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Mis impresiones sobre la función de ayer, 5 de Febrero de 2013.
I due Foscari es una magnífica ópera. Contiene algunas de las constantes verdianas más significativas, como la relación paterno-filial, presente ya desde Oberto y que, en mayor o menor medida, aparece también en Un giorno di regno, Nabucco, I Lombardi y Ernani, es decir, las cinco obras que preceden a esta en el catálogo del Maestro. Anuncia también algunas situaciones que reaparecerán en obras posteriores: el Dux enfrentado a sus instituciones de gobierno (Simón Boccanegra), el padre que se cree en la obligación de condenar al hijo (Filippo II), la camarilla intrigante y cruel (los sacerdotes de Aida). Presenta también la utilización de los motivos conductores asociados a los personajes. Y una escena final impresionante que nos hace pensar en la muerte de Boris. Necesita un terceto protagonista importante.
Mario Cerdá interpretó ajustadamente el pequeño papel de Barbarigo.
Gianluca Buratto en Loredano (el malo, malísimo de la obra), lució una potente y timbrada voz de bajo (de los de verdad) que hace que nos quedemos con ganas de escucharle en cometidos má extensos.
Guanqun Yu se enfrentó al terrible papel de Lucrezia Contarini, una típica soprano verdiana de los "anni di galera", que requiere una soprano dramática "d'agilitá" capaz de expresar rebeldía, ironía, ternura, repulsión por las politiquerías, canta una "preghiera", se enfrenta a su suegro, socorre a su marido en la prisión, le despide cuando se va al exilio....Es inevitable pensar en la Callas, que nunca cantó el papel. La soprano china tiene una voz bonita que corre muy bien, se va con decisión al agudo, hace correctamente las agilidades, pero da la impresión de que el papel todavía le viene un poco grande. En cualquier caso, la impresión es favorable.
Ivan Magri me gustó en el Duca y me volvió a gustar ayer. Quizá sea lírico-ligero, pero desde luego, a mi modo de ver, es mucho más lírico que ligero. La voz tiene cuerpo, se proyecta bien, y sí, es un poco metálica, pero esto personalmente no me desagrada. Prefiero mil veces el brillo metálico a la opacidad. Como intérprete, trata de dar expresión a lo que canta.
¿Y Plácido? Hay que decir que por la megafonía se anunció una indisposición que no le impidió actuar. Es un mito, lo sabe él, lo sabe el público, tiene muchas tablas, mucho carisma, y una voz que siempre fue muy bella, pero muy corta. Tan corta que ha terminado convertido en un falso barítono. Dio una intimista versión de "O vecchio cor che batte", y fue desapareciendo hasta que llegó el gran momento de la escena final. Aquí "echó el resto" y, naturalmente, el público se le entregó. Uno se queda pensando: "Sí, muy bien, pero..." El "pero" tiene nombres y apellidos: Piero Cappuccilli, Renato Bruson, Leo Nucci...
La Orquesta, el Coro y Wellber, muy bien.
La producción: Pues bastante bien, con los venecianos del siglo XV vestidos de venecianos del siglo XV, un colorista vestuario y unos decorados sugestivos. Un lunar de tipo general: los intérpretes se vieron obligados a actuar siempre en plataformas alejadas de la boca del escenario, lo que no favorece la proyección de las voces. Lo del pobre Magri fue peor: tuvo que cantar ¡sus tres arias! metido en una jaula y colgado del techo. Siempre pienso lo mismo: ¿A dónde habrían enviado al regista Del Monaco, Di Stefano, Corelli o, sin ir más lejos, el propio Plácido en sus buenos tiempos? Bien pensado, a ninguna parte, porque ninguno de ellos cantaron esta obra.
Calificación. Me siento generoso: Notable
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