de luces y sombras.
A favor:
-Su idea de la ópera como un arte que no sólo sirve para la exhibición musical o el divertimento sino para la reflexión, la exploración interesante de las diversas interpretaciones de su lado más teatral. - El hecho de mejorar el nivel de la orquesta y el coro, bastante irregulares antes de su llegada. Sigue siendo la orquesta muy irregular pero la mejoría es evidente. Y a eso contribuye el que contrate a directores muy competentes: Haenchen, Cambreling (siglo XX), Currentzis, Hengelbrock, Piollet... -La programación de obras maestras u obras interesantes aunque seguirían estando inéditas en el Real de no ser por él: Saint François d'Assise, Il Prigioniero, Kròl Roger, Mahagonny, Die Eroberung von Mexiko, Ainadamar, o el estreno de Glass. -La programación de las Noches del Real. De acuerdo, fue un error cargarse el programa de Grandes Voces, que se agotaban siempre en abono en cinco minutos y porque los divos asiduos a ese gran ciclo no es que tuvieran mucha afinidad al belga. Pero no se puede decir que la programación de ese ciclo sea aburrida o carente de interés. Programaciones como el Réquiem de Verdi con tan grandes artistas o la presencia de músicos como Pollini, Frühbeck de Burgos, Christine Schäfer, Valery Gergiev dirigiendo a Les Arts, Philippe Jaroussky o las próximas de Plácido Domingo son interesantísimas veladas musicales. - El que el Real subiera la edad del último minuto a los 30 años, con la que está cayendo aún pueden ir los jóvenes a la ópera. Hay cosas que mejor venderlas al 10% que no venderlas. Y siempre hay casos en que se crean verdadera afición. Uno de ellos escribe este mensaje. - Tuvo una buena intención en la visita de la Filarmónica de Berlín o de que bajo su mandato viniera Riccardo Muti. Lástima que la crisis en el primer caso y la salud del segundo impidan continuarlo.
En contra: - Su cansino y repetido desprecio por todo lo que huela a clásico y tonal. ¿Qué pretende, hacer la ópera para cuatro enteraos? Incomprensible e imperdonable esa subestimación del belcanto. Entiendo que fueran obras concebidas para mayor lucimiento del virtuoso cantante de turno, pero aun sin ser un furibundo pro belcantista me parece que si las obras de Rossini, Bellini o el gran Donizetti son queridas y amadas por todos los públicos del mundo, mencionadas en muchas citas culturales de todas las épocas desde luego de segunda no son. Sus melodías son bellas, e incluso muchas de ellas estaban inspiradas en obras teatrales que revolucionaron el teatro de su tiempo. Por ello, el que diga que no hay diferencia entre L'Elisir y El Rey León me fastidia hasta a mí, que no me acerco mucho al belcanto. Y lo mismo le pasa con Puccini y la escuela verista, para mí más interesante.
- Su predilección por la escena sobre las voces. En esta época deben complementarse. Sí, los gustos cambian y cada vez son más los jóvenes que EXIGEN que los cantantes actúen. Pero por el amor de Dios, deben saber cantar. Pero no, Mortier trae a artistas que sólo se ocupan del teatro, cobran un pastonazo y son irregulares. Caso de Peter Sellars: bella Ainadamar pero PLOMIZA Iolanta. O que en el Così reciente se haga un casting cinematográfico y no una audición musical. La ópera también la hacen los divos.
- Sus boutades en la prensa, en la que se las da de sabio y reitera sus desprecios constantes a los aficionados que no comulgan con sus gustos escénicos, como que su Macbeth sea para inteligentes. O que muestre abiertamente su falta de apoyo a una producción de su teatro, se la haya impuesto o no Plácido Domingo. Tiene un cargo y de él se deduce una imagen que debe cuidar. Además siempre siembra la duda de que subestima al público de Madrid. Sí, tenemos la impresión de ser conservadores comparados con los públicos alemanes o franceses (que se casan más con sus gustos) pero cualquier espectáculo, presentado con inteligencia puede cosechar cierto éxito. Por ejemplo la Lady Macbeth. Hay mucho que hacer, pero debe buscarse la manera de programar adecuadamente para introducir al público nuevos repertorios sin necesidad de cansarlo.
- Las repeticiones de obras programadas hace tan poco tiempo. Obras como Pelléas, Lohengrin o Lady Macbeth nunca están de más porque hay muchos aficionados jóvenes que no las conocían antes. La de Poppea pues no.
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