Yo también estoy en la línea de Gouverneur. Una función disfrutable mayormente por la buena prestación de la orquesta, que sonó como casi nunca, con momentos y detalles estupendos por parte de la batuta (magnífico, por ejemplo, el acompañamiento en la sublime escena del reconocimento de Orestes-único remanso lírico de la obra y con una estupenda Polaski que dejó ahí detalles de clase), aunque no se llegó a ese paroxismo, de dejarte sin habla, temblando y con dolor de estómago que debe provocar una Elektra y que sí tuvimos en el Real, en gran medida, en 2003.
En ello tuvo que ver la propia dirección orquestal, que junto a los aciertos mencionados (muy destacables) falló en crear esa atmósfera angustiosa, obsesiva y apocalíptica, que te atrapa y no te deja ni respirar, además de faltarle voltaje en momentos como el enfrentamiento de Elektra con su madre o los asesinatos. Quizás es que la concepción de la obra por parte de Bychkov no es ésa, pero en mi opinión, es la que pide la obra (¡verdad Don Mitro!)
En el apartado vocal, ninguna de las voces pasó claramente la orquesta (inmisericordemente, opulenta y sonora en esta obra, claro está). Una
Polaski que aún muestra oficio y sagacidad en una notable creación, su mejor papel, paseado tantas veces por todos los grandes teatros. Pero el desgaste vocal es ya muy grande y el rol demasiado exigente. En muchos momentos resulta tapada por la orquesta, el timbre leñoso y los agudos totalmente abiertos, "vicino al urlo". Me decpcionó la Plowright. Aunque se empeñen las sopranos en declive, el papel de Clitemnestra es muy grave (lo estrenó la Schuman Heink) y discurre por una tesitura muy baja y complicada para ellas. La
Plowright mostró algún sonido aún potentísimo y timbrado en la zona aguda (escasamente requerida), pero el centro y grave "no sonó", (sordo y depauperado), además de no mostrar un dominio del sprechgesang y fallar enla creación dramática del papel. Mejor la
Merbeth, femenina, juvenil y llena de vitalidad en su Crisótemis, aunque demasiado lírica, falta de carne en el centro y de squillo arriba. Irrelevante y anodino el Orestes de emisión nasal, engolada y hueca y muy interesante el Egisto de
Merritt, de timbre aún reconocible y como ya se ha indicado, ha reorientado inteligentemente su carrera a papeles de tenor de carácter.
La producción no molesta, pero desde luego, si éstas son las genialidades escénicas que nos van a hacer al público madrileño descubrir "América"... como no sea por esos focos en forma de secador de pelo que llevan las figurantes....
