
Sin grandes entusiasmos ni lanzamientos de cohetes, pero de agradable escucha este disco de Brownlee, que viene a demostrar un poco lo que ya se sabía: que es un cantante competente y bastante aceptable dentro del canto rossiniano, pero al que le falta vuelo y fantasía para competir con los grandes. La voz es bastante homogénea, con algunos sonidos ligeramente abiertos y unos agudos que en vivo no suelen expandirse demasiado pero que en estudio dan el pego. Con la coloratura se desenvuelve con decoro pero no se le nota excesivamente cómodo, con cierta tendencia a empujar las notitas o incluso a echar mano de ligeras aspiraciones, un poco para quitarse de encima lo más pronto posible el problema (feísimas en ese sentido la sucesión de semicorcheas del aria de
Semiramide, o las endiabladas fusas del aria de
La donna del lago, que quedan bastante difusas, valga la redundancia

). El mayor problema es, como digo, la escasa fantasía: todas las arias suenan igual, y dentro de cada una de ellas, las matizaciones son mínimas. Las variaciones son ofrecidas también con cuentagotas, y en la mayoría de los casos suelen ser "puntaturas" al agudo, que es la zona donde se siente más cómodo el cantante. Por cierto, y en ese sentido, feo detalle estilístico el coronar la mayoría de las arias con el agudo sobre la nota final (el culmen del horror es el megacalderón con que concluye el aria de
L'occasione fa il ladro). Tampoco es muy puntilloso con los detalles de la escritura vocal: las variaciones suelen ser para disminuir la dificultad, y obvia de continuo los trinos. En cualquier caso, un cantante presentable, de buena línea y correctas maneras, que además se muestra valiente con el repertorio elegido, optando por el riesgo (se atreve con la terrorífica aria de
Zelmira, y de
Semiramide ha elegido la más complicada) del cual consigue salir airoso.
El muermo que dirige la orquesta se llama Constantine Orbelian, y por la desgana con que lo hace pareciera que le deben el sueldo.