Suscribo lo dicho por los dos.

Incidiría en la rancia y kitsch escenografía, que no iba a ninguna parte y en la lementable dirección escénica, paupérrima. Un cero para Hugo de Ana. Vocalmente, Arteta la mejor de la noche, sin duda, si bien tardó en calentar y no acabó de lucir con el complicado "Come in quest´ora bruna". Estupendo debut del rol. Se notan detalles de voz "prefabricada", en la colocación, pero la maquinaria funciona, por decirlo de algún modo. Cuidado, no se vaya a quemar otra vez en dos años, a base de Amelias, Elisabettas y Desdémonas. Piano, piano... Anastassov, tiene los medios y sobre todo el fraseo, el empaque y el temperamento para firmar un Fiesco muy verdiano, pero la voz siempre se queda atrás. El problema es más de colocación que de proyección. Es sorprendente el cambio de sensaciones acústicas que genera Anastassov, escuchado en el Euskalduna, en comparación con la estupenda proyección y colocación que ofreció en mayo en Las vísperas de Nápoles. El Euskalduna es una tortura para algunas voces, no precisamente pequeñas. Algo de eso penalizó también el discreto Boccanegra de Gagnidze. Le faltan sin duda personalidad, autoridad, detalles en el fraseo. El timbre no es el de un protagonista verdiano de tanta envergadura. Y dio una de cal y otra de arena. Lo mejor, un par de frases cantadas a media voz en la escena del consejo, que fue su mejor momento, junto a una última escena, la de su muerte, muy controlada. Pero le faltan a Gagnidze voz y personalidad para tirar de una función con un rol protagonista como el Boccanegra. No fue infame, pero no pasó de discreto. Secco estuvo muy bien. El rol requiere una voz levemente más dramática y no el timbre claro y ligero de un lírico como él, pero cantó muy bien, con una proyección estupenda y con menos tiranteces de las que cabía esperar. Un Adorno más que notable. Muy notable el joven intérprete de Paolo. Y Zapater está para quedarse en casa. Renzetti comenzó muy mal. Los primeros minutos del prólogo fueron un desastre, sin empastar, entradas a destiempo... pero se arregló con prontitud y al fina todo funcionó con dignidad. Es dificil "capar" una música tan maravillosa, pero tampoco se encargó Renzetti de recrearla como merece. Podría haber hecho mucho más con esos mimbres, pues la Sinfónica del País Vasco sonó muy digna. El coro mejorable, en general.
Resumiendo, como siempre en Bilbao, nada fatal, nada genial, todo digno, todo correcto...