
En el Met de los 80 y 90, que tantos vídeos tan emblemáticos nos dejó, un clásico es la Tosca de 1985 dirigida escénicamente por
Franco Zeffirelli, que fue uno de los montajes más queridos por el público neoyorquino. Además, en esta Tosca encontramos al maestro
Giuseppe Sinopoli, algo excepcional cuando estos vídeos casi siempre contaban con James Levine en la batuta, al veteranísimo y legendario barítono
Cornell MacNeil como Scarpia, a un
Plácido Domingo en la cúspide de su carrera y de su popularidad en el rol de Cavaradossi, y a la wagneriana
Hildegard Behrens como Tosca, en un rol que debutaba y con el que no se la asociaría de buenas a primeras.
Y sin embargo, pese a tales mimbres, esta Tosca lo que termina produciendo son sentimientos encontrados: porque a nivel vocal, descartando a Domingo, y ni siquiera él brilla del todo, se podrían haber encontrado mejores cantantes para esta filmación. Pero por otro lado, encontramos unas prestaciones que no solo salvan los muebles, sino que emocionan y terminan por convertir este vídeo en imprescindible.
Fuera de toda duda está, en primer lugar el clásico y barroco montaje de Zeffirelli, posiblemente la mejor producción de Tosca que se haya filmado. Ya en 1964 se grabó el acto segundo con Callas y Gobbi, la referencia definitiva en vídeo, también dirigida por el italiano. Ahora vemos su visión completa, parecida a la de Londres. Zeffirelli, en su busca del mayor impacto visual y de la mayor belleza posibles, no escatima en detalles en cada acto. El primero, la iglesia de Sant'Andrea, es un impresionante decorado, con el altar, las estatuas, las columnas, las capillas, el cuadro de la Magdalena, y un fondo que aunque, pintado, da la sensación buscada de amplitud. Puede resultar rancio por esto último, pero no deja de impactar. Y el Te Deum, con el telón alzándose dos veces tras el final, es una de las dos cumbres de este montaje. La otra es el acto segundo, donde Zeffirelli demuestra que además de crear decorados lujosos, es también un genial director de actores. Cierto es que este decorado no es menos vistoso que el anterior, empezando por la chimenea, el escritorio de Scarpia y la enorme biblioteca, pero el trato dado a los personajes, con sus expresiones, y el movimiento en escena, hacen que el acto segundo cumpla su objetivo: que el espectador, metido en la trama, no se levante del asiento, merced a la genial música y el thriller en escena. Además, los cantantes son actores consumados. El tercer acto pasa por una reconstrucción del Castel Sant'Angelo, con una visión de la cúpula del Vaticano por un hueco, y la impresionante estatua dominando el paisaje. Incluso vemos la celda de Cavaradossi, que emerge del escenario.
Giuseppe Sinopoli es el principal reclamo de este vídeo, unos años antes de que grabará su ya legendaria grabación con Deutsche Grammophon. El maestro italiano realiza una labor sobresaliente con la orquesta del Met, logrando una dirección trágica, tan espectacular como dinámica, haciendo sonar de forma dramática, brillante, las excelentes cuerdas de esta orquesta (qué belleza el violín en el tercer acto antes del E Lucevan le Stelle, y en el segundo acto transmitiendo el suspense, la intriga. Excelente interpretación de la muerte de Scarpia, en este sentido. Poco que añadir al Coro del Met, entregado como siempre salvo un poco por la dicción.
Poco nos podríamos imaginar a
Hildegard Behrens como Tosca. Su voz tan peculiar, que ya daba altibajos en las óperas de Wagner, no parece la primera opción. De hecho, es así en el primer acto, donde la voz no se adapta al lirismo del dúo de amor. Sin embargo, en el segundo acto consigue salir airosa, adaptándose bien con su voz dramática, pese a las limitaciones en el agudo que siempre le fueron propias. El Vissi d'arte de hecho está muy bien cantado. A nivel actoral, Berhens es un monstruo escénico, transmitiendo bien la pasión que Tosca le pone a la vida, y sus desgarradores gritos "Muori dannato, muori! muori!" muestran el odio que siente por Scarpia. En el acto final mantiene el tipo.
Plácido Domingo estaba, en 1985, en la cúspide de su carrera y su popularidad. Ya llevaba una importante obra discográfica, y a sus 44 años, ya estaba consagrado en el ambiente operístico estadounidense, y también estaba forjando su carrera en la música popular, además de ser, junto a Julio Iglesias, el latin lover por antonomasia en Estados Unidos. Centrándonos en lo musical, Domingo podría estar en plenitud vocal, incluso uno se emociona recordando la gallarda, preciosa voz que tenía, pero quizá el rol de Cavaradossi ya empezaba a tener alguna dificultad, como el agudo (su caballo de batalla) en el Recondita Armonia. En las partes menos comprometidas como en el dúo con Tosca en el primer acto se muestra mucho mejor. En el segundo acto impacta con los Vittoria, Vittoria, además de sacar su mejor lado actoral. En el E lucevan le stelle sigue estando muy bien, pero tengo la impresión que mejor está en el dúo final con Tosca, el Amaro sol per te es increíble, el tono enternecedor y galante, como si transmitiera que con Tosca, su personaje realmente se olvida de su muerte inminente. En lo demás, el Domingo de siempre: arrojo vocal y escénico, una voz grande, un carisma que traspasa el escenario y la pantalla. Incluso con los peros musicales, que no empañan su alto nivel musical, sigue siendo esta una interpretación clásica y que uno no se cansa de ver.
Cornell MacNeil es uno de los más grandes barítonos estadounidenses de todos los tiempos. Pero en esta grabación ya no estaba vocalmente en condiciones, y pese a que sigue siendo uno de los mejores Scarpias jamás filmados, es muy triste comprobar que aunque la técnica sigue siendo asombrosa, la voz ya estaba ahí. Y es algo que en el primer acto le pasa factura. Es evidente que el fraseo, la forma de emitir su voz son las de un grande, que su genial forma de hacer que Scarpia, pese a ser un ser perverso, suene aristocrático y noble, siguen impactando, pero la voz ya no es tan poderosa. Aun así, el gran artista que había sido aparece en el segundo acto aun con estas limitaciones ¡Qué forma de cantar el
Ha piu forte sapore y el
Gia mi dicon venal! Aquí McNeil usa la voz que le queda para sonar como el refinamiento de la maldad. A nivel actoral transmite toda la brutalidad y la repulsión del personaje, algo a lo que ayuda el enorme físico que MacNeil tenía. De terror la cara de muerto que pone cuando matan a Scarpia, esa mirada y expresión aun desafiantes en la muerte. Una creación única.
De los secundarios podemos destacar al veterano
Italo Tajo como el sacristán, al que convierte en un personaje bufo, socarrón y mundano, y el excelente Spoletta de
Charles Anthony, un excelente tenor de carácter.
Con todos los peros, pero esta sigue siendo una de las Toscas de referencia en vídeo, por el montaje, el director de orquesta y el desempeño del elenco pese a ser mejorable.