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Maravillosa representación y seguramente me quede corto.
Dirección de escena, escenografía, solistas, coro, y sobre todo, orquesta y director; no hubo nada que no funcionase en la función de anoche en Les Arts, completamente lleno, cosa que me sorprendió, ya que es la primera vez que no veo ni un sitio libre en este auditorio.
El insigne Mies van der Rohe acuñó la famosa frase “less is more”, refiriéndose a la Arquitectura, frase que se ha hecho famosa y hoy se ha hecho extensible a cualquier manifestación artística que consideramos minimalista.
En feliz idea, Willy Decker y su escenógrafo, Wofgang Gussmann, retoman este lema como propio, con unos resultados para mi gusto, exquisitos y sugerentes, que te permiten concentrarte de lleno en la música y la historia que se nos cuenta. El espacio escénico es un simple cubo visto desde su interior en una perspectiva axonométrica ligeramente alzada hacia arriba desde el punto de vista del espectador, cuya posición coincide con una de las aristas, siendo el fondo de la escena la arista opuesta. En la pared izquierda una gran abertura cuadrada con un transparente de sube y baja que da a un corredor donde hay un cuadro enorme en el que se figura un mar embravecido en el que aparece y desaparece la nave del Holandés, y en la pared derecha una gran puerta que se abre y cierra cuando la dramaturgia lo exige.
Eso es todo, la nave , la casa, la sala donde se hila (que no se hila), los acantilados (que no hay, porque no es así como acaba la ópera), todo. Los grandes huecos que se abren y se cierran, con un habilísimo juego de luces, la simbología de unas simples cuerdas de navío, la preciosa escena donde en unas sillas dispuestas en un gran cuadrado donde se sientan las hilanderas, que en lugar de hilar están, en este caso, reparando una gran vela, una mesa con una caja de botellas donde los marineros celebran su coro bebiéndose unas cervezas, todos esos pocos elementos hacen perfectamente creíbles los lugares y atmósferas donde se desarrolla la acción.
La dirección de escena me pareció de una elegancia y contención magistrales. Con pocos movimientos, pero perfectamente coreografiados y pensados, donde hasta cada miembro del coro adopta una postura o un gesto perfectamente individualizado. Sin duda, el personaje más trabajado es Senta. Lo que yo percibí, no es la Senta ensimismada, fantasmal y medio ida que se suele representar, sino a una mujer apasionada y llena de vida, a la que desde el primer momento se le nota que está más que harta de su relación con Erik ( y seguramente de su padre y esa sociedad que la limita) , y que encuentra en la aparición del Holandés la excusa perfecta para deshacerse de su pegajoso novio y escapar de ese ambiente que la oprime. El problema surge cuando se va dando cuenta de que va a ser peor el remedio que la enfermedad, y, cada vez más nerviosa y obsesiva al no ver una salida, harta de todo y de todos, no se acaba tirando por el acantilado para redimir al Holandés, sino que se suicida, incapaz de aceptar un destino que rechaza y contra el que ha luchado denodadamente.
Todo esto lo transmite Elisabet Strid con una voz perfectamente dominada a la que en algún momento pareció faltarle potencia en algún forte a mitad de la ópera, pero es que se reservó un poquito para un final lleno de fuerza dramática y esta vez sí, potencia vocal estrepitosa. Su otra arma es su mirada, que transmite aún más que su voz. Con una variedad de gestos solo con los ojos que yo nunca hubiera podido imaginar, da al personaje una vida y un magnetismo que hace de ella casi siempre el centro de atención.
Mucho más convencional escénicamente, Nicholas Brownlee posee una voz con gran volumen y brillo, pero debía de estar aquejado de algún tipo de afección, se llevaba mucho las manos a la cara, su registro grave quedó opacado en momentos puntuales e incluso tuvo algún rascado incómodo. Salvo contados momentos, su actuación fue plenamente satisfactoria.
Franz-Josef Selig debe de haber interpretado este papel decenas de veces, y lo tiene tan interiorizado, que casi no puedes imaginar a Daland de otra manera. Es tan sutil, que tanto con las inflexiones de su voz como con una gestualidad muy contenida, se ve y se escucha perfectamente que tras su falso barniz de padre amantísimo, lo que hay es una mal disimulada ambición que no duda en usar cualquier medio para enriquecerse, así sea su propia hija. Con el paso del tiempo, la voz es en algún momento un pelín mate, pero no presenta ningún problema, y la interpretación fue excelente.
El año pasado escuché por primera vez a Stanislas de Barbeyrac en su primer Wagner, y pensé que muy bien podría seguir insistiendo en este repertorio. Creo que el papel de Erik es muy adecuado a su voz, el volumen suficiente y la emisión ha mejorado con respecto a su interpretación anterior. El timbre es muy bonito, y es una delicia escuchar a Erik apianando y regulando la voz de forma que a momentos se le escuchan inflexiones casi bellinianas. También es cierto que hubo momentos en los que pareció llevar su material al límite y algún agudo sonó un poquito estrangulado. Con todo, muy buena su prestación vocal, y menos la escénica, donde no demostró grandes dotes como actor.
Perfecta la Mary de Eva Kroon, que hace un personaje un poco extraño, no se sabe muy bien si está protegiendo y cuidando a Senta ,o en el fondo de su alma siente un poco de envidia mezclada con incomprensión, ya que ella no deja de ser un miembro más de esa comunidad cerrada y un poco enfermiza. La escena final, en la que se aleja satisfecha por el oscuro corredor con el retrato del Holandés, casi como dicéndole, "has cumplido tu misión", mientras Senta yace muerta en el centro de la escena, es muy enigmática.
Muy bien el timonel de Moisés Marín, quien además demostró una gran soltura escénica.
Si a una gran orquesta le sumas un director excelente, el resultado no puede ser otro que el que fue, una pura delicia sonora. Después de una obertura un tanto ágil y nerviosa que parece predecir el carácter de Senta, se sucede una dirección fluida, nada de golpeteos ni chimpúns, un sonido controladísimo, mirando y remirando a cada instrumentista o grupo, diciéndoles que sí con la cabeza, sonriéndoles, haciéndoles callar….todo para que no nos perdamos nada de lo que se canta sobre el escenario. Cuando hay que hacer lucir a la orquesta, se hace sin exhibicionismo ni exageración, subrayando los subtextos y las armonizaciones que añade un instrumento y que, como siempre pasa con Wagner, estaban escondidas hasta que alguien las descubre. El partido que sacó a momentos como el racconto de Erik y su arioso, con ese rebullir misterioso de la cuerda, ponía los pelos de punta. Los momentos más líricos fueron una auténtica maravilla de sensualidad, tocados con un legato de seda que la orquesta ejecutaba magistralmente. Sin duda es la mejor orquesta que tenemos en España y poco tiene que envidiar a las de otros teatros europeos. Nunca había escuchado a James Gaffigan, y me asombró su enorme capacidad para comprender y decir algo nuevo en esta ópera. Ojalá siga por ese camino.
No recordaba al coro de Les Arts tan bueno. Muy bien dirigidos sus movimientos por Willy Decker, fueron un personaje más de la obra, uno más a los que se tiene que enfrentar en su lucha desigual Senta, la mujer libre que muere en el intento.
Tanto me gustó que el viernes repetiré función y seguro que corregiré mi comentario. Es muy difícil apreciar todo con una sola escucha, ojalá pudiéramos ver cada opera 3 ó 4 ves para llegar a sacarle el jugo de verdad,
Última edición por zerbinetto el 13 Mar 2025 9:48, editado 1 vez en total
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