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Pues yo asistí a las dos primeras funciones del primer reparto y a la segunda función del segundo reparto (que era la cuarta función de esta serie). Tengo que decir que la diferencia es abrumadora a favor del primer reparto. Si alguien duda, le aconsejo encarecidamente que elija el primer reparto.
Como bien dice Tucker, los estrenos, en general, no son la mejor opción porque puede que no haya habido suficientes ensayos y todo va mejorando según avanzan las funciones y se van corrigiendo cosas.
Coincido con lo dicho por Pasaelmocho y Alberich. Aigul Akhmetshina es una voz que impresiona, por volumen, riqueza tímbrica, proyección, etc. Es un gustazo escuchar un pedazo de voz que se oye tan generosamente por todo el teatro. Es verdad que todos los cantantes en ambos repartos se han oído perfectamente, pero lo de Aigul es otro nivel. Puede que el agudo extremo pierda algo de color, homogeneidad, etc, pero al fin y al cabo estamos hablando de una mezzo de 28 años que impresiona con su voz actual. Oropesa no es la voz ideal para Stuarda, pero una cantante tan inteligente, con experiencia y tan buena técnica, sabe llevar el papel a su terreno (en su traviata madrileña me sorprendió lo bien que resolvió el peliagudo Amami Alfredo, que la podía sobrepasar por su tipología vocal). Ha sido generosa en agudos y sobre agudos y aunque algún sobreagudo no ha sonado tan fresco y bien timbrado como antaño, su canto legato, su manera de resolver las agilidades, su musicalidad, etc, me hicieron disfrutar mucho. En su última escena con Talbot, cuando tiene que atacar los agudos haciendo una regulación dinámica, de manera que el sonido va in crescendo, sí que noté que el sonido perdía un poco de tersura, pero insisto, es una gozada todos los recursos belcantistas que ofrece. Es verdad que su Stuarda es demasiado “angelical” y no tan rotunda como se espera, pero Oropesa es fiel a sus “armas”, y resulta muy conmovedora y emocionante en la plegaria y la escena final.
Ismael Jordi es un tenor que sabe muy bien lo que es el bel canto. Se le critica a veces por el instrumento como tal en cuanto a calidad tímbrica, etc. Y yo lo que veo es cómo saca adelante de forma admirable todos estos papeles de tenor que no están al alcance de cualquiera. Su voz está perfectamente proyectada. Recuerdo su Duque de Mantua en el Euskalduna que se escuchó perfectísimamente y que me gustó mucho más que el de otros tenores afamados. En el estreno el comienzo fue algo irregular, como si la voz no acabara de estar cómoda, pero luego fue mejorando. Quizás los años se van notando en el instrumento, pero lo cierto es que sabiduría y musicalidad las tiene a raudales. Por otra parte Tagliavini como Talbot fue una apuesta segura para estos papeles belcantistas que no exigen la rotundidad de los bajos verdianos.
En cuanto a Pérez Sierra, en el estreno me pareció que el sonido era un poco de “brocha gorda”, falto de finura, pero ayer, que ya era la cuarta función en total, sonó la orquesta francamente bien, con un sonido más redondo y empastado; ha ido mejorando cada día. Creo que es el tipo de director que se implica con la orquesta.
Confieso que el segundo reparto, ayer, me resultó bastante decepcionante. No fue así para el resto del público, que aplaudió y braveó determinados momentos que para mí fueron peor que reguleros. Silvia Tro fue quien más me convenció; aunque su instrumento está muy lejos del poderío de Aigul, su prestación fue buena y la voz sigue estando bastante sana. Con Yolanda Auyanet, cuya Imogene de hace unos años me gustó bastante, especialmente su escena final, puede que no estuviera en un buen día, pero quizás su voz esté pagando el peaje de un repertorio demasiado pesado para su instrumento. La coloratura me pareció muy trabajosa y la voz no tenía la redondez necesaria, lo que afecta a su canto legato, hasta el final de la ópera, donde la voz, ya bien calentada mejoró bastante. Curiosamente, la regulación dinámica de la plegaria, en la que Caballé hacía una extraordinaria exhibición de fiato, la resolvió mucho mejor de lo que yo esperaba. A mí me parecieron excesivos los braveos tras algunas de sus intervenciones.
En cuanto a Airam Hernández, si bien me parece que tiene un timbre bonito, que luce en los momentos de canto más lento y sosegado, parece a veces que la partitura se le atraganta, como si la respiración le fuera dificultosa, etc.
Por cierto, esta ópera era la primera vez que la veía en vivo entera y me encantó. Trataré de ir una cuarta vez al primer reparto. Sobre los temas discutibles del libreto, a mí lo que me cuesta más de entender es que Talbot le meta a Stuarda el dedo en la llaga cuando le pide que le cuente aquellas cosas de las que se pueda arrepentir, antes de morir.
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