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Ayer ha sido la última representación de estos Maestros Cantores, con un teatro que pese a las deserciones, tenía una alta ocupación, y lo que es curioso, se rió y disfrutó bastante. El Paraíso era como "El Club de la Comedia", con todas las carcajadas del público cuando Beckmesser cantaba su deformada y desternillante canción en el concurso.
Al estar en mi butaca de abono, y no tener a la orquesta debajo, he podido disfrutar mejor de las voces y sobre todo, de la puesta en escena. En términos generales, puede decirse que todos estuvieron mejores que el día 28 de abril, ya que los artistas tienen la obra más rodada. Tomislav Muzek ha mejorado, sin ser el Walther ideal ni el más lírico, pero su esfuerzo era notable, y aunque se nota que ese tono "heroico" no es natural en él, tampoco ha sonado mal. Ahora sí me llegaba, como no podía ser de otro modo, la gran voz de Jongmin Park en todo su esplendor, como su excelente Pogner. Este bajo coreano es toda una estrella en ascenso, y deseo que algún día pueda cantar en Bayreuth. Gerald Finley tiene una voz preciosa, y canta bien a Sachs, pero creo que es un rol que requiere más volumen y más grave. En cualquier caso, ha sido un inmenso placer haberle visto, y ahora sí, pudiéndole oír en su monólogo del acto segundo "Was düftet doch der Flieder", aunque también me ha parecido que en general, la voz está un poco cansada.
Al mismo gran nivel el resto de artistas, Melrose como Beckmesser, Lapkovskaja como Magdalena, Kohlepp como un excelente David, Tsymbalyuk como un excelente Sereno y Chevalier como una Eva con una voz deliciosa, aunque ahora me sonaba un poco estridente. También volvió a impresionar el excelente coro.
Me ha parecido que la orquesta también ha mejorado, y ahora sí, comprobar que Heras-Casado ha hecho una labor excelente con la misma. El preludio del tercer acto ha sonado maravilloso, descubriéndome la hermosa experiencia que puede ser oírlo en vivo: esas cuerdas, respondidas por el metal, relajando al público después de la trifulca del acto anterior... con unos tempi lentos, relajados, con las cuerdas del Real brillando (aunque ya lo hacían desde la obertura) y el metal espectacular de la casa (pese a alguna pifia en el primer acto) transmitiendo el ambiente reflexivo, que llega con el amanecer, en el que se encuentra Sachs.
Los comentarios que escuché en los pasillos me confirman lo que dije al principio: el público del Real ha disfrutado de esta ópera, pese a que dura bastante para tratarse de una comedia. El Real ha hecho historia (sobre todo para sí mismo) con estos Maestros, porque aún si no llegan a convertirse en referencia de esta ópera en el siglo XXI (que ojalá), el esfuerzo y el desempeño de todos los implicados la han convertido en una producción de nivel, que superaba las bajas expectativas que muchos teníamos cuando se anunció. Además, la emisión por Operavision en Youtube ha hecho que gente en todo el mundo (incluido una institución del fandom operístico en internet como el Maestro Wenarto) se sumase con entusiasmo a este montaje, el pasado día 18. Teniendo en cuenta que en 2001 la interpretaron Barenboim y su Staatsoper Berlin, resulta que desde 1922, cuando la dirigió Franz von Hoesslin, y el legendario tenor Walther Kirchhoff la protagonizó; el Real no montaba esta obra con sus propios medios. Por lo tanto, era una cita obligada para todos los aficionados madrileños, y también españoles que pudieran permitirse viajar hasta aquí.
A los artistas, al Real, a Wagner, a la vida, solo nos queda decirles: ¡Muchas gracias! Espero volver a ver esta ópera algún día, aunque no sea en Madrid, pero deseo que tampoco tarde mucho en venir a visitarnos otra vez.
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