Ayer fuí al Boris (3ª representación) y coincido en casi todo con las críticas precedentes.
Desde luego, esta es una ópera con dos protagonistas: Boris y el coro.
Después de lo de ayer no tengo la menor duda de que el coro de Valencia es del máximo nivel, un auténtico lujo. Perfecto, entregado, no sólo en el canto en un idioma tan lejano como el ruso, sino desde el punto de vista de la actuación, que fué espectacular, con un dramatismo y una dinámica ejemplares. La dirección de escena, el movimiento de las masas, fué para descubrirse. No les regateamos los bravos.
Y la orquesta no se quedó atrás, con una buena labor de Wellber, que ayer no tapó a los cantantes, incluso en momentos de nivel sonoro espeluznante. Cuidó los detalles ayudado por los solistas, en particular la madera.
El Boris de Anastassov fué de gran calidad vocal, aunque no sea un bajo muy profundo. Controló vocalmente y dió con facilidad su parte, con algún agudo abierto en la escena de la coronación, pero magnífico vocalmente en toda la obra y en particular en su escena final. El papel lo tiene controlado técnica y vocalmente, aunque como otros han señalado le falta interiorizar más el personaje. Pero es muy jóven y a partir de ahora tiene tiempo para evolucionarlo desde una excelente base.
Los solistas secundarios rayaron a gran altura, excepto, ya se ha dicho, el infumable Shuysky. A destacar el Varlaam que le viene como anillo al dedo a Matorin y el Pimen, pero también el secretario de la Duma y el loco.
Grande, heróico con plenitud de voz y musicalidad el tenor que incorporó al falso Dimitri. El papel le iba de maravilla a su voz. (Lo que no sé es cómo hará el Don Ramiro de Cenerentola, porque éste hombre no lo veo nada lírico ni ligero)
Muy bien el niño que interpretó el Fiodor. Mataradze me pareció que gritaba demasiado en el papel de Xenia, demasiada histeria. Siendo muy estimable, me gustó más el año pasado en Elisir y Manon.
Las intervenciones de la posadera y el aya se cortaron en sus canciones por lo que quedaron reducidas a irrelevantes.
En cuanto a la parte escénica, se le extrajo un partido máximo a un escenario minimalista, con magníficas ideas (el trono que cae, la lámpara oscilante, la elevación de la escena durante la escena de la narración del crimen). Tan sólo creo que no se explotó debidamente el efecto del reloj en la escena de las alucinaciones. El apoyo fundamental del ambiente, lo generó un vestuario increíblemente pensado, rico y cromáticamente matizado, con un movimiento de masas y personas completamente cinematográfico,

que contrastaba magistralmente con la sobriedad escénica.
Nada le robaba protagonismo a los dos protagonistas, Boris y el pueblo ruso.
Y para concluir:
Me quedé con las ganas del Acto Polaco, me hubiera gustado ver a Marina y a Rangoni, con una música que me parece excelente. Pero también os digo que me quedé con las ganas de ver lo que hubieran hecho nuestra orquesta, coros , directores de escena y musical, Dimitri, con ese acto.
La obra me supo a poco, y no puedo menos que recomendar que vayáis. Vale la pena