Ya digo que, efectivamente, la programación del próximo año me parece excesivamente conservadora en cuanto a títulos y con demasiadas repeticiones. Eso es así.
De todos modos, sino me equivoco, la Aida de Zeffirelli que se repone no es su última producción de la obra, sino una de 1963. Pienso que, además de los recortes que vienen muy bien como pretexto, toda esta vuelta a las estupendas producciones antiguas responde a una tendencia que muchos esperábamos que terminara llegando. No sólo entre los aficionados (en este apartado, claramente y en gran proporción), sino en todos los estamentos de la ópera se detecta ya un hartazgo ante tanto engendro escénico, tanta provocación gratuita, tanta supuesta genialidad que disfraza algún tipo de desorden mental y la constante repetición de los mismos lugares comunes, los mismos sesudos símbolos y ocurrencias...
Como los directores de escena actuales en su gran mayoría no se atreven diseñar producciones clásicas, no les vayan a tildar de reaccionarios o desfasados y, además no hay dinero, bienvenida sea la crisis si nos permite volver a los maravillosos trabajos de Ponnelle, Schenk, Strehler, Visconti, Zeffirelli, De Lullo, Friedrich, Faggioni etc...
En cuanto a las repeticiones de títulos y la comparación con el Real, precisar que el problema es que aquí se había programado (y pagado) un Trittico (ausente desde 1993) y un señor lo echa abajo simplemente porque no le gusta la producción y, siendo un supuesto adalid de la renovación, vuelve a poner Tosca y Bodas. Las repeticiones en un teatro de stagione, efectivamente, tienen que tener una justificación, una importante es amortizar las producciones, otra la actuación de algún gran cantante o director de orquesta de especial nivel. En La Scala siempre se han repuesto (La Bolena de la Callas se repitió en el 58-que se pudiera ver otra vez la creación de la Callas en una ópera tanto tiempo olvidada es una justificación sobrada, el Macbeth de Abbado...). En este caso, gracias a esta reposición de Tosca en La Scala algunos podremos ver a la Serafin allí en ese papel, que no lo pudo abordar esta temporada por su maternidad.
Yo creo que en España, que es un país que casi vive del turismo, no tiene sentido que lo despreciemos así. Por ejemplo, la Plaza de las Ventas se puede mantener como plaza de temporada (con toros todos los domingos, fuera de la feria de San Isidro) gracias a los turistas japoneses (y a los duros del 7 que van siempre). Pues oye, bienvenidos.