Bueno, ahora tengo un ratillo.
Lo mejor de la noche de ayer: las sensaciones. Siendo joven, encontrándose uno mismo en formación, sabedor de lo dificil que es encontrar un lugar en el mundo laboral que sea asimismo un lugar vital. En resumen: en coordenadas semejantes a las de quienes se subieron anoche al escenario, me emocioné mucho, y no exageró ni me pongo sensiblón, observando el trabajo franco, el canto valiente, las ganas de vivir y de cantar, de vivir cantando. Maravilloso y gratificante.
Vaya por delante que la noche tuvo un nivel vocal altísmo. Hoy he asistido a la primera de las clases magistrales que da Caballé aprovechando el concurso de canto que lleva su nombre. Allí he podido escuchar a varios de los participantes en la final, cantando otras piezas, vocalizando, ejercitando la voz, etc. Y he podido comprobar que no tuvieron una buena noche que nos pudiera llevar a engaño. Son voces y técnicas sobresalientes en, al menos, tres casos: Pretty Yende, Miriam Clark y Sarah-Jane Brandon. Tres sopranos brutales.
No voy a comentar en detalle qué cantaron, cómo lo cantaron, etc. Tampoco tiene mucho sentido hablar de cada cantante en particular, porque habrá quienes nos den que hablar en unos años, y quienes no... Pero sí quiero contaros lo que me pasó por dentro escuchando a Pretty Yende, segunda participante de la noche y vencedora del concurso. Interpretó el aria de Elvira en Puritani, "Qui la voce sua soave... Vien diletto...". Ya digo que os podrá parecer sensiblón y cursi lo que os cuento, pero se me hizo tal nudo en el estómago que se me vinieron a los ojos un par de lágrimas. No me había pasado nunca en un teatro o sala de conciertos. El bueno de Stiffelio, que estaba sentado en la butaca de al lado, no se daría cuenta, pero yo estaba emocionado como un tonto. Fue tal la conexión que sentí con lo que estaba haciendo Pretty Yende que se me escaparon ese par de lágrimas inéditas. No sabéis lo que me alegré cuando escuché su nombre como ganadora del concurso. Hoy en las claes particulares ha intepretado el "Je veux vivre...", de Romeo y Julieta de Gounod y se ha confirmado que es una soprano magnífica. La voz es impresionante, sobre todo por dos motivos: su homogeneidad y su naturalidad. La tecnica es soberana. Canta segura, gustándose, arriesgando pero sin dejarse ir en exceso. Maravillosa. Le deseo lo mejor en su futuro. A ver si en unos años podemos escribir otra crónica hablando de ella.
De la noche impresionaron también tres cosas:
- la voz del barítono Seung-Gi Jung: enorme, proyectada como un cañón y con un metal despampanante.
- el mozart de la soprano Sarah-Jane Brandon, a la que hoy he escuchado el aria de Thais. Es maravillosa. Muy prometedora.
- el bruuuutal "Glitter and be gay..." que se marcó Miriam Clark. El registro sobreagudo de esta chica es descomunal. Hoy ha cantado la escena del sonambulismo de Lucia en las clases magistrales. Vocalizando ha llegado con una comodidad pasmosa hasta el sol. Impresionante, insisto.
Por último: Caballé. A estas alturas de su vida y de su relación con la ópera, se lo puede permitir todo. Y se lo permite. Está más allá del bien y del mal. Montó un cirio tremendo al entregar los premios en castellano, sin traducir pues qué premio estaba dando a cada cantante. Éstos simplemente escuchaban su nombre y se preguntaban qué co** habían ganado. Genial. Luego dejó caer un par de perlas: a un pobre infeliz que vino con el "Pour mon ame..." y acabo galleando le dijo que caracterizado se iba a la ópera, no a los conciertos. Y es que el tipo en cuestión había venido con los ajuares del regimiento puestos, y a Caballé no le moló nada. A otro tenor, que había cantando "Che gelida manina..." le dijo: "cuando cantes Boheme, canta Puccini". Tocate los webs. Hoy en las clases magistrales el suma y sigue de esta show-woman ha seguido in crescendo. Un ejemplo, ha ilustrado el funcionamiento de la musculatura abdominal implicada en el canto por analogía con dos actividades de nuestra vida cotidiana, como son el coito y la defecación. Ah, y a pocas escacha a un pobre mozo al que había colocado una pesa de veinte kilos sobre el estómago para enseñarle a respirar, y sobre la que ha presionado hasta que casi lo ahoga. Bruuuutal. Lo que me he reído esta tarde, madre mía...
Resumiendo: esto no son brotes verdes, oiga, esto es un cultivo de maría en toda regla. Viva la ópera y alegrémonos por su futuro.