Interesante tema. Y estoy de acuerdo con mucho de lo puntualizado, tanto desde el punto de vista de profesionales en la materia como de padres. Yo puedo aportar sobre este último y como alumno.
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Pues bien, los hechos me dicen que los niños que acuden a las escuelas de música para formarse no conseguirán dominar el lenguaje musical. En parte porque se espera que bajando el nivel de exigencia parecerá que la producción de músicos será mayor. Ese es el error.
Yo tengo a mis dos hijos mayores en cuarto de grado elemental en el conservatorio, preparándose para el paso a grado medio. Comenzaron en las escuelas municipales: la diferencia de formación es "sideral". Le doy la razón a NICOLETTA, en general.
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Enajenado dijo: Teniendo en cuenta el nivel del profesorado, penosa a más no poder.
Carestini replicó: Esa generalización es peligrosa, como todas… e insultante para muchísimos profesores que sí tienen una preparación adecuada y además se preocupan por hacer bien su trabajo.
De acuerdo con Carestini en lo de generalizar, pero uno de los grandes problemas (y no solo a nivel musical) son ellos.
Los menos son excepcionales: muy bien preparados en materia, con excelente nivel pedagógico y una profesionalidad en su implicación y dedicación hacia los alumnos (es decir, "ganas") fuera de lo normal, tomando por normal a lo rutinario, es decir: cumplir con horarios lectivos y fichar a final de jornada.
Los hay buenos: a un nivel inferior al anterior, en todos o algunos de los aspectos referidos.
Existe en un buen número el profesor normal, cumplidor, con algún que otro aspecto positivo de entre los expuestos anteriormente.
Y, desgraciadamente, están un gran número de individuos, con título acedémico (eso sí), que en su mayoría cumplen con lo de "fichar" a final de jornada, pero que aportan poco o muy poco a la formación del alumno. Aquí cohavitan muchos "enchufados" y mentes grises.
En lo dicho anteriormente no se os puede escapar que es una clasificación escueta y basada en mi experiencia, pues hay muchos otros casos particulares y circunstanciales, como también el hecho de que detrás de todos (menos los excepcionales) puede encontrarse el detonante de la precariedad y/ o del mal y poco "parné".
Por desgracia, la música es un bien general en franca recesión. Cuando a un conocido le conté del esfuerzo de mis hijos (y de los padres, por suspuesto) por compaginar estudios con actividades extraescolares (por ejemplo, inglés/ natación/ ...) y con el conservatorio pues la respuesta fué que para qué coñ* servía eso de la música... ¿daba dinero en cantidad y fácil... y seguro?. Y esa es una opinión muy generalizada: se mezcla arte con materialismo. Es decir, las churras con las merinas.
Sí que influye generalmente el mamar música por los cuatro costados: desde pequeño es lo que ha habido en mi casa (padre escuchando siempre clásica, hermana con carrera de piano, ...), y aunque pasé mi época juvenil (digamos que a partir de los 16 y hasta que me emancipé, con 22 tacos) pasando un kilotón de ella, la retomé con una base muy fundada y con verdadero deleite y fruición.