Estaba dudando si asistir o no, al Barbero programado por el Auditorio del Escorial, en coproducción con la Quincena musical donostiarra. Al final me animé a ver esta función que fue de menos a más.
Respecto a los cantantes,
Manuela Custer interpretaba el rol de Rosina. La voz es de medios muy justitos, con falta de rotundidad en el grave, que adquiere consistencia conforme ascienda al agudo, aunque peca de algunos sonidos fijos.
Pietro Spagnoli posee una voz que nunca me gustó y hoy no iba a ser la excepción. El el aria de entrada, estuvo rozando el esperpento, con una voz bastante opaca y un agudo endurezido. Para estos papeles bufos puede estar relativamente bien, aunque no destaca por su canto.
Mejor anduvo el Bartolo de
Andrew Shore, al que no conocía. Voz agradable, dicción solvente y con presencia. Horripilante el Basilio de
Lorenzo Ragazzo, uno de los peores cantantes que he escuchado últimamente. Voz falsa- como si estuviera poniendo voz de bajo-, con técnica poco depurada, sin voz en los extremos y recurriendo al "urlo" en varias ocasiones.
La última vez que escuché a
José Manuel Zapata, fue en su desafortunado Javier Moreno del Teatro de la Zarzuela. Alguien que lo conoce bien me comentó que su voz se estaba transformando y que le diera otra oportunidad. Le dí ese margen de confianza y en general, estuvo bien.
Efectivamente, su voz ha "mutado" y ha cogido más relieve. El centro, aún bellísimo y sano, corre que se las pela por el teatro, pero ha evolucionado hacia un lírico que sufre en la zona alta. Las agilidades estuvieron bien resueltas, el problema es cuándo llega al agudo, dónde coloca el sonido cada vez en un sitio y recurre a falsetes y a notas estranguladas. Domina la dicción y el fraseo y en escena está muy comprometido, pero creo que si quiere seguir perfeccionando en su nueva voz, debería dejar a un lado el papel de Almaviva. Creo que a día de hoy debería ir más por Rodolfo, Alfredo o Duca, dónde en el centro se encontrará más cómodo.
Victor Pablo Pérez dejó a un lado el tedio al que nos tiene acostumbrado, dirigiendo la partitura con chispa y gracia, aunque en algunos momentos se pasó con el volumen.
La puesta en escena de
Joan Anton Rechi parte de una idea muy buena. Como la mayoría de óperas bufas están plagadas de enredos y amoríos, decidieron ambientar la producción en un plató de tv. Un reality show llamado "Alma Viva". A partir de ahí, la obra tuvo momentos muy divertidos y otros que están fuera de lugar. Por ejemplo, el hecho de que Figaro y Almaviva sean homosexuales (a este último también le pone Rosina) y que el primero intente trajinarse en alguna ocasión a Rosina. Bartolo catacterizado un poco a lo "Chiquito de la calzada". En la función bailan la conga (cuando han matado a Fiorello y tratan de disimular) e incluso la macarena,

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Otra cosa que molesta bastante, son los ruiditos de la maquinaria que tienen que mover- es en "directo"- y demás ruidos externos. Además indicándote el momento en el que tienes que aplaudir. En definitiva, una puesta muy actual, muy conceptual, con momentos muy divertidos y otros no tanto, pero que resuelta una puesta muy positiva.
No podría terminar la crónica sin hacer mención especial a dos comprimarios de lujo.
Marta Ubieta, que encandiló en su breve aria, con un buen sobreagudo final y
Tomeu Bibiloni, un joven y prometedor barítono que canta mucho de comprimario. Teniendo a ellos dos, podían haberse ahorrado unas pelas con Spagnoli y Custer y seguro que con un resultado más satisfactorio.