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Turandot en la ENO, 21 de noviembre del 2009
Imaginaros una versión un tanto insólita. Imaginaros que está ambientada en un restaurante chino de hoy en día – en el comedor (todo en rojo), y en la cocina, con los cuerpos mutilados de las víctimas de la princesa (tamaño real) colgando boca abajo como si de trozos de carne se tratase.
Imaginaros un coro que consta entre otros de los siguientes personajes: tres Elvis, dos jugadoras de badminton (con sus palas), un rabino judío ortodoxo, Margaret Thatcher, un luchador wrestling americano (con su máscara en la cabeza tipo Spiderman), dos monjas, un niño pijo con jersey de rombos, tres especimenes de Lisbeth Salander, un rockero de los años 80, dos Hare Krishnas, dos policías de Nueva York, dos golfistas profesionales, y un payaso de circo.
Imaginaros un
Timur vestido muy elegante, con una americana de última moda y una pajarita, y una
Liú con pinta de yonki sufriendo del síndrome de abstinencia.
Imaginaros una
Turandot vestida de novia que no suelta la espada de Samurai (¿de que película de Hollywood nos recuerda esto?) hasta que por fin
Calaf la conquista.
Imaginaros que el
verdugo no es uno, sino son ocho, son femeninas, van vestidas de ayudantes de cocina y en vez de cabezas humana tienes cabezas de cerdos.
Imaginaros a
Pang,
Pong, y
Ping como chefs de dicho restaurante. Imaginaros que no ofrecen los 100 pechos de las novias alternativas al
ragazzo demente de Calaf de manera graciosa, sino comportándose como terroristas, amenazando al coro con machetes de 40 centímetros y arrastrando mujeres por el suelo. Imaginaros que cuando sueñan de sus casas en
Honan y
Tsiang, y lamentan de que se acaba su raza, lo hacen en una escalera de incendios durante un descanso en el trabajo, fumando cigarrillos, y tirando una bolsa de basura con la cabeza del príncipe de Persia del uno al otro.
Imaginaros al
Emperador que es un homeless borracho perdido.
Imaginaros un personaje que está en la escena todo el rato sin abrir la boca ni una sola vez – una especie de
periodista que va observando de cerca lo que hacen los demás, y lo va apuntando en una libreta. Imaginaros que Turandot con el último gesto de la espada Ninja antes de soltarla, le abre la tripa a este personaje por accidente. Él luego se pasa todo el rato hasta el final de la ópera arrastrándose por el suelo, sangrando de la tripa cada vez más, hasta que le quede toda la ropa empapada de sangre. Al final consigue arrastrarse encima del horno (estamos en la cocina), donde por fin se muere. Todo esto durante el dueto emocionante entre Turandot y Calaf.
Imaginaros todo esto acompañado por una
orquesta estupendísima que tomaba protagonismo al final de cada escena. Totalmente destacable. ¿O sólo me lo parecía a mí porque la tenía a medio metro? No lo sé, pero me parecía perfecta.
Si conseguís imaginaros todo esto (yo si no la hubiera visto, no podría), sabréis como es la Turandot de la producción ENO de esta temporada.
So: Me, likey?
No.
Para mi primera Turandot, hubiera preferido mil veces una clásica.
Aquí el trailer, y
aquí algunas fotos del día.
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