"Stockholm" de Rodrigo Sorogoyen, en una presentación en la Filmoteca de Santander ya que por lo visto, la película (financiada por donaciones de conocidos de los autores y desconocidos mediante pequeñas aportaciones "crowdfunding") no tiene aún garantizada su distribución comercial.
La película tiene dos partes muy claramente diferenciadas en cuanto al tratamiento visual y el ritmo.
La primera, que trancurre en una noche madrileña, retrata el ambiente de salir de copas con los amigos, el ligue, la vuelta a casa callejeando, etc., en fin, una historia en la que cualquiera podría reconocerse, bien sea de uno u del otro lado (o sea seductor o seducido). Está llena de diálogo y aunque tiene algunos puntos divertidos, se hace muy lenta, más allá de la verosimilitud que pueda tener, una se pregunta hasta qué punto es relevante que el cine sea tan, tan documental, a mí no me parece una virtud precisamente para una película.

Por el contrario, la segunda parte tiene un ritmo trepidante, una fotografía implacable y una historia cruel y descarnada (sin diálogo superfluo) y se vuelve interesantísima. El final no es impredecible que digamos, pero no por ello deja de ser impactante.

En el coloquio tras la proyección le preguntamos al director por el motivo de tal descompensación entre las dos mitades (al parecer según comentó son dos mitades casi exactas en duración, si bien la percepción no así en absoluto porque mientras la primera parte se hace eterna, la segunda quizá peca de demasiado corta), desde luego como experimento no tendría precio. Para mi sorpresa el director dijo que no era un contraste buscado, sino que la pretensión era que ambas partes funcionaran y que para que funcionara la segunda él veía imprescindible toda esa realidad casi de documental de la primera, literalmente que "todas las chorradas que se dijeran en el flirteo tenían que estar", que una película que resolviera lo primero en menos tiempo y se regodease en lo segundo seguramente sería más comercial pero no era la película que él quería hacer y le parecía una película "que ya se ha hecho", mientras que este otro planteamiento era mucho más original.
Bien, yo de cine sólo entiendo como espectadora, pero me parece un error. Creo que es una pena que una película donde hay mucho talento a nivel argumental, realización, montaje, dirección de actores e interpretaciones (los protagonistas están estupendos, sobre todo ella -Aura Garrido- que es un actriz magnífica a pesar de su juventud), se vea tan lastrada por esa mala planificación del ritmo de su primera parte. Y no se trataría sólo de una decisión comercial de que la película fuera más fácil de vender, es que el espectador se puede llegar a aburrir tanto en la primera parte (éramos el público de la filmoteca, bien predispuestos tras la pequeña presentación que se hizo con el director y el actor protagonista Javier Pereira allí presentes y sabiendo que la película lo tenía tan chungo para su distribución en los cines y a pesar de toda la atención prestada se nos hizo lentísima), pues eso que si el público se aburre tanto en la primera parte llega bastante irritado para cuando comienza lo realmente interesante, si no es que se ha dormido ya o se está dando el lote con la pareja y ha desconectado del todo.

No hay duda de que apostar por un planteamiento personal es arriesgado en cine y en cualquier arte. En mi opinión, hay que tener mucha, mucha experiencia cinematográfica para hacer ese tipo de cosas, como cuando John Ford decía (según me contaba un amigo que es forofo y se ha leído no sé cuántas biografías suyas) que iba a mantener el plano de un tío cabalgando no sé cuántos minutos desde el horizonte, contra viento y marea y se enfrentaba a todas las criticas y reconvenciones de productores y demás intermediarios que manejaban el negocio. Pero luego resulta que lo que decía Ford funcionaba, y el público se bebía con deleite esas imágenes y no había sensación de monotonía.
En este caso... no sucede lo mismo.
Me sabe un poco mal hacer esta crítica, con lo majo que me pareció el director además, porque igual quito las ganas de verla a alguien que tenga la oportunidad (en la filmoteca de Santander iba a seguir proyectándose unos cuantos días más por ejemplo), cuando en realidad pienso que vale bien la pena verla por su segunda parte, que tiene destellos de cine del bueno, lo cual no es nada fácil de encontrar con la cantidad de películas basura que nos sirven cada semana en la pantalla grande.
No sé, recomendaría que se tomara la primera parte con poco afán y mucha indulgencia, sacarle algún partido: igual se puede tomar nota de estrategias para el ligoteo nocturno, aprovechar para hacer manitas, comerse las palomitas... y llegar con buen ánimo y una sonrisa a la segunda parte, que es un hachazo.
Por si no queda claro: la recomiendo.
