Yo acudí gracias a la generosidad de cierta condesa de la Rusia zarista
Efectivamente, la factura del documental es impecable y, a priori, y a la espera de ver las jornadas completas, la producción va en la línea de lo que sería positivo (y yo apoyo): aprovechar las ventajas y medios, especialmente audiovisuales, que ofrece la tecnología actual, pero respetando el espíritu de las obras y sin buscar la provocación gratuita, ni la rayadura mental, ni el adoctrinamiento interesado.
Si es verdad que no parece que haya una gran dirección de escena ni trabajo con los cantantes, más allá de torturarles con arneses, vuelos varios, inclinaciones por las que deben escalar, obstáculos..., pero esto es la batalla perdida actualmente. Ver a toda una Brunilda del MET (aunque sea la "nunca voz para este papel", depauperada y muy a la baja Debora Voigt), tropezarse con la plataforma inclinada, decir que no lo vuelve a hacer y tener que envainársela porque el poder del director de escena es, hoy día, omnímodo, a mí particularmente, me dió mucha pena. Pero, en fin, son los tiempos que corren y hay que tragar.