Alberich el Negro escribió:
Tann escribió:
una parte importante de esa élite culturaleta (obviemos el factor rosa que, sin prejuicios homófobos, hace tiempo sospecho es importante) [...] es una clá internacional que se refuerza y retroalimenta mutuamente (invitándose a los estrenos, incluyendo crónicas favorables, contratándose unos a otros,...)
Es decir, ¿como una especie de
Tea Party, pero a lo postmoderno...?
No, ni mucho menos; el Tea Party se caracteriza por la total ausencia de cultura y la aplicación de un fundamentalismo ideológico anclado en el siglo XIX, si no del XVIII que es cuando ocurre el tea party de Boston. Yo nunca he negado la profundidad intelectual de Mortier, pero creo que ésta además de virtud se convierte en su principal defecto, haciendo que mire al resto de los mortales con un evidente sesgo de superioridad intelectual que raya lo mesiánico. Desde esta perspectiva de superioridad se siente no sólo en el derecho, sino en el deber de cambiar la errónea perspectiva de los pobres entes culturales menores que acuden al teatro pagando entrada.
Sirva esta digresión para centrarme en su pregunta, más que fundamentalistas de una visión de la ópera en la que todo se supedita a la supuesta genialidad del regista, que también, la clá de Mortier me parecen una tropa de estómagos agradecidos quienes repito, no mueven un dedo si no es cambio de jugosas compensaciones.
Lo que el homo operisticus de a pié se pregunta es ¿por que los Florez, Nucci, Alagna, Alvarez, Netrebko, Devia, etc. etc. pueden cantar óperas representadas en teatros de provincias o en el Liceu y en Madrid no les vemos el pelo? o ¿por que Domingo, el último gran divo, no sale de Valencia y en Madrid, en su casa, le vemos el pelo cuatro noches mal contadas? La respuesta, para mi, es que desde el momento que la prioridad pasa de las voz a la regia, el dinero sigue esta dirección; lo que otros teatro pagan estos Divos/as aquí se lo llevan el pelopincho, el polaco feo o el sobrino de Tchernienko.
Al final, ....everything comes down to money (todo se reduce a dinero)