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Función del 7 de diciembre en Erevan, capital de Armenia. En este país la temporada empieza ese día, al igual que en Milán; pero no se celebra San Ambrosio sino San Zósimo, papa del siglo V que adoptó la costumbre de celebrar sus misas en armenio, idioma que no entendía en absoluto pero que le parecía sumamente espiritual. Se abrió la temporada con el estreno mundial de la ópera Շքեղություն խոտի մեջ, del compositor local Sinan Atonalian y el libretista azerí Kukuruthu Bulbüsunu (no confundir con el pedagogo sofista de similar nombre, sin diéresis). Por descontado, la obra está escrita en un novedoso y rompedor lenguaje musical: en clave de Bu, nueva nota musical que sólo perciben los oídos más contemporáneos. El argumento versa sobre una apasionante relación comercial en el noreste español, lo cual llamó mi atención, aunque no poderosamente.
Dio vida al ex árbitro Negreira el bajo profundo israelí, nacido en una barca del Mar Muerto, Adam Cohen, que le dio al personaje el fuste siniestro que requiere el papel. El barítono polaco Zyrtyw Lrqpnowsky, como el presidente Laporta, estuvo poco convincente desde el punto de vista actoral, debido a sus 52 kg de peso. Voz liviana que resultó a todas luces insuficiente. Javier Tebas fue encarnado por el tenor vasco-nigeriano Eneko Nguemagorri, que mostró una gran coloratura. Para Ceferin el compositor tenía previsto que la cantara una mezzosoprano pero ninguna quiso aceptar debido a la afición del director de escena de montar una ídem y a su mano más larga que ancha. Así que se contrató al contratenor contrahecho Kontra Kelusi, de nacionalidad tan desconocida como su sexo. El coro del Ejército Reservista de Armenia cantó las partes dedicadas tanto a los inspectores de Hacienda como al público del Bernabéu.
Otra gran novedad es que no hubo director de orquesta, así que cada músico podía interpretar su parte en el momento que quisiera, con la única condición de que la obra acabara transcurridas ocho horas y doce minutos.
El Teatro Estatal Eclesiástico Popular presentaba un lleno totalmente absoluto, algo muy habitual en los llenos. Se tocó el Himno Nacional en presencia del Presidente de la República y del Arzobispo de la ciudad. Para ello sí fue necesaria la presencia de un director, ya que si no la música era irreconocible. Como estaban todos de vacaciones por el puente -el día 9 es la Fiesta Nacional del Gargallo Armenio-, subió al foso el hermano del Presidente (en Armenia todos los fosos están en la parte de arriba).
Si bien no se puede decir que la ópera fuera un fracaso, so pena de prisión, sí fue un éxito moderado. No obstante, hay que remarcar que la parte más exaltada de los espectadores (la tribuna 3) dedicó a todos los artistas unos sonoros “buuuuuu”. Como la clave musical.
El Ministro de Educación, Música, Literatura, Ocio, Deporte y Otras Hierbas Psicotrópicas decretó al día siguiente la destrucción tanto de la partitura como del libreto. El compositor fue sentenciado a la pena de muerte menor y al libretista le fueron amputadas ambas manos. Así que ni Despinetta ni Tunner podrán ver nunca en directo esta ópera, tal y como se recoge en el artículo 33 del Decreto. Sí hubo alguna grabación pirata de un individuo con una bolsa de El Corte Inglés, así que es probable que aparezca en Youtube.
De vuelta quise traerme de recuerdo unos imanes pero están prohibidos por el Arzobispo. La demora en la reseña se debe a que el vuelo de vuelta duró doce días y unas cuantas noches.
_________________ Mejor un mal Verdi que un buen Britten.
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