Yo, cuando sea mayor, también quiero ser Wagneriana… pero por desgracia y herencia materna, pertenezco a ese tísico, mediocre y verdiano público bilbaíno, muy aficionado a ir a ese, su zafio coliseo de ópera, pero poco versado en apreciaciones más allá del tosco campesino pachanguero… sin embargo, pues no lo soy…
De momento, y aun haciendo alguna que otra incursión y excursión, no me tienta el lado obscuro… soy simple y sencilla… ¡soy verdiana!... ¿Qué como C*Ñ* me apodo TARQUINIUS? Pues nada, es fácil…si yo lo que quería era llamarme Azucena pero son Uds. tantísimos que todas las AZUCENAS, ULRIKAS, EBOLIS y similares estaban ya ocupadas y así, que buscando en mis pobres entendederas localicé al sinvergüenza de TARQUINIUS y ¡zas! me lo adjudiqué.
Pero bueno, una vez tirada la piedra, no voy a esconder la mano (que eso en Bilbao está muy feo) y voy a hablar en ese tonillo evocador y romántico que me caracteriza del TRISTAN del sábado… y de la ISOLDE… seamos, y sin que sirva de precedente,… políticamente correctos.
5 horas de ópera darían para un manual pero dado que esta función va ya por la segunda página y mi wagneriana favorita ha hecho diana en prácticamente todas las sensaciones observadas durante la representación, no se si queda mucho por añadir.
Un tenor estático hasta la extenuación, nasal hasta decir basta durante el primer acto y un campeón de aquello que llamábamos la re-ingeniería del producto aplicado al canto durante todo el segundo, que le permitió llegar “vivo” hasta el final de la artúrica leyenda, lo cual a veces parecía milagroso… ¿Quién caerá antes? Pensaba yo ¿mi vecino de butaca, que a punto estuvo de echarse el botellín de agua por la cabeza, o este muchacho de nombre a medias entre examen de ingles americano y pastel vienes?
¿Heldentenor?.... ¡Ya les vale!
Una Isolde aburridísima e inexpresiva… ¿enamorada? y gritona, lo que siempre es un mal presagio, sin graves, sin centro… y yo que había leído por ahí que la virginiana poseía una voz “poderosa”… ¡caramba con el adjetivo!, creo recordar que la Matos el año pasado en Oviedo resolvió mucho mejor el Rol.
Así, mi bendita Magdalena, (y el que no tenga memoria que tire de hemeroteca) aquella golfona del Rigoletto del 2006 brilla mas de la cuenta, porque ya dicen que en el país de los ciegos el tuerto es el rey y su Brangäne suena la mar de bien.
A mi me gustó el Kurwenal, el único expresivo de la noche, de voz grande e impactante presencia, se ganó el aplauso final, fácil por otra parte, dado que a este mediocre público bilbaino siempre le han gustado las voces graves.
Para el segundo acto los apasionados wagnerianos esperaban a su querido rey Marke que resulto lo que ya empieza a ser un clásico: ni blanco ni negro, ni si ni no. Cumplió sin emocionar y entre risas descubrimos al final, que llevábamos más de tres horas delante del rey del Burger King y no nos habíamos dau ni cuen.
En fin… chascarrillos…
Y aunque disfrutar un Wagner sin voces es altamente difícil a mi si hubo algo en la función que me gustó, convenció y sorprendió: el manejo de la escenografía y la producción.
Partiendo de la base que esta ópera es el colmo de lo estático el gran partido sacado al escenario es de admirar.
Los cuartos de elipse, fundamentos presentes durante los tres actos, telones que se adaptan a las formas que imaginan ver…
La ilusión del fondo del escenario y el sobrepuesto de enseñas y banderolas en el primer acto, los juegos de luces que van tornando hasta encerrar a la pareja en su propio mundo y la supernova final como un ojo vigilante y visionario me parecieron delicadas e ingeniosas.
Mientras miraba la evolución de colores y texturas durante el segundo acto recordaba aquellos libros de imágenes ocultas en los que solo si fijabas la vista en un punto descubrías el dibujo oculto y así, al final, en esos mágicos cambios acaba uno centrando su atención en la pareja enamorada.
La disposición de personajes en escena es perfecta: teatralmente están...¡cada uno en su sitio!.. me parece una foto fija genial.
Que pena que el vestuario fuera tan soso…
Esta claro que nada es perfecto..el que no se consuela..es porque no quiere.
