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Me encanta la unanimidad sobre Westbroek, una cantante a la que admiro, que sigo desde que vi por primera vez hace tres años el dvd de la Lady de Amsterdam y que no dudo en coronar como la actual diva de la sordidez. El material es espectacular, riquísimo, de una belleza sobrecogedora en el centro-grave (qué facilidad en toda esa franja, además), coloreado naturalmente y sin tensionar. Es impresionante además su capacidad para ofrecer interpretaciones integrales, comunicando con todo, con el timbre, con el fraseo, con el cuerpo, con el rostro, con su actitud... En la línea de Stemme o Mattila (y en otro rollo vocal muy distinto, Denoke), pertenece a un grupo de cantantes actuales o de la década pasada que, siguiendo la estela de Norman, Silja (y en el fondo, Rysanek), han renovado por completo la forma de construir personajes dramáticos a caballo entre el XIX y el XX y han hecho suyos los cambios escénicos y dramatúrgicos.
Ahora bien, tampoco podemos distraernos de algunas de sus limitaciones, que hay que comentar, para ser justos. La zona del paso es muy problemática, siempre emitida con precaución, en un mezzoforte indomable, nunca regulado. Las últimas notas hacia el agudo suelen sonar durísimas, y al alcanzar por completo la franja superior no es raro que se abran y se agrien. Es una voz, en general, muy poco dúctil. Algo de eso comparte con las otras dos sopranos que he mencionado, pero es la única de las tres que no ha sido capaz todavía de resolverlo satisfactoriamente. Es verdad que regula, pero siempre en el centro y cuando está cómoda. Pero es una pena que su infinita capacidad de coloración en el centro-grave (su mejor virtud, y nunca me cansaré de alabarlo) se pierda por completo en el resto de la tesitura.
Pero, volviendo al principio, ha sido una gozada ver por primera vez a una de las mejores sopranos de la actualidad, que espero que siga cantando a este nivel durante mucho tiempo. Me encantaría verla en Jenufa y en Sieglinde!
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