Ya va la crónica, hombre, ya va!
De nuevo en casa, me pongo con la crónica acerca de la representación del 22, primer reparto.
Pues hubo de todo, como siempre. A grandes rasgos, no me disgustó tanto lo que menos prometía (la debatida puesta en escena), y en cambio hubo cosas que no creí a priori que iban a tener fallos tan evidentes.
Y ahora ya, desde el comienzo y sin anestesia
La cosa empezó mal. Casi diría que muy mal, por dos razones.
La primera, las proyecciones sobre el telón, con el título de la ópera, el cartelito "obertura"… sólo faltaba que hubiesen puesto una flecha señalando el foso y otro cartel que dijese algo así como "y estos señores son la orquesta".

Tanto rótulo me pareció perfectamente prescindible. No creo que el público ignorase qué ópera iba a ver.

La otra razón del mal comienzo, y esta sí es muy preocupante, es la propia orquesta y la dirección. No sé qué ocurrió ayer en la obertura, pero ya desde el principio el viento metal estaba completamente destemplado, sonando casi a sirena de barco (a lo mejor puede parecer hasta apropiado en este caso), el
tempo fue excesivamente lento, y en la tempestad la cuerda sonó como una pandilla de gatos rabiosos. Hubo desajustes puntuales de la orquesta en otros momentos de la ópera (en un golpe de gong creí que iba a salir Fu-Manchú), pero la colección de pifias de la obertura fue de antología. El comienzo no fue esperanzador, aunque el resto no fue como presagiaba aquel inicio.
–Hans Peter König hizo un Daland acertado en lo vocal y en lo escénico, que gustó al público, a juzgar por los abundantes aplausos.
–Anja Kampe tiene agudos realmente ingratos, chillados en ocasiones y con un vibrato que llega a ser molesto. Y no es una Senta "pelín histérica", como decía MarttiT en un post anterior: es directamente una Senta escapada de un frenopático ó en vísperas de que la ingresen.
–No aprecié tanto problema de volumen vocal en Johann Reuter. Es cierto que no tiene una voz enorme, pero tampoco se quedó en off en la función de ayer. Hace un Holandés más humano que fantasmal, y su amarga desesperación es muy creíble. Destacó especialmente en las escenas con Daland, complementándose ambos con gran acierto.
–Con los tenores no hubo demasiada suerte. Los molestos bocinazos ocasionales de Stephan Gould deslucieron su Erik, y fue una verdadera lástima el Timonel de Vicente Ombuena, con un vibrato horrible y las ruinas de una voz que no podía lucir ya de ningún modo en su bellísima –y difícil– canción del principio. Qué pena.
–Nadine Weissmann como Mary estuvo muy bien escénicamente, y ni fu ni fa en lo vocal. Me gustó más su Marthe en el
Faust de ABAO, la verdad.
–La puesta en escena no es una maravilla, pero tampoco tan horripilante como se dijo en algunos post anteriores. Sí me gustó el modo en que resuelve la aparición del barco del Holandés, del que sólo se ve el nombre y parte del casco (que es rojizo). Otras cosas fueron menos acertadas, en especial las proyecciones de imágenes, que llegaron a resultar de una repetitiva cutrez en el final: la imagen de la ola enorme en el rompeolas apareciendo por enésima vez terminó por atacarme los nervios. La criticada máquina de refrescos no molesta tanto como la maldita ola.
–En la dirección de actores hubo cosas tan prescindibles como los triples saltitos ridículos del coro femenino al principio del segundo acto (en el coro de las no–hilanderas), así como el tono paranoico del personaje de Senta. Ver a Anja Kampe intentando hacer creer que es una jovencita obsesionada con la leyenda del Holandés y cantándole a una maqueta de velero con la que se pasea como una fiera enjaulada por la conservera de papá Daland mientras las otras trabajan (ella no, que para eso papá es el dueño)… tiene un trago. Y a veces el movimiento de los coros en escena es de lo más convencional, colocados en bloque(s) como los coros de ópera "de toda la vida". Cero novedoso.
–La dirección de López Cobos no me gustó, al margen de los fallos en la obertura. Faltó nervio, garra y pasión, pero es que este señor nunca los ha tenido. Y en el
Holandés eso es imperdonable.
¿Función para tirar tomates? Desde luego que no, porque fue de menos a más. ¿Función histórica? Tampoco. Pero disfruté, aunque el mérito anoche fue de Wagner y su obra.

Y de la agradabilísima compañía forera: Yago, Edgar y su acompañante, y Elisabeth y acompañante, con los que tuve el placer de compartir una estupenda velada posfunción. Gracias y saludos a todos.
