Efectivamente, resulta un placer escuchar (aún más en un teatro tan grande como el Liceo) una voz cuadráfónica como la de
Sondra Radvanovsky. Una Aida de las de antes, antirevisionismobarroquero, con voz y cantando. Es cierto que no todos los pianos y filados que intenata le quedan impecables (domeñar ese torrente vocal no es fácil), que el timbre no es bello, ni la articulación italiana nítida y ajustada, pero qué gozada. Hubo sonidos que debieron escuchar hasta en Nimes.¡¡¡Brava!!!
Además, una señora de los pies a la cabeza. Lo primero que hizo al decirle que venía de Madrid, fue disculparse por la cancelación del Cyrano.
Encontré a
Giordani decadente, como que va cumplir "acabar la ópera" y punto. Aún así, la voz corre, es de tenor protagonista, emitió algunos pepinazos marca de la casa, pero el centro es ya un erial, opaco y áfono. El fraseo, aburrido y vulgar donde los haya. La afinación, sospechosa.
Ildiko Komlosi es otra soprano que canta como mezzo. Tiene dos voces, la franja aguda timbrada y percutiente, si bien con algunos sonidos abiertos y el grave, abierto, bronco y desguarnecido.
Entregada, cumplió en la precipitada sustitución.
Juan Pons, lógicamente desgastado pero siempre sonoro y con tablas y acentos para aleccionar a muchos, realiza una impecable despedida en uno de los papeles que más ha cantado y lucido en los mejores teatros, con los mejores compañeros, tanto cantantes como batutas.
Cariñosísima ovación. Tuve la oportunidad de darle la enhorabuena por toda su carrera y desearle lo mejor para el futuro.
Kowaliov es digno pero plano y aburridote.
Renato Palumbo dirigió con energía, brío y aliento, aunque escaso refinamiento y el sonido de la orquesta tampoco le acompañó. Bien el coro en el gran corcentante del acto II.
He visto innumerables veces la producción con los telones de Mestres Cabanes y no me canso. Otras que veo habitualmente en los teatros, me cansan a los 10 minutos
Como bien dice el amigo Tip, estupenda cena posterior ante la magnífica noche Barcelonesa hasta las tantas

El día anterior pudimos disfrutar en Peralada (mágico entorno) con el debut en España de la soprano
Angela Meade. Ni la tramontana, ni las cigüeñas pudieron impedir que mostrara una técnica inatacable en su Leonora de Trovatore. Emisión totalmente liberada y sul fiato, dominio total del paso, control absoluto de la respiración y de la columna sonora. Dominio de las dinámicas y de la agilidad. Dos peros, que ya pude apreciar en el Ernani visto en cine: El grave no existe, al centro le falta un punto de bruñidura y anchura y el temperamento es plácido y epidérmico donde los haya. En cualquier caso, resulta un bálsamo escuchar hoy día una cantante joven con los papeles en regla técnicamente hablando.