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Bayerische Staatsoper, Teatro Nacional de Munich. 4 de Julio de 2010
Roberto Devereux (Gaetano Donizetti)
Edita Gruberova, José Bros, Paolo Gavanelli, Sonia Ganassi, Francesco Petrozzi, Steven Humes
Dirección Musical: Friedrich Haider
Director de Escena: Christof Loy
Un fenómeno vocal de rango histórico.
En los tiempos que corren para la lírica con un desolador panorama de voces, de personalidades y el peor nivel de canto de toda la historia, resulta todo un acontecimiento, a la par que un placer, poder disfrutar todavía del arte de la soprano eslovaca Dña. Edita Gruberova.
Más allá de los gustos personales de cada uno, su interpretación tanto vocal como dramática del complicadísimo papel de la reina Elisabetta en Roberto Devereux (con el que no se atrevió toda una Joan Sutherland), cimentado ya durante 20 años, es una de sus indiscutibles creaciones dentro del repertorio italiano.
A sus 63 años y medio y con más de 40 de carrera, el instrumento vocal se mantiene sano y firme. Los lógicos signos de declive hay que encontrarlos en puntuales durezas que antes no existían y un centro algo mermado. Como siempre, nada más abrir la boca coloca su voz en el centro del teatro y llena hasta el último resquicio del mismo. Su legendaria técnica, control de la respiración y el fiato aún desahogado, le permiten afrontar“L’amor suo mi fè beato” con impecable legato, sin ninguna nota empujada o con arrastre que le suelen reprochar sus detrastores, regulaciones dinámicas de las que dejan atrapado en la silla y culminar con su deslumbrante coloratura (impactante la factura de los trinos y notas picadas) la cabaletta “Ah ritorna qual ti spero qual ne giorni più felici”. Inteligentísima a la hora de solventar el acto II, el más duro para ella, por cuanto la tesitura es central y grave, además de la presencia de saltos interválicos en el canto. Realmente impactante la incisividad de la acentuación en “Pria d’offender chi nascea dal tremendo Enrico Ottavo scender vivo nel sepolcro tu dovevi oh traditor”
En fin, una obra maestra la escena final en la que la emoción y la tensión va avanzando en grado, desde el recitativo “E Sara…” el aria “Vivi ingrato” y la cabaletta final “Quel sangue versato” La diva ataca “Quel saaangue” en un filado que es un suspiro y de ahí la tensión va subiendo escalonadamente en cada frase hasta hacerse casi insoportable en el momento que se arranca la peluca de esa manera y con esa cadencia, personalísima y única que ha paseado por los escenarios durante estos últimos años. Final en punta con sobreagudo percutiente y rutilante que provoca el delirio del público. 25 minutos de ovaciones, gritos de “¡Edita, Edita!” reclamando su presencia en solitario en el escenario. Personalmente, una emoción indescriptible haber podido volver a verle el Roberto Devereux por tercera vez. La consciencia de haber presenciado una creación histórica y mi agradecimiento eterno ante la felicidad proporcionada por esta insigne cantante. ¡Gracias Doña Edita!
José Bros en un papel que le volvía a escuchar después de 8 años y tras verle todos los papeles tenoriles de la trilogía Tudor, es el tenor español de mayor trayectoria internacional desde hace ya unos años. Merecidamente porque es un gran profesional, trabajador y que con un instrumento vocal nada privilegiado, canta con gusto y frasea con innegable sentido belcantista . Así volvió a demostrarlo en su Roberto, aunque aparecieron esos problemas e inseguridades en el registro agudo que le aquejan últimamente. Sonidos forzados, abiertos y oscilantes en esa franja. Sonia Ganassi también demostró su reconocido legato y musicalidad como Sara. El gran lunar de la noche fue Paolo Gavanelli como Nottingham. Curioso el caso de este barítono que lleva 20 años de carrera y reinando en Munich en los papeles baritonales de ópera italiana. Nacido en Padua, apenas ha hecho carrera en Italia. No es de extrañar porque es difícil encontrar un canto más soez, deslabazado, vociferante y descuidado. Desafinaciones constantes, sonidos colocados cada uno en un sitio. Una sensación de berrido constante. Eso sí, se le oye mucho, desgraciadamente. Resulta triste, que dos cantantes con las limitaciones que se quieran en sus órganos vocales, pero que tienen un sentido del bel canto, sean menos ovacionados que este moscón, sólo porque hace más ruido. Despúes de haberle escuchado el Nottingham a Bruson, siquiera fuera en decadencia, se hacía difícil reconocer esta bellísima parte baritonal.
Friedrich Haider dirigió sin inspiración a la estupenda orquesta, pero acompañando a los cantantes y dejando que fluyera el canto. Solvente y cumplidor el coro. La producción de Loy de la que ya se ha hablado tanto, me sigue pareciendo totalmente errada e inapropiada de planteamiento. Es justo decir, que el mismo, está bien desarrollado y que, por lo menos, cree en la obra y la tiene un cierto respeto. No cae en la parodia que tantas veces sufre la ópera italiana en los teatros alemanes. Como anécdota decir que ha desaparecido el chandal del Real Madrid que portaba uno de los personajes (ahora es azul celeste sin más) y que José Bros no permite (y hace muy bien) que le desnuden y le dejen en paños menores, como pasaba con Aronica, en la gran escena tenoril del acto III.
_________________ "El canto como la belleza que se convierte en verdad" (Friedrich Schiller)
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