Puede que me entiendan mejor así.

Mi primera ópera fue Rigoletto, con Nucci (y Todorovich) hace catorce años.

Mi segunda ópera fue El Barbero de Sevilla, con Nucci (y Mateuzzi) hace trece años

Mi tercera ópera fue Tanhausser, y me dormí en el segundo acto.

Abonado del Real durante cuatro años, pocos recuerdos agradables. Pocos recuerdos, a secas.

Me zambullí en este mundillo de nuevo y con dedicación hace menos de un año

Llevo oyendo ópera en casa desde hace más de una década

Comparto con mi progenitor el genoma de repulsión wagneriana (aunque él ha conseguido delimitiarlo a cinco o seis óperas, supongo que con la edad seguiré sus pasos)

Encuentro en el drama verdiano emociones que no existen en otras artes

Cantar mal el Rigoletto me encrespa sobremanera. Lo entenderán, claro

Yo, de música, no sé más que lo justo, esto es, tener en mi cabeza la grabación perfecta e ir al teatro a comparar o a esperar que me emocionen (cosas no siempre compatibles, afortunadamente)

La ópera es, a día de hoy, uno de los alicientes que me saca de la rutina, y este foro, uno de sus elementos sustanciales. Por eso rehuyo las grescas estériles: ya tengo suficientes en el día a día

Asumo que, algún día, seré capaz de apreciar a Wagner y dejar de envidiar a sus más acérrimos seguidores (aunque a día de hoy los oiga y me parezca que hablan en indonesio)

¿Dije ya que Verdi me subyuga?

Citando al Gran Inquisidor, "la misa en latín, el fútbol de ataque, y la ópera en italiano".

Casi nunca llevo cargadas las pistolas.
