Aunque sea la última, alla va..
EUGENE ONEGIN: EL HOMBRE TOXICO
ONEGIN será seguramente una de las pocas operas que la vistas como la vistas resulta y es que el texto de PUSHKIN es ahora tan actual como hace mas de 100 años, o ¿no es cierto que las llamadas revistas femeninas dedican páginas y páginas a los llamados HOMBRES TOXICOS, que no son otro que el ONEGIN de entonces puesto al día con buen reloj en la muñeca, deportivo en el garaje y cuerpo de gimnasio? Y siempre hay, hubo y habrá una TATYANA dispuesta a enamorarse de tan tamaña pécora, que acaba llorando por las esquinas, y haciendo finalmente de tripas corazón y enarbolando bandera, va y se casa con otro para ver pasar la vida.
Esta ópera que no lo parece trae reminiscencias de ballets y conciertos, es fácil, dulce, emotiva… La mas romántica de todas, la de la polonesa, el vals, el kuda kuda, el duelo, el paso del tiempo, el reencuentro… ¡ME ENCANTA!
No puedo imaginar mejor soprano que AHINOA ARTETA para dar vida a la heroína del cuento, desde aquella temprana BOHEME del Arriaga, pasando por la LIU del TURANDOT, hasta llegar a los DIALOGOS DE CARMELITAS: un largo camino recorrido y un centro vocal grande, hermoso, una voz magnífica donde la haya para llenar este EUSKALDUNA nuestro que tan traidor resulta para las voces cortas.
Y no puedo imaginar un ONEGIN peor que el esta noche de viernes, SCOTT HENDRICKS es incapaz de ser el eje del drama, el hombre mundano y atractivo, el embaucador, el adorable héroe que dibuja TATYANA, resulta inexpresivo y soso, circula por el escenario tieso y estático como una vara ¿Dónde esta la fascinación que enamora a nuestra chica? ¿En el Carlyle de NY cantando repertorio ligero? En fin, bromas a parte, HENDRICKS se pasa ahogado toda la función, una voz opaca, sin brillo, justa arriba y mal los graves, una voz que no corre y un actor que no convence, una pena.
Pero los hombres tóxicos siempre tienen un amigo que en nada se parece a ellos ¡afortunadamente! Y aquí es donde entra en escena el buen LENSKY, el romántico, el poeta, el enamorado, el defensor a ultranza de las causas perdidas… mi agradable sorpresa de la noche. Porque a mi, particularmente, no me gusta el color de la voz de ISMAEL JORDI y sin embargo, que suyo y que bonito sacó el KUDA, suficientemente emocionante, sentido, con que gusto interpretado, allí, al borde del escenario hay veces que no es necesario nada mas para ganar el corazón del público.
El cuento no estaría completo si TATYANA no tuviera una madre, que por cierto, nunca la imaginé medio bebida, medio ida…

a saber quien le habrá montado el papel, una AMA, que me gustó suficiente, una hermana casquivana y pizpireta que por tontear con quien no debe acaba enviudando sin matrimoniar: correcta y un marido paralítico quie fué infumable (¡que lástima!).
Capítulo aparte para la orquesta y el maestro MIGUEL ANGEL GOMEZ, que con harto dolor de corazón, tengo que decir que estuvieron pesados en el primer acto: las primeras escenas demasiado lentas y poco empastadas, demasiado ligeros en el tercero: la brillante polonesa sonaba demasiado rápida. Sacaron en su justa medida el segundo que resultó en la noche del viernes un acto redondo. Supongo que el adjetivo es irregular, poco acertado con los tiempos.
Y para el final esa maravillosa producción del loco polaco que a mi me pareció soberbia: la capacidad de ZNANIECKI de darle la vuelta a una función que se presupone de corte clásico y llevarla adelante con una sola caja fija que cambia constantemente con los extraordinarios juegos de luces y sombras, reflejos y aberturas laterales, proporcionan una lectura diferente, inteligente y técnicamente impecable: recursos como la escritura de la carta, donde el curso de su redacción va sumiendo a TATYANA en un intimísimo espacio, cerrando con los brillos de colores la verdad de su corazón… o el medio telón que ofrece a ONEGIN la visión del paso de su vida… o el duelo sobre los bloques de hielo… a pesar de que siempre imaginé la polonesa bailada por mujeres de vestidos corte imperio y diademas, me encantó esta metáfora de casi cuatro horas planteada por el loco regidor.
