Gino escribió:
Quizá la cuestión sobre la cual mayores disparates se han escrito en los foros. Para mí tiene más que ver con el recitar cantando que con temperamentos raciales y demás milongas.
Pues creo, y creo que creo bien, estar en gran parte de acuerdo con la respuesta de "Gino", tanto en su rápido repaso histórico (yo también recuerdo discusiones aún en Hispaópera sobre este tema) como en la conclusión: y es que efectivamente, en aquellas discusiones, y como tiene pinta este hilo de seguir, cada uno va a definir esa palabrota como el venga en gana, y al final existirán mil y una definiciones, ideas, opiniones, para mis, y modestos pareceres, y la verdadera conclusión que se saca es que la italianitá es un cuento tártaro que gusta narrar a frikis a costa de hacerlo con adjetivos y palabras a cual mas cursi, ilegible y por supuesto, cuanto más inaccesibles o lejanas a la comprensión de un mortal, tanto mejor. Es lo que suele pasar cuando se trata de explicar algo que se sabe que no existe y para tratar de justificar su existencia lo hacemos con frases y términos lo más técnicos y alejados posible de cualquier compresión media (idiomatismo, fonación, enérgico y squillantissimo pero de fonación, affetuosità, cordialità, ...)
En definitiva. Yo no creo en la "italianitá", como tampoco creo el "francesitá", en la "germanitá", ejn la "rusiatá", o en la "papua nueva guinea tá".
Creo en el canto, en sus cánones, en la expresión, en la emoción, en la técnica, en el fraseo, en la dicción, en el compromiso interpretativo, en la teatralidad, en la belleza tímbrica, en el impacto de los armónicos, en los agudos limpios y espectaculares, en las agilidades, en las notas largas, en los acentos, en las apoyaturas, en la imaginación en el belcanto, en hacer fácil lo imposible, en superar a una orquesta wagneriana con el caudal vocal, o una romántica en general, en zambullirse de lleno al idioma en que están escritas las cosas, etc, etc, etc.
Creo en todo eso, y son valores, circunstancias, puntos tan accesibles en todo, parte o nada, para un nacido en Nápoles como uno el Melburne.
Es evidente que una gran porcentaje de la tradición lirica, sus más emblemáticas obras y el país donde la ópera es, tras el futbol, la pasión de todos, y que en cualquier pueblillo tienen de repente un teatro de opera, pues es donde más voces y probablemente mejores han salido. Al igual que los mejores creadores del género. Hombre, es que cualquier cosa siempre suele tener su génesis geográfica y los sitios donde llega y hace raíces con más fuerza. En ese caso, es lógico que por cada cantante bueno que haya nacido en Melburne haya 50 que lo hayan hecho en Nápoles o en Genova.
Ahora bien, acceso directo?. Tienen EXACTAMENTE igual todos. Y hoy día, con las distancias tan acotadas con los avances de la información, es que sí que no hay diferencia. Antes, cuando Caruso llegaba a New York le recibían multitudes al pie del barco. Era un acontecimiento que el emblema del género italiano que tanto gustaba ahí fuera a cantar. Hoy día en NY al mejor cantante del mundo, y desde hace décadas, cuando aterriza le recibe un taxista con un cartelito de cartón para llevarle a su hotel: y gracias.
Antes era un tema de dominio geográfico, y lógico. Hoy día, cuando la ópera ya ha llegado e impregnado escuelas en todo el mundo, tiene el mismo potencial para llegar a ser un espléndido o pésimo cantante cualquiera. Los valores arriba expuestos en los que reposa el buen canto lírico están al alcance (o al no alcance) de todos con independencia de que sui apellido termine en "ini", "bauer" o "ovski".
Y no hagamos trampas y juguemos a comparar al mejor italiano cantando verdi con un bruto ruso o noruego. A la hora de coger ejemplos solemos ser muy tramposines. A ver si yo voy ahora a comparar a Arcangelo con Boris Christoff, a Carlo Guelfi con Leonard Warren, o a Pauletta Marrocu con Leontyne Price. Para hacer trampas todos estamos preparados.