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En un principio pensé que no iría. Pero finalmente un cúmulo de cosas hizo que me animara. Y lo cierto es que me encontré con una obra preciosa, que antes no conocía. En la entrada del teatro, podíamos ver los furgones de TVE que se preparaban a grabar esta función para después emitirla -y las cámaras repartidas por toda la sala-. Antes de comenzar la función, una exposición sobre la ópera aguardaba al visitante en el foyer, seguida de una introducción a la ópera. Un joven pianista relataba a los asistentes las circunstancias en la que esta ópera fue estrenada primero como zarzuela y luego como ópera, versión que vemos y que cosechó desde el principio un enorme éxito. Después interpretaba temas de la ópera, en la que se adivinan las tendencias belcantistas en las que estudió Arrieta en Italia y que hizo suyas. De fondo, el conocido busto del insigne Alfredo Kraus, último Jorge en el Teatro de la Zarzuela, una obra que al parecer estaba ausente desde ¡1994!
Imagino que la alargada sombra del tenor canario pudo haber sido un motivo de fuerza para no animar al Teatro a programar esta obra maestra, pero la cosa es que por fin la tenemos aquí y es un motivo de alegría para todos los operómanos. Es Marina una obra de melodías preciosas y conmovedoras: el dúo de amor, el brindis, el coro del segundo acto, amén de las intervenciones de Jorge y Marina.
Celso Albelo es un gran tenor. La verdad es que el primer Jorge en muchos años ha cumplido con mucha entrega y profesionalidad al atormentado protagonista. Le recordaba así en su Duque de Mantua de hace cuatro años: voz bella y con impactantes agudos. Ahora bien, el volumen de la voz no me terminó de convencer. Sí, se hacía oir, los agudos no eran pequeños pero al igual que otros tenores las pasa canutas en el agudo. Basta con recordar el agudo en el final del segundo acto, que no emitió con toda la fuerza necesaria ni tampoco con la belleza de otros agudos de su propia producción. Su interpretación fue magnífica pero esperé más de él.
Sé que las crónicas de este foro no han sido muy benevolentes pero Mariola Cantarero me impactó y gustó. La recordaba bien de otras ocasiones: Frasquita, Amenaide... y por ello temí en su primera intervención, que sonó fea y destemplada. A ver, la voz no es del todo bonita, pero la técnica parece tener lo suyo, con unos agudos son muy fuertes y retumbaban en el teatro más que los del tenor. Desde el aria "Pensar en él" la intervención fue a más y en el segundo acto el "Oh grato bien querido" fue, para mi gusto, conmovedor. Lo que me dejaba una y otra vez patidifuso era la fuerza y contundencia de sus agudos.
Sin embargo y siendo objetivo me sumo a las opiniones de los demás foreros en lo que respecta a Juan Jesús Rodríguez. Qué voz y qué forma de cantar. Es el suyo un Roque que canta con nobleza y dramatismo. La voz es preciosa y se deja oir. Además actúa bien y tiene una magnífica presencia. Sus intervenciones en el acto tercero fueron de lo mejor de la velada. Ojalá haga carrera y tenga la suerte de volver a verlo en directo.
No me terminé de sentir cómodo con el Pascual de Simón Orfila. La dicción era la más perfecta y comprensible, algo que personalmente encuentro de agradecer en la lírica española. Pero la voz presentaba tintes de ladrido. Cumplió, pero no me llenó.
Mención para el competente Gerardo Bullón como Alberto.
La dirección orquestal se movió entre lo rutinario y lo normal. No noté que destacara tanto aunque Óliver Díaz pareció desempeñarse. Bueno, quizá el arpa en el acto segundo y la flauta en el aria final de Marina. El coro estuvo estupendo en el acto segundo.
La convencional puesta en escena a mí me agradó. Bello efecto el conseguido para recrear el mar, pero especialmente me gustó la iluminación azul avioletado- naranja para conseguir el efecto del atardecer. El vestuario de colores oscuros aumentaba la intensidad dramática a lo largo de la obra, junto a la constante sensación de que la obra transcurría totalmente de noche (salvo al principio). Se ha incluido convenientemente la música de danza del segundo acto, con lo que muchos pudimos asistir a una sencilla sardana.
La popularidad de la obra, la larga ausencia de la misma en este escenario o la conexión del público con la genial música compuesta por Arrieta no dejaron de manifestarse durante toda la función en forma de atronadores aplausos y ovaciones al final de cada número. Era impresionante oir bravos por doquier al final de las intervenciones de Marina, de Jorge, de Roque, del concertante final del segundo acto, del dúo... Y cómo no, al final : el más ovacionado era Rodríguez pero Albelo y Cantarero le fueron a la zaga. Lo que Cantarero no tuviera de excelsa cantante al menos lo tenía de simpática, animando al público a aplaudir al flautista tras su ultimísima intervención, dando saltos y hasta zapateando de absoluta alegría. Y el público -yo incluido- aplaudiendo con una entrega que echaba de menos en los últimos tiempos. Pese a las limitaciones que pudieran tener los protagonistas no me extraña asentir a lo que se comentaba antes de estas funciones: que para esta producción se ha contado con los mejores cantantes posibles para esta obra. Desde luego, tras haber sentido cómo las voces se merendaban sin problemas a la orquesta.
Esperemos que después de la última función la obra maestra de Arrieta no tarde tanto tiempo en volver a nuestros escenarios.
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