Por mi parte, desde que llegué a la universidad me he encontrado en muchos casos a gente que SÍ está interesada en ir a la ópera o algún concierto de música clásica conmigo. Cosa que era al revés en el instituto, donde era un bicho raro y hasta se reían porque me gustaba ya que nunca lo oculté -suicidio social, ya saben

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Muchos se imaginan, obviamente que la ópera es como se ve en las películas: lujosa, clásica escénicamente hablando... pero las reacciones tras una velada operística han sido mayoritariamente positivas: ya sea por la música, el argumento, tal o cual artista, la Sala del Real o inclusive los provocadores "Nuevos horizontes" mortierianos

Pero me enorgullece saber que mi familia y/o amigos disfrutan del evento de algún modo u otro.
Yo también creo que lo que menciona Konstanze es cierto: es una inversión a largo plazo. Desde los 13 años he aprovechado esos descuentos (60% en zona "roja" y último minuto) y cuando cumpla los 30 pues aunque seguramente por razones económicas no vaya a todos los espectáculos que desee mi presencia seguirá, estoy totalmente convencido. Mi relación con la ópera y el Real tiene vocación de por vida. Vaya a 13 ó 5 espectáculos. Y concuerdo en que la idea de los "Mortier Boys" de atraer público joven a gente que tenemos más afinidad con el aspecto musical/vocal/argumental de la ópera nos resulte pues... imposible.
Últimamente me he preguntado si se esconde tras esto una idea desesperada de renovar el concepto de ópera y darle continuidad. Mortier es aficionado a la ópera contemporánea y a la hora de producirla ha atinado de manera excelente, no lo dudo. Pero al pertenecer él a la generación que cambió para siempre la forma de hacer ópera a través de la provocación en las puestas en escena de forma violenta, ha creído que esta es la forma de renovarla para las nuevas generaciones. Y esta fórmula ha tenido éxito en Alemania o en el Norte de Europa: a la vista está el rotundo fracaso del último Anillo DE VERDAD que tuvo Bayreuth, el de Peter Hall en 1983.
Sin demasiadas voces que continúen el alto nivel de las escuelas de canto, el nuevo gancho de la ópera es el argumento, utilizado por gestores y registas en la puesta en escena. Pero la repetición de un argumento clásico aburre. Y por ello han de recurrir a nuevas ambientaciones -lo que no me disgusta- y -esto me enfurece- tergiversaciones del discurso musical/argumental, con el fin de provocar. No hay nada más juvenil, jovial que el espíritu rebelde y transgresor en todos los aspectos de la vida. Y eso se está buscando en el mundo actual de la ópera: que el espectador se sienta joven, identificado con esos personajes del siglo XIX que pueden tener sentimientos parecidos a sus espectadores de dos siglos después.
Y Mortier busca captar conceptos basados en el argumento, en lo teatral: sin formación musical ni afición, los jóvenes a quienes parece desear llegar se sienten atraídos por dramas que perciben como modernos. También suelen ser un sector de jóvenes aficionados al arte contemporáneo -no todos ni la gran mayoría-, con vocación de romper con lo tradicional que sienten que entienden, no va con ellos y que pueden, en algunos casos, crear o simplemente identificarse con él.
Por no hablar de la dictadura de las revistas de moda: que para ser "cool" tienes que ir a tal ó cual sitio, sin preguntarte qué esconde, su razón de ser. Por eso veo tantos bellezones de ambos sexos muy bien arregladitos en los palcos del Teatro. Así se ven algunos en funciones de Saint François, Lady Macbeth de Mtsensk, Pélleas et Mélisande (todas ellas cimas de la ópera del siglo pasado y de todos los tiempos) o Marina Abramovic (maestra en lo suyo pero lejana de la ópera) pero no de Tosca (un PILAR de la ópera) o Roberto Devereux (un clásico con mayúsculas).
Yo podré también ser uno de esos jóvenes que Mortier desea atraer (aunque yo estoy en el Real desde antes de que muchos hayan si quiera oído hablar de la ópera), pero resulta que tengo mi máxima. El arte es INSEPARABLE de su carácter diverso. Es por ello que disfruto una "régie" de Carsen, Warlikowski o Tcherniakov y al mismo tiempo tengo envidia de la sana a foreros como Kandaules o Tunner que tuvieron la suerte de presenciar el extinto anillo de Otto Schenk en el MET.