Muy interesante el
Ernani de Cinesa, ópera maravillosa, a camino entre
I lombardi (incluso
Nabucco) e
Il trovatore (o al menos eso me parece a mí). Además no la conocía -aún no he abordado mucho el Verdi de galeras- aunque unos días antes la escuché entera en Youtube cantada por Corelli, L. Price, Sereni y Siepi.
Roberto Aronica empezó bastante apurado, temí que no llegara al final, pero la verdad es que fue mejorando a medida que la obra avanzaba. Aunque su parte solista principal está al principio (este Verdi...) lució muy bien en los conjuntos. Por cierto, se pone bizco en los agudos, las pasa canutas pero los da. No es para tirar cohetes pero es un tenor muy digno.
A
Dimitra Theodossiu sí que no la conocía. Solventó bien un papel que me parece muy complicado en el primer acto, pero que se suaviza en los sucesivos. No es una voz que me guste mucho, me dio la impresión de que está algo gastada y los agudos me suenan algo chillados. En los pianos sufre un poco. Interpretativamente pone siempre la misma cara pero se implica. También digna.
Ferruccio Furlanetto sigue siendo el tuerto en el reino de los ciegos. Su voz está gastadísima pero es potente y noble. Para papeles como estos, perfecta. Sigo sin saber por qué nos hizo un Fiesco tan malo en Madrid. Su gran aria, "Infelice! E tuo credevi" (por cierto, maravillosa), la cantó muy bien.
Y llegamos a lo mejor de la noche:
Ivan Inverardi (no InVerdi). Un gigantón con cara de Antonio Canales, o del padre de Padre de familia (o de un compañero de trabajo mío que no conocéis y no viene al caso contaros más cosas, panda de cotillas), con más gestos y muecas que Nucci o Millán Salcedo en un episodio de epilepsia. Tiene vozarrón pero en las notas agudas saca una vocecita de falsete (o falsetone, no sé, que me dio la risa)... Para declamar está bien, pero que no le den un "O sommo Carlo" más. Hala, al
Wozzeck o a
Pelleas.
El coro, espléndido en sus momentos, que son muchos. La puesta en escena muy bonita, nada novedosa, con sus arcos góticos apuntando

al Renacimiento y ropajes de época.
Y una cosa más: el libreto tiene lo que es para mí la mayor genialidad de las óperas verdianas. No me digan que la ocurrencia de que Carlo le dé un cuerno a Silva para que acabe con su vida no es genial. Éste, que los debe de coleccionar a pares. Pura metáfora.