
Hacía tiempo que tenía ganas de ver en vídeo esta famosa versión de La Traviata, que llegó a ofrecerse en esas antiguas colecciones de dvds de ópera que salían por fascículos hace dos décadas, y que ahora se encuentran en mercadillos o tiendas de segunda mano a precio de baratija. Así conseguí este DVD años atrás, pero no lo he visto hasta ayer.
Esta versión es famosa por sus dos grandes pilares: la Violetta de
Angela Gheorghiu y la dirección orquestal del gran
Sir Georg Solti. Fue esta producción la que convirtió a la rumana en una estrella internacional, y a esta versión en la última gran Traviata hasta que salió la de Salzburgo con Villazón y Netrebko tan solo una década después.
La producción de
Richard Eyre, todo un clásico en Londres, donde se sigue reponiendo, es una versión muy clásica, aunque al contrario que Zeffirelli, huye del espectáculo y de lo rococó para acercarse más a su esencia de novela decimonónica, incluso simplificando decorados como en el segundo acto y en el tercero. El primer acto transcurre en una amplia sala redonda, con unas paredes de un color dorado anaranjado, y una gran mesa en el centro. El licor es traído en una fuente con forma de torso femenino, lo que muestra lo sexualmente liberal del ambiente. La iluminación se atenúa en los momentos más íntimos, como en el dúo o en el aria final de Violetta, para centrarnos en los conflictos que este amor despierta en el personaje. El segundo acto muestra una habitación vacía, aunque se entiende que de una lujosa casa de campo, que muestra que los personajes quizá no tengan tanto que adornar ya que tienen que venderlo todo para mantener ese estilo de vida. También intensifica la acción. Sin embargo, el segundo cuadro de ese mismo acto es, dentro de lo conservador, onírico, y no muy realista ya que muestra un salón iluminado de rojo, no muy decorado, pero el techo del mismo es rococó, pero parece que está inclinado, ¿una muestra de que todo alrededor de Violetta se derrumba? El tercer acto reduce mucho el atrezzo, unas enormes persianas rodean la cama de Violetta, en una habitación vacía. Su añtaño lujosa casa sucumbe con ella, ya que poco dinero habrá tras su muerte. Eyre no renuncia al lujo de la época de Dumas y Verdi, incluido el bellísimo vestuario, pero lo usa como complemento al drama, que es lo que importa, frente a los lujosísimos decorados de otras producciones que pueden llegar a distraer. Como curiosidad, en la coreografía del ballet, dos de los toreros, afeminados, contando la historia del torero y su amada, están a punto de besarse, cuando se tapan con un abanico, hasta que los separan. Entonces habría sido un escándalo que se besaran dos hombres en el escenario más importante de Inglaterra, hoy en día se besarían hasta con lengua, lo que indica cómo (y para bien) hemos avanzado como sociedad. No sé si Eyre ha corregido este detalle.
El gran Georg Solti ya contaba con 82 años en el momento de esta filmación. En los primeros planos de él mientras dirige el preludio se ve a un envejecidísimo Solti, con aspecto aparentemente cansado, pero nada más lejos de la verdad. No solo mantenía su apretada agenda, sino que además a su versión no le falta frescura, no ligereza y por tanto italianità. El preludio muestra la riqueza sonora de las cuerdas, pero no es lento, sino que tiene tensión verdiana. De hecho el primer acto sorprende por su dinamismo y el ambiente de jolgorio. Las cuerdas con su sonido desgarrador, transmiten la tragedia que está por acontecer durante el juego de cartas y el tercer acto conmueve por su elegíaca interpretación. Solti, como Karajan, se confirma como uno de los grandes maestros centroeuropeos que fueron capaces de crear Verdis referenciales. El Coro de la Royal Opera es excelente.
Se dice que Angela Gheorghiu hizo llorar al veterano Solti cuando la escuchó por primera vez. Lo cierto es que aquí, a sus 29 años, estaba en la cúspide de su belleza y de sus medios vocales. La rumana abordó un repertorio limitado, tratando de cuidar bien su voz, incluso si para ello tuviera que cancelar la mitad de sus espectáculos. En esta Traviata su voz es fresca, aunque en el primer acto el vibrato no siempre casa con la firmeza que debe tener el personaje al reafirmar su hedonismo, pero con todo sale airosa, especialmente en la coloratura, aunque no de el sobreagudo al final. Desde el segundo acto la voz se acomoda mejor a la creciente tesitura lírico-dramática que adquiere el rol, resultando conmovedora en el dúo con Germont, pero es a partir del segundo cuadro (emocionante en el Alfredo, Alfredo di questo core) y especialmente en el tercero donde en el Addio del passato o en la desgarradora Gran dio morir si giovine conmueve por su dramatismo y la seguridad de su canto, aquí acomodado en la tesitura dramática. Ya en 1994 era la diva que todos conocemos hoy, ya que sus gestos y ademanes, sus gritos de dolor en las escenas más dramáticas, sus expresiones de llanto, así como sus alegres sonrisas en el primer acto, la forma de moverse en escena, y la convincente expresión de enferma en el tercero, muestran que ya estábamos ante "La Gheorghiu". Una interpretación memorable, la antítesis de lo que haría Netrebko una década después.
Frank Lopardo hace que el registro, siendo referencial, no sea sobresaliente, aunque he de decir que le recordaba peor. Este tenor tuvo cierta carrera, sobre todo discográfica, en esos años. Desde luego que había mejores Alfredos en esa época. La voz de este hombre es baritonal, limitada ya que hay momentos en su emisión es corta, y las notas parecen más bien disparadas, en lugar de fluir. Pero en algunos momentos, la proyección es más segura, y no suena tan mal. Me pregunto si así podría haber sonado la voz de Kaufmann si éste no se hubiera cuidado tanto y hubiese cantado a plena voz todo el tiempo. Y bien que hizo de no seguir su ejemplo.
Nuestro querido
Leo Nucci, quien tanto colaboró con Solti, es aquí Germont padre. La voz de Nucci se encuentra aquí en un buen momento. No es un barítono cuya voz fuera de enjundia, y pese a su ligereza vocal suena como barítono. Al lado de Thomas Hampson o el mismo Domingo, Nucci es Titta Ruffo. Sus interpretaciones del Di Provenza y la posterior cabaletta son notables, aunque mucho mejor suena después, primero como padre autoritario cuando rescata a su hijo de humillar a Violetta, qué tierno y qué firme suena cuando canta "Dov'è mio figlio? più non lo vedo, In te più Alfredo - trovar non so", y realmente suena lacerante cuando le remuerde la conciencia en el acto siguiente "Di più non lacerarmi". A nivel actoral, quizá subordinado a la puesta en escena, es menos showman y más creíble como un padre de edad madura que no necesita dar miedo para reprender y hasta resulta tierno, aunque no deje de transmitir tampoco el cinismo de la actitud del personaje.
El resto del elenco secundario, totalmente británico, es sobresaliente.
Hay que conocer esta Traviata, por la grandeza de su director de orquesta, por su protagonista y por su convincente producción. Esta y la de Netrebko son las últimas grandes producciones de esta obra, una el némesis de la otra, pero ambas imprescindibles por ser distintas formas de acercarse a una obra que con todo no pierde ni un ápice de su vigencia. ¿Y si el personaje de Julia Roberts en Pretty Woman no fuera la única meretriz que ha llorado con esta obra al identificarse con ello? Qué mejor prueba de su universalidad que esa.