El wagneriano escribió:
Tengo curiosidad por el registro de Roberto Alagna y Angela Gheorghiu, presiento una interpretación de alto voltaje. Pero en la dirección está Pappano, y es un director que nunca me ha llamado la atención. ¿Qué tal funciona la batuta?
Pues la lectura de Pappano es ígnea, muy apasionada y de un romanticismo desbordante, características que, a mi entender, contribuyen a enriquecer la partitura de esta soberbia obra desde un doble punto de vista: la dota de cierta
italianità y, a la vez, expresa bastante bien esa influencia de lo wagneriano que usted señalaba. Esto último lo hace a través de dos vías: minimizando la ligereza y transparencia del sonido que habitualmente vinculamos a la tradición francesa, y favoreciendo la "germanización" del mismo, al darle mayor densidad y peso. Ello se ve, sobre todo, en la gran importancia que concede a la sección de cuerdas de la London Symphony Orchestra, especialmente a chelos y contrabajos, que tienen un gran protagonismo. En segundo lugar, lleva a cabo un férreo control del
tempo, diseña transiciones orquestales imperceptibles y utiliza con habilidad el
rubato, de modo que genera una tensión armónica constante, y consigue traernos al recuerdo el efecto de la "melodía continua" wagneriana.
En cuanto a los dos protagonistas no debemos olvidar que se encontraban en el mejor momento de su carrera. Alagna, como no podía ser de otro modo, está soberbio: por adecuación vocal, perfección idiomática y una expresividad a prueba de bombas. Ofrece una lectura apasionada y vehemente de Werther --bastante alejada de la contención krausiana--, pero no renuncia jamás a frasear con elegancia y gusto, matizar, desplegar un magnífico
legato y utilizar todo tipo de recursos expresivos. Aunque la Gheorghiu está bien lejos de la vocalidad habitual para el rol de Charlotte (una mezzo), sin embargo aborda el papel con una riqueza tímbrica y una madurez dramática que resultan, por momentos, sobrecogedoras. Es cierto que le falta la densidad y la oscuridad aterciopeladas que se esperan del personaje, pero lo compensa con entrega emocional (esto se echa de ver, muy especialmente, en la escena de la lectura de las cartas). Quizá resulte poco ortodoxo tal proceder, pero lo cierto es que la cantante rumana le "llega" a uno. A mí, además, es que me gusta mucho su voz (con ese
vibrato tan característico). El resto de intérpretes son también muy atendibles, incluido el Albert de Thomas Hampson, que se muestra sobrio y elegante.
En resumen: una versión que, a mi entender, hay que conocer obligatoriamente, y que se encuentra en la primera posición de preferencias para muchos aficionados. A los más puristas, sin embargo, toda esta tensión impuesta por Pappano, así como la ardorosa pasión de los protagonistas suele parecerles excesivas, pero yo creo que es una propuesta muy, muy aceptable.