
Por todos los amantes de la ópera en general, y por los de la música de Alban Berg en particular, la primera grabación de la versión completa (a cargo de Friedrich Cerha) en tres actos de Lulú, dirigida por Pierre Boulez se erige para la mayoría como la referencia absoluta para conocer la obra. Sin embargo, hay una versión en vídeo que ha llegado a nuestros días, procedente de una de las funciones del estreno de la nueva versión completa, en febrero de 1979, emitida por televisión. El que no haya sido comercializada esa filmación (salvo por sellos piratas), que está en internet, se debe a baja calidad de imagen y sonido, que afecta principalmente a la orquesta, y que no está sincronizado al cien por ciento con la imagen. Una pena porque habría sido la referencia en vídeo en general (salvo por un punto que diremos luego), aunque ello ha beneficiado a la elogiada grabación discográfica.
Al menos, ese vídeo nos permite conocer la famosa producción de
Patrice Chéreau, en otra de sus grandes colaboraciones con Boulez. Chéreau ambienta la obra en una época parecida a la época de la composición de la obra, con lo que es muy fácil seguir la historia si se conoce. Durante el prólogo con el domador de fieras, cuando éste pronuncia la frase "Ellos se contentan con el consuelo de una lágrima, al igual que la audiencia del patio de butacas" se ve una breve secuencia del público emperifollado subiendo las escaleras de la Ópera Garnier: la alta sociedad presencia la tragedia de la mujer fatal que ellos mismos consumen. La producción está basada en una fría y elegante estructura escénica, dominada por unas enormes escaleras en los actos segundo y tercero. En la tercera escena del primer acto, una imagen poética supone el final del mismo: Schön, seducido por una despampanante Lulú con un icónico vestido azul que sería portada de la grabación discográfica, se dirige a su "ejecución social" al llevar la carta a su prometida, mientras que al fondo del escenario aparece un público elegantemente vestido... la sociedad que le repudiará por dejarla por Lulú. Durante las primeras escenas de los actos segundo y tercero se verá a figurantes en escena de vez en cuando, dando a entender que la primera de las mencionadas escenas transcurre en una reunión. El punto negro del vídeo y lo que en mi opinión no lo convierte en referencia, es la ausencia de la película en el interludio en el segundo acto, que da cuenta de la suerte de Lulú en prisión; y que sí incluye el vídeo de Glyndebourne de 1996 con Christine Schäfer, la referencia total de la ópera. Durante los interludios, se ve una imagen de la luna llena, y unas escaleras de que llevan a ella, que aparecen en la escena final, que es una de las más logradas: la sala enorme y vacía es presidida por esas escaleras inmensas con barandilla que llevan a la calle, representada por la luna. A la izquierda, unos baños de baldosas blancas presididos por un igualmente blanco lavabo. El profesor, el primer cliente de Lulú, no es el mismo que interpreta a su primer marido, sino un enano al que ya se ve en el Prólogo, Le Nain Roberto. Al final, cuando Jack el destripador mata a Lulú, deja su cuerpo en el escenario, y la Geschwitz la alcanza, muriendo mientras abraza el cadáver. La dirección de actores saca de cada artista lo mejor que puede aportar al personaje.
Elenco, orquesta y batuta son los mismos que en la grabación discográfica salvo alguna excepción (la quinceañera, el comisario de policía). Su excelente labor es la misma que en el disco, aunque en vivo la dicción de algunos diálogos y algunas palabras son más dramáticos, y puede apreciarse un perfil más interesante de los personajes que no se puede con solo el audio.
Pierre Boulez dirige una versión menos romántica, más rápida, y más vanguardista que el otro referente orquestal en la obra, Karl Böhm. Una versión más oscura, pero con una
Orquesta de la Ópera de París en estado de absoluta gracia.
Teresa Stratas tiene una voz estupenda y juvenil, pero en vivo destaca más su actuación: la grecocanadiense le da un toque más latino al personaje, menos frío y al mismo tiempo más trabajado el matiz de mujer fatal, e incluso de maldad, como en el segundo acto, y sírvase de ejemplo la tremenda brutal dicción de la frase "¿No es ese el diván donde se desangró tu padre?", seguida de una sonrisa. Escalofriante. En la escena final se la ve más frágil y vulnerable, antes de sucumbir a su fatal destino.
Franz Mazura también se ve beneficiado de la dirección de escena: su Doctor Schön es imponente, cínico, violento en el primer acto, para convertirse en toda una piltrafa en el segundo, vencido por su neuroticismo. Vocalmente aparece en forma, y su timbre villanesco alcanza su cénit en el tercer acto, interpretando a Jack el Destripador, donde canta maravillosamente y su retrato escénico del asesino impone por totémica y fría.
El resto del elenco, formado por la bella y buena mezzo
Yvonne Minton como la Geschwitz, el veterano
Toni Blankenheim como Schigolch, un ya maduro
Kenneth Riegel como un Alwa más bien grotesco y eclipsado en escena por su padre,
Gerd Nienstedt como un bien cantado e imponente Atleta, una joven
Hanna Schwarz interpretando a los adolescentes botones y estudiante,
Jules Bastin como un excelente banquero, el mítico
Helmut Pampuch como un marqués bellamente cantado y hasta
Ursula Boese como la madre de la quinceañera... están igual de geniales que en el disco.
Una versión en vídeo que hay que conocer, y que ya solo por el potente final merece la pena todo su visionado.