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 Asunto: Dic. V: 1ª Jornada: LA WALQUIRIA
NotaPublicado: 11 Dic 2005 17:08 
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La Walquiria



ANTECEDENTES: Wotan preso de la idea paradójica de que un héroe libre le volvería a conseguir el anillo y devolvería a las Hijas del Rin el oro robado por Alberich, salvando de este modo la destrucción de los dioses, baja a la tierra en forma de lobo, Wälse y engendra con una mortal una nueva estirpe, los welsungos.
Estos welsungos están representados por los gemelos Siegmund y Sieglinde. Un día al volver de una cacería, Siegmund encuentra su casa quemada, su madre asesinada y su hermana raptada para obligarla a casarla con el cazador Hunding (miembro de un clan enemigo).
En la boda de Sieglinde aparece un forastero que clava una espada en el tronco de un Fresno, el “Nothung”. Desde entonces nadie ha conseguido arrancarla de allí.


OTROS ASPECTOS: Se debe decir que entre el momento en que en “El Oro del Rin” los dioses ascienden al Walhalla, y en el momento en que empieza “La Walquiria” o “Die Walküre”, el dios Wotan ha ingeniado un plan para devolver el oro a las Hijas del Rin sin ser él mismo quien lo recupere para no faltar a su palabra con los gigantes Fafner y Fassolt.

Antes de que empiece “La Walquria” Wotan ha bajado a la tierra y tiene relaciones con una mortal. De esta unión han nacido dos gemelos, Siegmund y Sieglinde, que se convierten en semidioses, dado que son fruto de la unión de un dios y un mortal.
Después de engendrar a los dos hijos, éstos permanecen en medio del bosque y habitan en una cabaña, que será asaltada por el cazador Hunding, que matará a la madre sin piedad, y raptará a Sieglinde para obligarla, años más tarde a casarse con él, aunque no podrá evitar que Siegmund se escape por el bosque.

Aunque Siegmund sea un semidiós, se escapa pero desposeído de toda arma. Cuando empieza el primer acto, durante una violenta tempestad, un desconocido, agotado y perseguido por sus enemigos, busca refugio en la casa de Hunding. Este desconocido es Siegmund, que se hace llamar Wehwalt (portador de desgracia).
Sin saberlo, la casa en que halla refugio es la morada de uno de sus perseguidores, Hunding. En el momento en que Siegmund aparece después de su huida por el bosque se oye el leitmotiv de los pasos de Siegmund, con que se inicia la obra.

Exhausto de cansancio, Siegmund entra en la cabaña, donde encuentra a Sieglinde, quien también se ha hecho mayor, y a la que de entrada no reconoce.
Sieglinde se ha convertido en la esposa de Hunding y tampoco reconoce en Siegmund a su hermano, pero al ver al extraño cansado y desprotegido, se apiada, lo cuida y lo reconforta. Aparece por primera vez el leitmotiv del amor de los welsungos introducido de manera espléndida por los acordes suaves y aterciopelados de un violoncelo.

A medida que los hermanos se van conociendo, sienten el uno por el otro una fuerte atracción que es interrumpida cuando de repente aparece Hunding.
El cazador reconoce en Siegmund a su enemigo, aún así, las reglas de la hospitalidad le obligan a darle asilo aquella noche, pero, le advierte que a la mañana siguiente se verá obligado a matarle.
Hunding se reconoce ya como claro vencedor, porque Siegmund no tiene ninguna arma y será fácil derrotarlo.
Sieglinde que está con Hunding por obligación, prepara un brebaje que hará dormir profundamente a Hunding, y permitirá que Siegmund pueda escaparse.

El primer acto de “La Walquiria” es el acto del amor por excelencia, que culmina en el encuentro amoroso de los hermanos Siegmund y Sieglinde.
Musicalmente hablando, esta escena de más de una hora de duración (exceptuando la intervención en forma de diálogo con Hunding) representa el punto culminante en el quehacer de Wagner.
Este amor es expresado con detalles físicos y anímicos, de una manera sugestiva y sublime. El “amor entre gemelos” (con la que entendemos la más perfecta unión entre dos seres humanos), respira esperanza y promete consumación.
La lírica musical del amor que va brotando entre ambos hermanos que sólo reconocen el afecto mútuo y no su orígen oscuro y pasado común, es de tónica diferente a la de los personajes de “El Oro del Rin”.

La puerta de la cabaña de Hunding sirve de símbolo de la metamorfosis de la esfera mítica a la humana, sirve de símbolo de liberación de los sentimientos y de la redención de un matrimonio forzado.

Siegmund y Sieglinde quedan solos. Ella le explica que el día de su boda con Hunding, un forastero extraño y desconocido clavó una espada en el tronco de un Fresno, y dijo que aquella espada estaba destinada a un auténtico héroe que la arrancaría en un momento de extrema necesidad. Mientras lo explica, suena el leitmotiv del Walhalla, que alude claramente a Wotan.

De acuerdo a la narración de Sieglinde, la puerta de la cabaña de Hunding fue abierta de golpe por el forastero que clavó la espada en el Fresno y permanece abierta de par en par.

Mientras, afuera luce una espléndida noche de primavera, la luna llena entra de nuevo adentro iluminando con su brillante luz a la pareja (tal y como Wagner quiso para la puesta en escena). De este modo la naturaleza “bendice” la unión de Siegmund y Sieglinde. Los hermanos dan rienda suelta a su amor con la entrada de la primavera.

La música, mediante las amplias evoluciones de la “melodía interminable” que se entrelaza y una “armonía erotizada”, también nos dice qué pasión de los sentidos inflamados está empujando a los hermanos al abrazo mútuo.

Cuando Sieglinde ha acabado su narración y pide a Siegmund que se vaya, los dos se dan cuenta de lo que sienten el uno por el otro. Siegmund, desarmado, recuerda que su padre le había prometido que en el momento en que le fuera necesario encontraría el arma necesitada. Se imagina que aquel extranjero desconocido es su padre Wälse (Wotan) y que dejó la espada para su hijo, él, y en consecuencia él y Sieglinde son hermanos. Al darse cuenta de ello, y ante el inminente amor surgido entre los hermanos, comprende que quizás pueda necesitar la espada si decide huir con Sieglinde.
Se aproxima al árbol y la arranca. Aquella arma es la espada prometida, que el leitmotiv del “Nothung” ya ha anunciado. Siegmund la nombra “Nothung” (necesaria) y junto a su hermana Sieglinde, emprenden su huída observados por su padre Wotan desde el Walhalla.


Finalizado el primer acto de “La Walquiria” se ve claramente que el ascenso de los dioses al Walhalla no es casual, sino que responde a un plan preconcebido por el dios Wotan. Se ve claramente que entre una obra y otra ha pasado tiempo, y que igual que sucede en el final de “El Oro del Rin” Wotan tiene que ingeniárselas para devolver el oro a las Hijas del Rin.
El oro se lo ha quedado de manera momentánea el gigante Fafner que además de poseer el anillo y el yelmo mágico, lo que le ha permitido convertirse en un gran dragón, custodia el tesoro en el fondo de una cueva.
La única manera que tiene Wotan de recuperar el oro, sin que sea él mismo quien lo robe, es engendrando a un héroe libre, y que sin la ayuda de ningún dios, lo recupere por él y lo devuelva a las Hijas del Rin. La razón por la cual Wotan no puede recuperarlo es porque ha sido este oro, el anillo y el yelmo la recompensa a la construcción del Walhalla y robándolo a Fafner se convertiría en un vulgar ladrón.
Wotan engendrará con una mortal un héroe para que recupere el oro, porque ni él mismo ni ningún otro dios pueden ir a enfrentarse con Fafner convertido en dragón y matarlo.
A raíz de esto se comprende que la espada “Nothung” la había clavado en el Fresno para que Siegmund se enfrentara al dragón Fafner y no para luchar con Hunding por llevarse a su hermana Sieglinde, de la que se ha enamorado.


En el acto segundo aparece por primera vez el personaje que da título a la primera jornada de “El Anillo del Nibelungo”, es decir, Wagner nos presenta a la “walquiria”.
De acuerdo con la mitología nórdica, las walquirias son mensajeras de Wodan (en la obra, Wotan).La palabra walquiria procede de:

a. WAL: la palabra proviene del alemán medieval “WALSTATT” y significa CAMPO DE BATALLA.

b. KÜR: significa “ELECCIÓN”.

La principal tarea de las walquirias es escoltar a los héroes caídos en combate en el campo de batalla hacia el Walhalla, pero solo a héroes masculinos.
La Cabalgata de las walquirias que constituye el preludio del segundo acto y que está plenamente desarrollado en el acto tercero, es uno de los fragmentos más difundidos de la Tetralogía, y sugiere el espacio infinito del mundo cósmico y supraterrenal.

Cuando se eleva el telón en el segundo acto, encontramos al dios Wotan relativamente feliz que contempla la unión de los hermanos Siegmund y Sieglinde, y a pesar de que la espada clavada en el Fresno, a la que Siegmund nombra “necesaria” tenía como finalidad matar al dragón Fafner y recuperar el oro para devolverlo a las Hijas del Rin, piensa aún que Siegmund es el héroe que llevará a cabo sus planes.
En este mismo momento es cuando el espectador conoce a Brunilda, la hija de Wotan y Erda. Brunilda se nos presenta como las demás walquirias: amazona armada que exclama el grito de batalla: “Ho-jo-to-ho”.

Quizás sea momento de aclarar que de walquirias hay nueve, todas fruto de la unión de Wotan con Erda, y de las cuales, Brunilda, ocupa una posición excepcional porque es la hija mayor y predilecta de Wotan, y personifica el deseo mas íntimo del dios, su inconsciente, y es cuando entra por primera vez en conflicto con su padre, cuando se refleja la falta de armonía interior de Wotan.

Por esta misma razón por la que Brunilda ocupa este lugar tan especial para Wotan, es precisamente a ella quien encarga una importante misión: velar y proteger a Siegmund cuando éste se enfrente con Hunding, y de esta manera asegurarse el triunfo del héroe (y con la simple finalidad de que este héroe, engendrado por Wotan veinte años antes, recupere el oro y lo devuelva a las Hijas del Rin, acabe con la maldición de Alberich y reestablezca la paz al Walhalla) asegurando la existencia de los dioses. Cuando Brunilda ve la confianza que su padre le demuestra, entona su canto de guerra y desaparece de la escena al ver que se acerca Fricka.

Realiza entonces su aparición Fricka la cual exhorta a su esposo a no aumentar el número de sus engaños, pues el dios de la Ley (reflejado en su lanza) no puede tolerar ninguna infracción, plasmada en este caso, en la relación incestuosa de los dos hermanos Siegmund y Sieglinde. No debe permitir que Siegmund se lleve a la mujer de Hunding, y mucho menos que su hija Brunilda vele por la seguridad y por la vida del welsungo, sino al contrario, debe dejar que Hunding mate a Siegmund.

Entramos aquí en una de las escenas más importantes y sobretodo reveladoras de la Primera Jornada, puesto que el diálogo entre Wotan y Fricka es clarividente y nos hace patente una vez más los engaños de Wotan, los cuales Fricka ha descubierto. Ésta se queja ante su marido:


“Con gran tristeza tenía que soportar que fueras al combate con las feroces hijas que engendraste de indignos amores”.


Fricka está aludiendo a las walquirias, de las cuales conoceremos su origen en la escena siguiente, en el monólogo de Wotan, cuando este reflexiona ante su hija Brunilda. Wotan le replica defendiéndose:


“Nada comprenderías aunque te lo explicase, de lo que no puedes saber antes de que se cumplan los hechos. Sólo tratas de entender lo más habitual: pero el pensamiento aspira a lo que aún no se ha producido. ¡Escucha un cosa! Es preciso que haya un héroe que, sin ayuda divina, se salte la ley de los dioses. Sólo él, así, será capaz de llevar a cabo la proeza que los dioses necesitan, pero que el dios no puede hacer”.


Precisamente con estas palabras es donde Wotan se traiciona y deja al descubierto su engaño al mundo y su engaño a sí mismo, y, puesto que es preciso que sea un héroe libre y sin la ayuda de un dios el que recupere el anillo, Fricka le contrarresta diciéndole que si el welsungo Siegmund los desafía es porque ha sido el mismo Wotan quien le ha proporcionado el “Nothung” que Siegmund ha ganado. La respuesta implacable de Fricka hunde a Wotan, que ve su plan descubierto:


“Tu le causaste esas cuitas igual que le llevaste la espada. ¿Pretendes engañarme a mí, que día y noche te sigo de cerca? Tú clavaste para él la espada en el tronco, tú le prometiste la noble defensa: ¿vas a negar que sólo tu astucia le atrajo hasta la espada?


En un principio Wotan, cegado, convencido, y engañándose a sí mismo, por la idea de que Siegmund es el héroe deseado por él y que asegurará la existencia de los dioses en el Walhalla, se resiste a la petición de Fricka, pero al final, muestra de su debilidad: Wotan acaba accediendo y renuncia a su plan.
Fricka le exige además que aparte a Brunilda del combate, puesto que aunque Wotan le replica, ella sabe perfectamente que la walquiria sólo obedece la voluntad del dios.
Aunque Wotan sacrifica a Siegmund, sabe perfectamente que no se queda sin descendiente, pues Sieglinde está embarazada, el hijo de Siegmund crece en su seno, y cree, que finalmente, será éste quien de una vez por todas, recupere el oro.

Este pensamiento salvador de Wotan es su tercera falsa ilusión y precisamente en este punto, es donde empieza otra de las escenas cruciales y por supuesto la más reveladora para el desarrollo de la Tetralogía.

Llega Brunilda advirtiendo que la conversación mantenida entre su padre y Fricka no ha sido del todo satisfactoria para el dios. Wotan se lamenta de que ha caído en su propia trampa y su hija le implora que confíe en ella. Este diálogo entre padre e hija es esencial para entender la psicología y astucia de Wotan:


“Si hablas de la voluntad de Wotan, tú dime qué quieres. ¿Quién soy yo sino tu voluntad? – le dice Brunilda.


A partir de aquí empieza lo que se conoce como monólogo de Wotan, donde se entiende el giro crucial que realiza la Tetralogía ya apuntada en “El Oro del Rin”. Wotan reflexiona y habla a Brunilda:

“Lo que a nadie diré con palabras inexpresado quede para siempre: conmigo solo me aconsejo cuando hablo contigo”. Esta frase denota que Wotan esconde algo, una cosa es la voluntad aparente que pretende hacer ver, la que quiere que cumpla Brunilda, y otra es lo que realmente, en su interior más íntimo, aquel interior al que Brunilda no llega, es lo que realmente desea él. Continúa luego su monólogo:


“Cuando palideció el placer de los amores juveniles, mí ansia aspiró el poder: llevado por la furia de impulsivos deseos, conquisté el mundo. Inconsciente traidor, practiqué la infidelidad, establecí pactos que comportaban desgracias: astutamente me arrastró Loge para después huir, errante. Pero yo no quería renunciar al amor, teniendo el poder exigía pasión”.


En esta parte Wotan está aludiendo de forma clara a los antecedentes del Prólogo del Anillo del Nibelungo, algunos de estos hechos, los conocemos ahora por primera vez. Wotan quiso el poder y arrancó del Fresno del mundo una rama que convirtió en lanza donde grabó pactos y contratos que ni él mismo respetó, tenía poder, pero no quería renunciar al amor, ni envejecer. Continúa:


“El engendro de la noche, el medroso nibelungo, Alberich, rompió la alianza; maldijo al amor y gracias a esa maldición se apoderó del brillante oro del Rin y con él tuvo un inmenso poder. El anillo que forjó se lo quité con engaño, pero no lo devolví a las Hijas del Rin: me sirvió para pagar los pináculos del Walhalla, la fortaleza que erigieron los gigantes y desde la cual he gobernado el mundo. La que todo lo sabe, todo lo que alguna vez fue, Erda, la sagrada y más sabia profetisa me instó a desprenderme del anillo, me puso en guardia sobre el fin eterno. De este fin quise saber más; pero la mujer desapareció sin decir nada. Entonces perdí el despreocupado valor: el dios deseaba saber como fuera. Bajé al vientre de la tierra, con encantos de amor, sometí a la profetisa tentando el orgullo de su sabiduría, obtuve lo que necesitaba saber. Tuve de ella el conocimiento y ella recibió de mí una prenda: la mujer más sabia del mundo te concibió, Brunilda, para mí. Te eduqué con tus ocho hermanas, con vosotras, walquirias, quería evitar lo que la profetisa me había hecho temer: EL FIN VERGONZOSO DE LOS DIOSES”.


Aquí es donde reside la clave de la Tetralogía, lo que obsesiona a Wotan es este fin de los dioses que pretende evitar por todos los medios, ideando astutos planes y engendrando héroes que de poco le van a servir. Este ocaso de los dioses es lo que mueve y condiciona toda la Tetralogía.
Aquí es cuando obtenemos más datos, sabemos al principio de “La Walquiria” que han pasado más o menos veinte años desde que los dioses ascendieran al Walhalla al final de “El Oro del Rin”, somos conocedores de que Wotan ha engendrado una nueva estirpe, pero hasta este momento, no sabemos de donde proceden las walquirias.
Wotan, preso de curiosidad, ha absorvido la sabiduría de Erda, y ha obtenido la información que necesitaba: el fin de los dioses es inevitable, sabe como vendrá y debe, almenos, intentar retrasarlo como sea.
Pero Wotan aún no es suficientemente maduro como para entenderlo y aceptarlo y rebela a su hija Brunilda:


“Pon mucha atención a lo que me advirtió la profetisa! El fin de los dioses va a venir por el ejército de Alberich; con envidiosa rabia, el Nibelungo siente rencor por mí; a pesar de ello no temo sus legiones nocturnas, mis héroes me procurarán la victoria. Pero si llega a conseguir el anillo, entonces el Walhalla estará perdido”.


Para intentar evitar el fin de los dioses, explica a Brunilda, Wotan hizo lo siguiente:


“Preocupado, yo mismo he buscado el modo de arrebatar el anillo al enemigo. Uno de los gigantes, aquel a quien antes había recompensado por su lealtad con el oro maldito, Fafner, ahora guarda el tesoro que fue la causa de que matara a su hermano. Debería robarle el anillo que yo mismo le pagué como tributo. Pero no puedo ir a ver a aquel con quien traté, sin fuerza ante él, me faltaría el valor: éstos son los lazos que me tienen atado: yo, señor gracias a los tratos, soy ahora de los tratos esclavo. Sólo un ser podría hacer lo que yo no puedo: un héroe que nunca ha recibido mi ayuda, que lejos del dios y exento de sus favores, inconsciente, sin orden, por necesidad personal, con las propias armas, puede llevar a cabo el hecho que yo he de temer, pero nunca con mi consejo, ¡aunque fuera mí único deseo! (…) ¿Cómo crear a ese otro que ya no sea yo y que haga por sí solo solamente lo que yo deseo? (…) A ese otro que anhelo, a ése no lo percibo: pues el hombre libre debe hacerse a sí mismo ¡y yo sólo modelo siervos!”.


Wotan engendró al welsungo Siegmund, un héroe hecho a su medida que recibió la ayuda del propio dios. No estaba más que traicionándose él mismo, traicionando la idea que su mente debía ansiar: recuperar el oro cuando antes y devolverlo a las Hijas del Rin y de esta manera reestablecer el orden, aún a sabiendas, de que la caída era inevitable. Pero Wotan con su astucia, es conocedor que mientras el tesoro lo “someta” Fafner, los dioses y su existencia está asegurada, por tanto, engendrando al welsungo no hace más que retrasar dieciocho años más, o menos, el ocaso de los dioses.
Brunilda está desconcertada, entonces pregunta a su padre si Siegmund no actúa libremente y Wotan continúa:


“(…) contra la venganza de los dioses sólo le protege la espada, que le ha concedido el favor de un dios. ¿Cómo pretendía engañarme a mí mismo? ¡Con qué facilidad Fricka ha descubierto mi mentira! ¡Para mi gran vergüenza ha visto mis intenciones! Debo acatar su voluntad. (…) Toqué el anillo de Alberich, tuve ávido el oro en las manos. Huí de la maldición pero ella no huye de mí: debo abandonar lo que amo, matar lo que más quiero, ¡engañar y traicionar a quien confía en mí! (…) ¡Qué se hunda lo que yo levanté! Renuncio a mí obra, sólo quiero una cosa: ¡el fin, el fin!. Pero ya se ocupará Alberich del fin”.


Wotan quiere el final de los dioses porque sabe que es inevitable, pero se pone de manifiesto una vez más que no es lo suficientemente maduro aún para resignarse a los acontecimientos.


“Ahora comprendo el oculto sentido de las duras palabras de la profetisa: ‘Cuando el tenebroso enemigo del amor engendre un hijo en la cólera, el fin de los dioses estará cerca’. Noticias recientes he tenido del nibelungo: que el enano sedujo a una mujer forzándola con el poder del oro, una mujer arrastra el fruto de su odio, el poder de la envidia crece en su seno; tal maravilla ha llevado a cabo el privado de amor, y yo que lo intenté con amor no he logrado engendrar al hombre libre”.


De esta manera, Wagner nos va retratando al Wotan más íntimo que “desnuda” su alma ante la hija, y vemos por primera vez expuestos sus conflictos internos. Wagner nos muestra la debilidad del dios que descubierto por Fricka decide finalmente ordenar a Brunilda que derribe a Siegmund en el combate. Brunilda se resiste, no puede comprender la contraorden de su padre, puesto que fue él quien le enseño a querer al welsungo.


“¡Ah insolente! ¿Me desobedeces? ¿Quién eres tú, sinó la ciega manifestación de mí voluntad? – le replica Wotan a su hija.


En la escena siguiente, es donde prodremos apreciar la metamorfosis de Brunilda, puesto que obedeciendo las órdenes de Wotan, mantiene un diálogo nocturno con Siegmund, al que debe anunciar su muerte inminente.
Brunilda informa a Siegmund que se le ha aparecido el mensajero de la muerte, que ya no tiene las puertas abiertas para una vuelta a la vida. Aparece el leitmotiv del anuncio de la muerte. Brunilda le dice que cuando un héroe como él, ve una walquiria como ella, es que su muerte está próxima, y en consecuencia debe prepararse para morir y reposar eternamente en el Walhalla.

Ante esta revelación de Brunilda, Siegmund pregunta:


“¿Encontraré en el Walhalla a Wälse, mi propio padre? (…) ¿Me recibirá en el Walhalla una mujer jubilosa? (…) ¿La hermana y esposa acompañará a su hermano? ¿Allí abrazará Siegmund a Sieglinde?”


Brunilda le revela que en el Walhalla será recibido por doncellas de ensueño, la hija de Wotan, ella, le servirá néctar con toda naturalidad, pero allí no encontrará Sieglinde que está destinada a vivir y es cuando Siegmund, preso de amor, se dirige nuevamente a Brunilda de forma tranquila:


“Pues entonces, saluda al Walhalla de mí parte, y a Wotan, y saluda también a Wälse y a los demás héroes, y doncellas de ensueño, ¡no te seguiré hasta ellos”.


(Nótese que Siegmund se refiere siempre a Wotan como Wälse, porque en realidad no sabe la verdadera identidad de su padre terrenal, de Wälse, cree que éste y Wotan son dos personas distintas).

Desesperado le señala su espada invencible, su “Nothung”, pero Brunilda le advierte al héroe que le ha condenado a muerte el mismo dios que una vez le diera la espada (es decir, el padre de ambos). Se ve claramente aquí que uno se refiere a Wälse y el otro a Wotan.
Esta noticia duele profundamente a Siegmund porque supone el abandono hacia Sieglinde y se enfurece contra su padre. Él cree que Brunilda no puede entender este amor a causa de su naturaleza divina, y esto es lo que genera el primer paso de la metamorfosis de Brunilda y esto es lo que le abre camino en su conversión hacia mujer.
La misma anuncia al héroe que Sieglinde lleva en su seno un hijo, revelación a la cual Siegmund reacciona queriendo matar a Sieglinde, o los dos entran en el Walhalla, o nada. Siegmund desea la muerte para los dos o la vida juntos.
Brunilda queda sorprendida, pues nunca ha visto ni conocido el amor humano en la excelsitud del dolor y del sacrificio. Ahora que lo ha conocido, decide desobedecer a su padre Wotan en el momento en que ve la gran intensidad del sentimiento de Seigmund hacia Sieglinde.
Brunilda abre los ojos y se enternece hacia la joven pareja impidiendo que Siegmund mate a Sieglinde, rebelándose de este modo contra las leyes y los mandamientos crueles de su padre, a quien lo único que le importa es la recuperación del oro.

Con este acto Brunilda antepone el sentimiento a la fría razón. ¿Cómo debe ser este amor de Siegmund que prefiere a Sieglinde en lugar de los goces del Walhalla? ¿Qué protección no merece este amor sublime?
El sentimiento vence la fría razón y este sentir de Brunilda, más clarividente que la Voluntad de su padre Wotan, es el que vaticina el nacimiento del hijo de los welsungos. Por este mismo motivo se dice que Brunilda personifica el más íntimo deseo de Wotan (porque éste en realidad es obligado a cambiar de planes inducido por su actual esposa Fricka).

Lo que Wotan no sabe, lo sabe Brunilda. Lo que el raciocinio y la mente no han podido prever, lo ha previsto el corazón. He aquí que la voluntad de Wotan se despierta en la walquiria y se apodera de su alma, la cual, olvidando deberes y mandamientos, toma la iniciativa y de manera totalmente espontánea protege a Siegmund, realiza lo que su padre no se atreve a hacer. Siegmund tiene que vivir porque ella lo protegerá. Así se lo anuncia. Brunilda, responsable de sus actos y de sus sentimientos, y consciente de que la moralidad de Siegmund es más valiosa que la de los dioses, se actúa como humana.

Llega el momento en que Siegmund debe enfrentarse a Hunding, y Brunilda, sabiendo que en el fondo su padre Wotan lo que hubiera querido era que ayudara a su hermano Siegmund, decide ponerse al lado del héroe, hecho que Wotan no puede tolerar, y que enfurecido, debe intervenir personalmente en la lucha para hacer lo que prometió a Fricka.
Con su lanza, Wotan rompe la espada que el mismo había clavado en el Fresno para su hijo Siegmund, quedando de ella dos trozos, queda por lo tanto destruido el símbolo de la valentía de los welsungos.
Siegmund cae mortalmente herido a manos de Hunding, e inmediatamente, Wotan mata a Hunding.
Antes que nadie tenga tiempo de reaccionar, Brunilda recoge los trozos del “Nothung” y huye rápidamente con Sieglinde hacia la roca donde se reúnen las walquirias, porque de la lucha que ya ha finalizado ha comprendido que con la caída de Siegmund, la venganza de Wotan irá encaminada hacia la exterminación de la estirpe welse, que él mismo ha creado, y Brunilda, impulsada por el amor y el deseo de complacer a su padre en la parte más noble de su voluntad, la protege. Montada en su rápido corcel Grane, corriendo cual el viento, la lleva al lugar donde el resto de las walquirias la esperan para conducir a los héroes muertos en combate hacia el Walhalla.


El tercer acto de “La Walquria” empieza con un preludio que es un fiel exponente de la vida de las walquirias. El viento silva entre los peñascos, los corceles relinchan y se oyen gritos salvajes y risas, todo es inconsciencia en aquel mundo irreal. Las diosas completamente armadas esperan el momento de entrar juntas al Walhalla. Rossweise y Grimgerde llegan transportando cada una en su caballo el cuerpo de un héroe muerto en combate, y son recibidas por sus hermanas con gritos guerreros de bienvenida.
En medio de una bulliciosa alegría Sigrune divisa Brunilda que se acerca apresuradamente. Ninguna de ellas había visto nunca un cabalgar tan veloz. Parece que Brunilda está huyendo.
En realidad ésta lleva en su corcel no un héroe sino una mujer. Explica a sus hermanas la tragedia de Sieglinde y con insistencia pide ayuda para la infeliz mujer, pero las walquirias, temiendo la ira castigadora de su padre, no la quieren escoltar.

Sieglinde no desea sino morir y ruega a Brunilda que le clave la lanza en el corazón. La walquiria con entusiasmo sublime le dice que lleva un welsungo en su seno. El rostro de la desdichada Sieglinde se ilumina y una ilusión incomparable brota de todo su ser. ¿Quién puede comprender la felicidad de una mujer que lleva en sus entrañas el fruto de un verdadero amor? Esa vida que nace es la propia del ser amado. La dulzura de esa intimidad le da una fuerza invencible. Solo Wagner es capaz de describir este momento glorioso de la mujer.

Sieglinde no quiere morir y pide el socorro de las walquirias, vírgenes temerosas, sin posibilidad de comprensión, se lo niegan de nuevo. Con un desgarrado grito de dolor cae a los pies de Brunilda: “Sálvame tu, salva a la madre”.
La walquiria no tiene corcel para darle ni le puede ofrecer su compañía pues debe aguardar a su padre Wotan para que descargue sobre ella todo el peso de su ira, y decidida, le dice que huya sola, que con gallardía conozca que es el hambre, la sed y las piedras del bosque, y librándole el “Nothung” le da nombre a su hijo: “Sigfrido” (Paz en la victoria, o el que se complace en las victorias) héroe hijo de los welsungos. Aquí se nombra por primera vez al héroe del cual Wagner quería narrar su vida.

Brunilda aparte de entregar a Sieglinde los trozos de la espada, también le dice dónde debe esconderse, con la finalidad de que Wotan no la encuentre y extinga la estirpe de los welsungos.
Sieglinde deberá esconderse en el bosque donde Fafner guarda el oro. Este es el lugar elegido, pues Wotan, ni ningún otro dios puede acercarse allí. Sieglinde bendice a Brunilda con sublime exaltación y por primera vez la música nos hace sentir toda la fuerza de un amor que redime al mundo.

Acompañado de una nube tempestuosa, llega Wotan en busca de Brunilda para castigarla, terrible sufrimiento el de éste, pues para mantener le poder, se ve obligado a cometer la más grande injusticia con la persona amada.
Como hemos dicho, Brunilda, desobedeciendo a su padre, ha defendido al welsungo, cometiendo el gran error de seguir el impulso de su corazón y no los dictados de la razón. La sabia walquiria, reina de los combates, se ha dejado enternecer por el amor humano. El castigo que recibirá será cruel, pues será despojada de su divinidad, quedará desatada de la voluntad del dios, y será condenada a dormir en un completo abandono hasta que un hombre, el primero que la desee, la despierte y la haga suya.

El resto de las walquirias piden gracia para Brunilda, pero la ira del dios Wotan es implacable. En apariencia la walquiria desobediente acepta la sentencia de su padre, pero en realidad lo que consigue es aleccionar y purificar al padre.
Hace presente a Wotan lo incómoda que se sintió ante la queja humana, ante el amor de unos corazones libres, ante los sufrimientos humanos que hacen frente al destino.
Esta fue la única razón por la que se rebeló contra la intención del que había plantado en su corazón el amor por la estirpe de los welsungos.
Es entonces, en este punto, cuando en la orquesta nace un nuevo tema, que resuena con los oboes y los clarinetes, y es una variante sublime y conmovedor del leitmotiv de la lanza. Aparece el leitmotiv del amor filial de Brunilda hacia Wotan.

Este tema revela la intención de de Wotan de planear un buen orden para el mundo, pero el mismo Wotan ha hecho callar su mejor lado, que está representado por Brunilda.
Será en la última escena de la obra, donde Wotan llegue a una situación de análisis en la que va reconociendo, poco a poco, su injusticia. Brunilda va deshaciendo en su padre una falsa armonía interior. El dios por su parte de despide aquí de sus sueños de juventud y de la concepción de un orden del mundo bien gobernado por los dioses. Se da cuenta que todo ello se ha convertido en una ilusión.

Wotan renuncia a los planes de autosalvación, de matener el poder de los dioses y se va abriendo paso a la convicción de que debe llegar un orden nuevo que prescinda de los dioses. Wotan se ha ido convenciendo de la necesidad de renunciar, pero aún no es suficientemente maduro para aceptar la situación inevitable. Su lanza que en el acto segundo rompió el “Nothung” de Siegmund, se ha convertido en un símbolo. Ha comprendido que Brunilda ha actuado por amor.

Aceptando el castigo de Wotan, Brunilda piensa en Sigfrido. Si fuera él quien la despertara… Hijo de los welsungos, poseedor del “Nothung”, él será el más grande héroe del mundo, y le dice a Wotan:


“Si debo abandonar el Walhalla, y no actuar ni regir nunca más contigo, y en adelante debo someterme a los designios de un hombre, ¡no me entregues a un cobarde jactancioso! ¡Que no sea indigno de ganarme! (…) Engendraste un noble linaje; de él no puede salir ningún temeroso: ¡el más consagrado héroe, lo sé, nacerá de la estirpe de los welsungos! (…) Si en un sueño pesado debo caer sumida, siendo presa fácil del más cobarde de los hombres; ¡escucha, por lo menos, lo que te ruego con sagrada angustia! ¡Protege a la durmiente con algún peligro terrorífico para que así sólo un héroe libre y sin miedo sea el primero en encontrarme aquí sobre la roca! (…) Destroza a esta hija que te abraza las rodillas, pisotea a tu preferida, aniquila a la doncella, que tu lanza destruya todo rastro de su cuerpo: ¡pero no la entregues, cruel, al más horrible de los ultrajes! Que por orden tuya se encienda un fuego; que ardientes brasas enrojezcan las rocas circundantes; que sus lenguas laman y sus dientes muerdan al pusilánime que, insolente, se atreva a acercarse al risco”.


Wotan renuncia a Brunilda y suena el leitmotiv de la renuncia al amor y cediendo al deseo de su hija, que es en realidad el orgullo más sagrado de su corazón, coge su lanza y convoca a Loge para encargarle que proteja la peña donde Brunilda dormirá hasta que el héroe libre la encuentre. En este momento aparece el leitmotiv del encantamiento del fuego. Las llamas ardientes de representan con un motivo extremadamente inquieto (flautín y seis arpas).
Pero, no será únicamente el fuego que separará Brunilda de Wotan, pues él, con su lanza sagrada pondrá el último obstáculo al valiente que intente pretenderla. El leitmotiv brillante de Sigrido que subraya sus palabras nos hacen comprender que Wotan aprueba definitivamente la unión del welsungo y la walquiria:

“Quien tema la punta de mí lanza que no atraviese nunca el fuego” son las últimas palabras de Wotan en “La Walquiria”.

Trazando el círculo de fuego que envolverá a Brunilda, se cierra el círculo del poder de acción de Wotan, puesto que deviene prisionero de su propia voluntad creando compromisos que atan sus deseos y con ello pierde su poder para el resto de la Tetralogía.


brunilda

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NotaPublicado: 11 Dic 2005 17:49 
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Tantas cosas que decir que en este momento no tengo tiempo...pero mañana ataco la Walkyria y, de paso, cuelgo fragmentos de diversos intérpretes y épocas (tengo 8 grabaciones completas, la ópera de la que más grabaciones tengo)...podía organizar, incluso, un juego de las versiones, si os parece, jalu y brunilda...por ejemplo del monólogo de Siegmund o del dúo final (quién ganará? Lehmann-Melchior, Vickers-Rysanek, Vinay-Resnik, Windgassen-Brouwestijn, Müller-Völker....)


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El idiota escribió:
Tantas cosas que decir que en este momento no tengo tiempo...pero mañana ataco la Walkyria


Atacas???? Ay, ay, ay... qué me dejé esta vez... :wink:

brunilda

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 Asunto: Walquiria
NotaPublicado: 12 Dic 2005 4:31 
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No te asustes Brunilda, tu trabajo está excelente!!!!!


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:shock: ...me refería a atacar en el sentido de empezar a hablar del tema, no en el sentido de atacar lo que tú has dicho, brunilda... :roll:

:wink:

Ahora mismo no puedo, pero en unas horas suelto alguna parrafada y subo extractos a mis dominios!


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Idi, por qué no incluyes entre las parejas a concurso la de King-Crespin )ambos colosales)?
Y no habrá ninguna con Windgassen y Nilsson, no?


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NotaPublicado: 12 Dic 2005 13:07 
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El idiota escribió:
:shock: ...me refería a atacar en el sentido de empezar a hablar del tema, no en el sentido de atacar lo que tú has dicho, brunilda... :roll:

:wink:



Uff... "meno male"... :oops: :wink:

brunilda

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NotaPublicado: 12 Dic 2005 13:14 
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Werther escribió:
Idi, por qué no incluyes entre las parejas a concurso la de King-Crespin )ambos colosales)?


Porque la tengo prestada, pero si alguien la tiene que la suba...


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NotaPublicado: 12 Dic 2005 13:42 
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Me la alquilaré la semana que biene, pero como no se subir... :oops:


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 Asunto: Balquiria
NotaPublicado: 12 Dic 2005 15:58 
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En castellano es Walquiria o Valquiria? Siempre pense que era con "V"... :roll:


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 Asunto: Re: Balquiria
NotaPublicado: 12 Dic 2005 16:32 
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Amadeo escribió:
En castellano es Walquiria o Valquiria? Siempre pense que era con "V"... :roll:


En el prólogo a su traducción del libreto del Anillo el bueno de Ángel Fernando Mayo se tira unos párrafos hablando sobre la cuestión y concluye que Walkyria, aunque no recuerdo la argumentación... :roll:


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NotaPublicado: 12 Dic 2005 17:31 
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Bien...la Walkyria...una de mis óperas favoritas (de mis 5 favoritas, diría yo) y la ópera de la que más grabaciones tengo (siempre deseo tener más y más!).
Qué puedo decir en poco espacio sobre este monumento de la Historia de la Música!!??!?!?! (aunque para mí, Tristán es insuperable)...yo creo que es la ópera con más clímaxes (o como sea el plural de clímax) de la Historia. La tensión y la energía son aplastantes, casi telúricas...y el libreto! sabéis una cosa? Leí el libreto de la Walkyria antes de escucharla por primera vez (esto fue hará unos 10-12 años) y me pareció una obra maravillosa...la fuerza de la letra es tan impresionante que la música no podría ser otra que la que es: sublime.

La ópera empieza con una tormenta...pasamos del fastuoso final del Oro a una tempestad...y vemos a Siegmund, el héroe perseguido (casi un antihéroe) herido, cayendo vencido. Y a una mujer, sola en su casa, que lo cuida y le da de beber. Y cuando lo hace suena en el violonchelo una de las melodías más hermosas de la historia de la ópera..el del amor de los wälsungos, los hijos de Wälse.
Porque ellos son hermanos y no lo saben...ella es esa hermana a la que él perdió siendo niño, cuando atacaron su casa y se la llevaron...ahora está sometida a un hombre al que no ama, casada a la fuerza y su única esperanza es que alguien sea capaz de arrancar del árbol en el que su cabaña se ha construido la espada que un viejo dejó clavada un día, el día de su boda. Su única esperanza es que aparezca quien la libere de la tiranía de su marido, aquel a quien ese viejo de mirada familiar se la prometió.
Y aquí está...y es su hermano, su gemelo. Y se aman. El final de este primer acto es glorioso (el primer clímax de la ópera), ambos descubren que son hermanos y ella le llama "Siegmund", el victorioso.
Y aquí se produce un momento musicalmente intrigante: Siegmund se acerca a la espada y la arranca del tronco, pero antes de eso, dice:

Supremo sufrimiento
del amor sagrado,
extrema aflicción
del fuerte deseo

Y...qué escuchamos??? el Leitmotiv de la renuncia del amor de Alberich!! Por qué? Por qué en este supremo momento de pasión en el que él va a conseguir la espada que su padre le ha prometido y liberar a su hermana / hermana Siegmund canta el Leitmotiv de la maldición del amor?
Hay muchas teorías, pero yo, personalmente, opino que en este momento de amor supremo, la orquesta nos recuerda que en el mundo del Anillo del Nibelungo el amor no puede vencer...Siegmund está atado, por mucho que se quiera liberar y su amor perecerá, maldito como está por Alberich. Por eso, por mucho que este sea un momento de pasión exacerbada, sabemos que no va a durar, que todo está condenado a la destrucción absoluta. Cuando la pasión se desborda, Siegmund rompe la puerta de la casa y ambos huyen sabemos que todo va a acabar mal...Siegmund va a morir, efectivamente, a manos precisamente de quien le ha dado esa espada y Sieglinde (sabremos en Siegfried) morirá sola, en un bosque sombrío, en la más absoluta de las soledades, tras haber dado a luz a un niño en esas penosas condiciones. Siegmund morirá, pues, sin haber podido liberar a su hermana y ésta sin haber podido ni cuidar del hijo de su amor por Siegmund.

Y éste es sólo el acto I!!!!!


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 Asunto: Mas Balquiria
NotaPublicado: 13 Dic 2005 5:21 
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Concertino
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El idiota escribió:
En el prólogo a su traducción del libreto del Anillo el bueno de Ángel Fernando Mayo se tira unos párrafos hablando sobre la cuestión y concluye que Walkyria, aunque no recuerdo la argumentación... :roll:


Tal vez Maddalena que es linguista podria ayudarnos. Una castellanizacion que empiece con "W" no me parece adecuada, pero no se; y luego la "y", tampoco...seria interesante conocer los argumentos....mientras, yo sigo llamandola "valquiria" 8) .


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NotaPublicado: 13 Dic 2005 17:57 
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Pala de Granjero
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Ya en los dominios idiotenses, las siguientes escenas de Die Walküre:

:arrow: Final del Acto I:

- Winterstürme wichen dem Wonnemond
- Du bist der Lenz, nach dem ich verlangte
- War Wälse dein Vater, und bist du ein Walsung
- Siegmund heiss' ich, und Siegmund bin ich

Jon Vickers es Siegmund, Gré Brouwenstijn es Sieglinde. Sacado de aquí.

:arrow: Final del Acto III (y de la jornada):

- In festen Schlaf verschliess´ich dich
- Leb´wohl, du kühnes, herrliches Kind
- Der Augen leuchtendes Paar
- Loge, hör! lausche hieher

Astrid Varnay es Brünnhilde y George London es Wotan. Sacado de aquí.

:arrow: Final del Acto I:

- Winterstürme wichen dem Wonnemond
- Wehwalt heibt du fürwahr

SM James King es Siegmund y Leonie Rysanek es Sieglinde. Sacado de aquí.

:arrow: Escena del Acto III:

- Nicht sehre dich Sorge um mich
- Fort denn eile

Astrid Varnay es Brünnhilde y Regina Resnik es Sieglinde. Sacado de aquí.

:arrow: Escena del Acto I:

- Ich weiss ein wildes Geschlecht

Emmanuel List es Hunding. Sacado de aquí.


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NotaPublicado: 13 Dic 2005 18:22 
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Neno
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Muchas gracias, Andrea!!


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