|
Uff, pues yo creo que si me canta el Simon Boccanegra como me cantó el Scarpia, empiezo a abuchearle desde la segunda frase... Scarpia podrá tener un punto (solo un punto) histriónico para dibujar su villanía. Pero de ahí a convertirlo en un teleñeco cabreado incapaz de asustar a nadie; y ladrándolo todo con la patata bien metida en la boca, hay un abismo bien grande. Eso es lo que el señor Gagnidze no pareció comprender, al menos en esa Tosca de Madrid. Ah, y en vídeo no me defraudó como Scarpia: me pareció tan infumable como en el teatro.
|