Olvide mi comentario de la carne podrida y el solomillo (era chuletón de Avila, por cierto

: no es mi intención irme tan arriba.
Vamos a ver, el tema y la clave es la proporción. Yo no defiendo no programar operas como las que propone pero si una temporada o abono se compone de diez títulos, lo siento, pero por justicia y coherencia con el género, su historia y sobre todo, por respeto al que paga, solo cabe uno. Uno de diez, un 10%, y ya es bastante. Y con esa oportunidad tiene hueco para ganarse su inmoratalidad y paso al repertorio habitual, o bien ganarse el ostracismo y olvido, como sucede con el 99% de estas cosas.
El resto, títulos de repertorio, que eso sí, traten de obedecer a la máxima variedad de critierio posible: en 9 títulos siempre fallará algo (por ejemplo, en mi anterior seleccion no puse ningun Rossini, ni ópera francesa, ni Mozart,...). Quiero decir que ahí la parcialidad de cada cual también puede ser un problemazo: a mi me encantaría que esos 9 títulos fueran de Wagner los 9, sería feliz como un ocho, pero claro, eso tampoco es programar con criterio, aunque a mi me guste (y ojo, a muchos, muchísimos más, infinitamente más de los que les guste el dominio del estreno y de lo contemporaneo, pero vamos, que facilmente por cada interesado en lo uno, haya mil en lo otro, así de contundente).
El criterio del público que pagamos, y mucho (oiga, a mi cada bromita de estas me cuesta 54 euros por persona -vamos dos- a los que añadir los costes de "infraestructura" necesarios para poder hacerlo -niñeras, por ejemplo), ha de dominar, es lo justo y necesario. Sí, las óperas que usted defiende tendrán su público, muy bien, por mi encantado que hagan ciclos de ópera contemporanea en el Teatro del Canal, o en el Teatro de Madrid, fenomenal: crear un gran teatro para poner estos títulos a mansalva. Si tan seguro estamos que tienen su público, donde está el problema?.
Sabe donde está? En que no llenarían ni 100 butacas por función a "precios de ópera". Entonces hacemos lo siguiente: al aficionado de ópera que no quiere ni verlas se las clavo en el abono, le obligo a ir y sobre todo a pagar, y así quedo contento yo y esos 100 conmigo. Pues no es justo. Tampoco lo sería si algun día de repente es la ópera más contemporanea la que arrancara la verdadera pasión por la lírica y ya no interesaran a apenas nadie ni Verdi ni Rossini; entonces, y solo entonces, sí sería justificable por la misma razón programar más que 1/10 títulos de los que ahora yo le digo que se deben progrmar a razón de 9/10.
Y esto es así y lo quieren así todos los aficionados que acuden a todos los teatros de ópera. Es posible que exista en algun punto del mundo un teatro que sea el centro neuralgico de los titulos mas nuevos y vanguardistas y que su público esté feliz. No lo sé, pero aunque exista, sería una excepción que no justifiaría nada.