
Hacía tiempo que tenía ganas de ver esta Lulu, con nombres verdaderamente históricos. Se trata del estreno en Austria de esta obra, si bien ya en 1949 se había grabado una versión para radio en el país. Si bien la Lulu de Deutsche Grammophon que se edita junto al Wozzeck es una de las cimas de la discografía de esta obra, esta versión quizá por ser la primera en Austria es más modesta, pero tiene la autenticidad de la función en vivo.
En los años 60, dos nombres estaban ligados a esta obra:
Evelyn Lear como Lulu y
Karl Böhm dirigiendo la orquesta.
Si bien
Evelyn Lear no es tan juvenil como Anneliese Rotheberger (vocalmente superior) o Anja Silja (un torrente dramático y de grandes agudos en sus inicios), es indudable que el dramatismo y el atractivo físico de la soprano estadounidense la convirtieron en referencia. Su voz es más oscura, más parecida a una soprano dramática, que la soprano de coloratura para la que se pensó el rol. Y sin embargo, funciona y resulta bella. Su Lulu es descarada, burlona, pero irresistible. Los agudos son impresionantes, y ese tono oscuro conviene dramáticamente en el segundo acto, con una apreciable versión del aria del segundo acto.
Paul Schöffler es un Doctor Schön histriónico, cuyas tablas retratan lo cansado y patético del personaje. Vocalmente gastado, pero solvente.
Rudolf Schock es Alwa, si bien con un tono más propio de un spieltenor en el primer acto, pero su registro de heldentenor aparece en el final del segundo acto, en todo su esplendor, cuando su personaje se entrega a la mujer fatal.
Gisela Litz es una Geschwitz muy atractiva, con una voz acontraltada pero firme, dramáticamente convincente en su breve intervención final.
Josef Knapp es un Schigolch solvente, en una época en la que se cantaba por bajos de carácter y no por leyendas en declive, tradición que empezaría con Josef Greindl y sobretodo Hans Hotter unos pocos años más tarde.
Kurt Equiluz es un estupendo tenor, con una voz bella y potente en el rol del trágico pintor. Por otro lado, es un placer ver a veteranos como
Alois Pernestorfer como el domador y
Anni Konetzni como la encargada del vestuario.
Karl Böhm es uno de los grandes referentes de esta obra, aunque le tocó una época donde se representaba la versión en dos actos al no estar disponible la tercera debido a la negativa de la viuda de Berg, si bien en este mismo año en que se filma esta representación (1962), Friedrich Cerha había recibido clandestinamente el material del autor que llevaría a la feliz conclusión en 1979. Böhm dirige una versión romántica, opulenta, centrada en cada detalle de la obra, frente a la rapidez y visceralidad de un Boulez: parece dirigir Berg como si estuviera dirigiendo a Schubert o Mozart, y el resultado es bastante bueno. La Wiener Symphoniker no parece estar muy puesta en la obra todavía, de hecho al principio el viento metal anda perdido, pero a partir del intenso segundo interludio la orquesta alcanza el nivel deseado.
La puesta en escena, poco favorecida por el blanco y negro y la calidad de la época, corre a cargo de
Otto Schenk. Realmente es bastante funcional y conservadora, con lo que poco puede comentarse. En el prólogo se ve un telón con imágenes de animales del que el ayudante del domador saca a Lulu, siempre sonriente, en brazos. La protagonista lleva el característico Pierrot, aunque en un modelo que deja ver las estéticas piernas de la señora Lear. Dado que estamos ante la versión en dos actos mas las dos piezas sinfónicas finales, la última escena es una barraca de madera, y la Geschwitz recita, no canta, su trágico soliloquio frente al retrato de Lulu, completamente desgastado, y que solo deja a la vista el rostro, mientras que en los dos actos se veía claramente el cuadro entero con su seductor cuerpo. Esta versión se nos queda ya bastante conservadora, pareciendo más un viejo thriller negro ya bastante visto.
Una versión de alto valor histórico con dos referentes en la discografía de esta obra, imprescindible para los amantes de esta obra.