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NotaPublicado: 16 Dic 2008 13:10 
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Señor Iago, había entendido que tenía ud. a mano el tocho de Julian Budden sobre las óperas de Vedi donde se reproduce ese Prefacio. A ver si lo digitalizo para ustedes.


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NotaPublicado: 16 Dic 2008 13:13 
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Yago escribió:
Varlaam escribió:
Aprovechemos los magníficos comentarios de Yago y el sano tono anticlerical (y no estoy hablando de religiones) de este foro para sacar a relucir la visión que José Cura tiene del personaje de "Otello", según comentó en entrevista televisiva en el descanso de aquel Otello del Liceu.

- Cura, ¿cómo afrontas el complejo personaje de "Otello"?
- Para mí es un ser despreciable, un asesino, un maltratador que acaba matando a su mujer. Una basura, nada más.

Y yo me pregunto: ¿cómo alguien que tiene este concepto del personaje puede afrontar una ópera compleja como "Otello"? ¿Habría existido la obra si Shakespeare o Verdi hubiesen tenido una visión tan plana y directa del personaje?

La respuesta es: "José Cura canta (¿?) Otello".


Desafortunadas declaraciones fueron estas de las que supongo que Cura se habrá arrepentido en muchas ocasiones. No les presto mayor importancia pero cuando lei aquella información, hace años, mi perplejidad alcanzó elevadas cotas de inverosimilitud.



Si Cura logra que se hable de cualquier polémica sobre él consigue que no se hable de su canto. Así que sale ganando.


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NotaPublicado: 16 Dic 2008 16:27 
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Gino escribió:
Señor Iago, había entendido que tenía ud. a mano el tocho de Julian Budden sobre las óperas de Vedi donde se reproduce ese Prefacio. A ver si lo digitalizo para ustedes.


No, no lo tengo, D.Gino. Esa cita de Budden la encontré en un documento en el que la mencionaba; desde que leí, hace bastante tiempo atrás, a Vd. refiriéndose en varias ocasiones a este tochazo de Budden, no se puede imaginar las vueltas que he dado para encontrarlo, pero hasta el momento solo lo he encontrado en internet, donde no tendré más remedio que comprarlo, debido a que ninguna librería a las que he recurrido me aseguran que me lo puedan servir. Y no será por ganas que le tengo de "jincarle" el colmillo al libro de marras!!! :?

Si lo digitaliza hará Vd. un gran servicio a la comunidad, se lo garantizo! :lol:


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NotaPublicado: 19 Dic 2008 18:39 
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Zampabollos
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<center> 7.2. IAGO</CENTER>


<CENTER>Imagen</CENTER>

<CENTER> Victor Maurel como Iago en el estreno en Paris de Otello. 1894</center>


La consideración de la riqueza de un personaje operístico no puede limitarse únicamente al texto, ya que va íntimamente ligado a su música. El personaje de Iago es tremendamente complejo, difícil de analizar en la obra de Shakespeare y todavía más en la ópera de Verdi. Aunque la música que Verdi escribe para Iago es, igual que el personaje, sinuosa, zigzagueante, retorcida, y bisbiseante, esto no nos da un alcance de su personalidad ni de su mezquino comportamiento. Iago está mejor trazado en el original shakesperiano, con bastantes más intervenciones y numerosos monólogos que definen más nítidamente su psicología.

Iago es el motor del drama y en él está concentrada la acción principal: la destrucción de Otello, fríamente pensada y llevaba a cabo cruel y despiadadamente, la intriga por el mero placer de atormentar a los que lo rodean, el ansia de destrucción, la negación de la dignidad por una satisfacción propia. Frente al carácter tempestuoso y poético de Otello, Iago es intrigante, frío y retorcido, un artista de hacer el mal. Si consideramos a Otello como el último eslabón de la galería de personajes heroicos en la historia de la ópera, Iago representa la modernidad; Iago es civilizado, y manierista: Otello habla de sí mismo con franqueza; en cambio Iago va ajustando lo que tiene que decir a cada una de las situaciones; el hábil juego en el dúo “Cio m’accora”, con Otello, en el que consigue generar una incertidumbre que dará paso a desconfianza en Otello, a base de afirmar y negar, decir y no decir, repetir y callar, insistir e esquivar los golpes.

El empeño de Verdi y Boito con el personaje de Iago era dotarlo de una pátina de auténtico gentiluomo y arrebatarle el disfraz satánico tan poco humano con el que siempre se le representaba, por que Iago es, a pesar de todo, un hombre, de carne y hueso, envilecido por sus ocultas pasiones, como a continuación veremos.

En la adaptación cinematográfica que Orson Welles realizó en 1.952 sobre Othello, hay quien intenta justificar el origen de la aversión del alférez a través de un matiz sexual: la impotencia sexual de Iago, no puede tener relaciones sexuales con su mujer, Emilia, ni con ninguna otra, y esto le genera una frustración. Si a este hecho le unimos la creencia sobre la potencia sexual de los africanos (para Iago Otelo es un “animal lascivo”) tendríamos un motivo para argumentar la inseguridad que atemoriza a Iago de que Otelo ha seducido a Emilia. Esto no es más que una interpretación de la versión cinematográfica de Welles.
Si que es cierto que Iago es uno de los personajes mas asexuales y puritanos de Shakespeare y a tal respecto incluyo el siguiente diálogo entre Iago y Roderigo, en el que Iago argumenta:

Othello, Shakespeare escribió:

...si la balanza de nuestra existencia nos tuviera un platillo de razón para equilibrarse con otro de sensualidad, la sangre y bajeza de nuestros instintos nos llevaría a las consecuencias más absurdas. Pero poseemos la razón para templar nuestros movimientos de furia, nuestros aguijones carnales, nuestros apetitos sin freno"


La mejor forma de desenmascarar la rica psicología del personaje quizá sea analizando sus monólogos en el original de Shakespeare (curiosamente solo Iago los tiene), que descubren veladamente sus oscuras intenciones. Iago es un paranoico obsesionado por todo aquello que enaltece a los demás y de lo que él carece: la autoridad de Otello, la hermosura de Cassio, la riqueza de Roderigo, la inocencia de Desdemona. De todos ellos, y también de su esposa Emilia, se vale como coadyuvantes para conseguir sus fines: destruirlos.

Iago es un ser egocéntrico; su egocentrismo lo lleva a negar, despreciar, odiar y aniquilar a quien no encaje en la concepción de “su mundo”. Es también un individuo megalómano fascinado por su propia inteligencia; considera injustas las vicisitudes que lo rodean y considera injustos con él a quienes no han percibido este talento innato; el cargo de alférez le parece poco para su dotación intelectual, no deja de ser un subordinado, y su esposa una dama de compañía. Su elevado nivel de autoestima lo conduce a odiar a Cassio, el “azzimato” capitán, que ha ascendido a más nivel que Iago.

Asimismo Iago es una personalidad insegura; su alto concepto de sí mismo en el fondo le genera miedo a quedarse atrás, lo que supondría ser tratado como un inferior, si se diera el caso; esto lo convierte en un personaje con deseos de integración y reconocimiento por parte de los demás, lo cual debe conseguir con una potente arma: el cinismo, mecanismo que Iago explota a la perfección; es así por lo que Otello, Cassio o Desdemona se refieren a él siempre como “honesto Iago”, e incluso el mismo Otello va más lejos, cuando musita sobre él la siguiente reflexión, refiriéndose a Iago:

Othello, Shakespeare escribió:

“este camarada es de una excesiva honradez”


Iago es misógino; desprecia a las mujeres por considerarlas volubles e infieles; es también xenófobo; cree que los seres de piel oscura como Otello no disponen de intelecto y únicamente los empuja la lascivia:
Othello, Shakespeare escribió:
"estos moros son inconstantes en sus pasiones"," [Otello] se deja guiar por la nariz tan fácilmente como los asnos, juzga honrada a las gentes a poco que lo parezcan"


Y por si fuera poco es un improvisador genial; trabaja dominando el tiempo y ajustando su trama a los eventos a medida que éstos se presentan;( aunque comete un desliz con su esposa, Emilia, con lo que no contaba) el objetivo de su maldad ni él mismo lo conoce; va tomando forma sobre la marcha:
Othelo, Shakespeare escribió:
"todavía mi pensamiento vive confuso y entre sombras, que los pensamientos ruines solo en la ejecución se descubren del todo"
.

Es un artista del mal, y un artista de sí mismo, que se regodea llevando a la trampa a personas con más grandeza que las suyas; de la misma forma que un investigador experimenta con chimpancés para aprender sobre conducta humana, Iago lo hace con seres humanos, es un creativo conocedor del alma humana. El triunfalismo de la obra de Iago determina que él debe mandar sobre quien manda en él, y con Otello obtiene un éxito rotundo. Nos demuestra ser un psicólogo perfecto, un prestidigitador del alma que ensaya con Otello y es capaz de llevar su naturaleza humana al límite.

Exiten dos frases altamente revelantes en la obra original de Shakespeare: " No soy lo que parezco" (“I am not what I am”) (Acto I), que Boito omite, y la enormemente significativa “ Yo no soy más que un crítico” (" I am nothing if not critical") ( Acto II), la cual si aprovecha Boito, aunque la trascribe para una escena y en un contexto distinto -y con personajes distintos; Iago se define como un crítico, es decir, alguien que observa y analiza la realidad de todos aquellos que lo rodean, alguien quien todo lo juzga y moteja sin pasar por alto ni aún las más ligeras faltas, un ávido conocedor del alma humana, hábil para desentrañar las debilidades y carencia de quienes lo rodean, y si puede los manipula. Y así es Iago: “io non sono che un critico”, frase a menudo pasada por alto tanto por cantantes como por directores, y que, dicho sea de paso, Verdi pudo haberla adornado con un matiz o cualquier ornamentación musical más definitoria.

Continua con EL ODIO DE IAGO.


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NotaPublicado: 19 Dic 2008 23:01 
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1. Muchísimas gracias a Yago por su texto. Merece lectura atenta y comentario reposado. No le hemos dicho nada en todo el día, pero doy por supuesto que pensamos todos lo mismo. ;-)

2. ¿Habéis reparado en la cantidad de veces que la palabra "credo" aparece en el libreto de Boito? Lo digo para enfatizar lo dicho en post anteriores sobre la confianza como tema clave del drama de Otello.


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NotaPublicado: 20 Dic 2008 2:56 
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Me gusta lo de "artista". Iago es un nihilista e intenta desaarrollar sus negaciones hasta la máxima perfección.


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NotaPublicado: 20 Dic 2008 6:26 
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Caro Yago :aplauso: (y voy leyendo de a poquito)

Sobre el mismo Yago, se ha dicho (y no me pregunten quién, que no me acuerdo) que S. modela a sus villanos desde el punto de vista de los "buenos" (si es que existe tal cosa). Así, lady Macbeth, Ricardo III, el mismo Yago, tienen algo en común: son honestísimos. Dicen lo que uno quisiera oír: soy un canalla, y qué. No disfrazan la canallería de "lo hago todo por mis hijos", "la familia es lo más importante para mí", etc etc. Un dios cruel me creó y ya van a ver qué zafarrancho puede armar alguien similar a semejante dios.

Baci, que muero de sueño,
Maddalena


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NotaPublicado: 24 Dic 2008 12:10 
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<center> 7.2.a EL ODIO DE IAGO</CENTER>

<CENTER>Imagen</CENTER>

<CENTER> Ian MacGregor interpretando a Iago en la obra teatral "Othello"</center>


No hacen falta detalles anecdóticos para tratar de justificar la maldad de Iago; para Iago la maldad constituye una realización personal ( “e sento il fango originario in me”), eso que castizamente denominamos “ser malo por naturaleza”. Existen ciertas sospechas que nos pueden de una forma sencilla acercarnos a determinados resentimientos de Iago hacia Otello o Cassio, como pueden ser los siguientes:

1.Iago desea vengarse de Otello por haberle dado a Cassio el cargo de capitán:
La idea de que el único fin que mueve a Iago dimana en conseguir el puesto que Otello ha otorgado a Cassio, procede del diálogo que Iago tiene con Roderigo, pero no conviene darle demasiada importancia a esta impresión puesto que esta confesión está dicha por Iago ante quien intenta engañar, Roderigo.


2. Iago quiere, simplemente, tener poder:

Othello, Shakespeare escribió:
...“lo odio como a las penas del infierno, pero las necesidades de mi vida actual obligan a izar el pabellón y la insignia del afecto”. “Le sirvo [a Otello] para tomar sobre él mi desquite. No todos podemos ser amos, ni todos los amos están fielmente servidos"...


por si fuera poco clasifica a los sirvientes de dos formas:

Othello, Shakespeare escribió:
...“los leales a su señor, obedientes y abnegados, y los que observan escrupulosamente las formas y visajes de la obediencia y ataviando la fisonomía del respeto, guardan sus corazones a su servicio, dan a sus señores la apariencia de su celo, los utilizan para sus negocios, y cuando han forrado sus vestidos se rinden homenaje a sí propios. Estos tienen cierta inteligencia y a semejante categoría confieso pertenecer”.


Y sobre todo ésta:

Othello, Shakespeare escribió:
...“Al servirlo soy yo quien me sirvo”..."“No tengo al moro ni respeto ni obediencia pero se lo aparento así para llegar a mis fines particulares”.



3. Iago odia a Cassio, bien por dos motivos:
- bien porque desearía ser Cassio,
- o bien porque sospecha que pudiera haber mantenido relaciones con Emilia, o bien porque a Emilia le resulte atractivo.

Los motivos están claros: Cassio es capitán, un rango con más poder que el de Iago, que es alferez, pero sobre todo por la insana envidia que siente por su belleza; Acto V de Shakespeare
Othello, Shakespeare escribió:
...“hay una hermosura en su vida que afea la mía”, “está tallado para perder a las mujeres”.


4. Iago sospecha que Otello ha mantenido relaciones con Emilia.
Othello, Shakespeare escribió:
“Se dice por ahí que ha hecho mi oficio entre mis sábanas”.

Iago ignora si esta sospecha tiene algún grado de credibilidad aunque él
Othello, Shakespeare escribió:
“obrara como si fuera segura”(Acto I), o “abrigo la sospecha de que el lascivo moro se ha insinuado en mi lecho, sospecha que me roe las entrañas y nada podrá contener mi alma hasta que liquide cuenta con él, esposa por esposa”.
También Emilia está al corriente de esta hipótesis puesto que en el acto IV le dice a Iago:
Othello, Shakespeare escribió:
“algún escudero de esa laya fue el que os hizo sospechar que yo había tenido que ver con el moro”.


5. Iago ama o desea a Desdemona, a Cassio o a Otello.

Es la hipótesis más inverosímil y retorcida basada en estudios psicoanalíticos que destapan de una manera escabrosa una maraña de celos que desencadenan la tragedia; A este respecto merece la pena rescatar lo expuesto anteriormente durante el estudio de la personalidad de Iago:
Othello, Shakespeare escribió:
..."...si la balanza de nuestra existencia nos tuviera un platillo de razón para equilibrarse con otro de sensualidad, la sangre y bajeza de nuestros instintos nos llevaría a las consecuencias más absurdas. Pero poseemos la razón para templar nuestros movimientos de furia, nuestros aguijones carnales, nuestros apetitos sin freno".

Su particular pragmatismo le impulsa a rehusar cualquier emoción amorosa o libidinosa con tal de que sus propósitos no se desestabilicen.

6. Iago se aburre.

Pretende desmoronar el envidiable matrimonio entre Otello y Desdemona, recien instaurado. En un principio sopesa la idea de que sea Roderigo quien seduzca a Desdemona pero la dificultad de esta empresa tiene importantes inconvenientes. Roderigo es un acaudalado pretendiente, pero nada más; quizás sea mas sencillo que Desdemona muerda el anzuelo de la gallardía de Cassio. En un diálogo con Roderigo le dice a éste:
Othello, Shakespeare escribió:
...“si puedes hacerle cornudo ( a Otello) te darás a ti mismo un placer, y a mi una diversión”.

El mezquino juego de Iago comienza desde luego con Roderigo de quien pretende burlarse “para mi provecho y diversión” musita Iago en un soliloquio; el provecho es desde luego el económico y la diversión nos aproxima a la idea de que el aburrimiento de Iago en la fortificada plaza de Chipre durante una temporada puede resultar desesperante.

....continua con "El Credo"


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NotaPublicado: 24 Dic 2008 12:22 
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:aplauso: :aplauso: :aplauso: :aplauso: :aplauso: :aplauso: :aplauso:

MUY interesante, si señor. Espero la parte del Credo, porque, a mi juicio, resume todo lo que has expuesto en esta parte


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<center> 7.2. b. "EL CREDO"</CENTER>


<CENTER>Imagen</CENTER>

<CENTER> Piero Cappuccilli como Iago. Teatro alla Scala, Milán.1976</center>

Boito al reducir todas estas intervenciones de Iago es consciente de que la trama sobre los motivos que incitan a Iago a comportarse de una forma tan inicua adolece de un trasfondo creíble y tratará de calafatear estas deficiencias concentrando el lado perverso del personaje en el “Credo”, una declaración de principios nihilista, a modo de “teología del infierno”, que Verdi dotará musicalmente de un carácter solemne y casi religioso.

El “credo” es una exposición de fundamentos teológicos a la inversa, un cristianismo invertido, negativo. En él se nos presenta un individuo con una psicología patológica perfecta que siente una indiferencia total y absoluta entre el bien y el mal moral, aunque prefiere el mal por que excita sus pensamientos y sus acciones; su maldad no emana de nada en concreto y de todo a la vez, nace de su propia voluntad. Iago, como hemos visto anteriormente, es un individuo de una gran talla intelectual a la que acompaña una falta total de principios morales, y es precisamente en este punto sobre lo que se articula el “credo”.

Aunque en 1.887, fecha del estreno de Otello de Verdi, Darwin ya había publicado su obra “El origen de las especies”, que causó una gran controversia, ya existen postulados que comienzan a discutir la teoría de la creación divina. Aún así en 1.887 el planteamiento del “Credo” de Iago es auténticamente escandalizante; la tradición cristiana sigue gozando de una fuerte implantación en la sociedad, y la teoría de Dios como origen de toda creación humana es irrefutable. El personaje de Iago es, en este sentido un verdadero pirómano de la moralidad cristiana: un genuino nihilista que explica que su existencia únicamente obedece a leyes biológicas, quien si se considera malvado es por el simple hecho de ser humano, premisa que nos indica el silogismo que para Iago todos los humanos somos malvados desde nuestro origen, por naturaleza; su instinto natural lo arrastra a provocar el mal por que la minúscula partícula que nos da vida tiene un tegumento ungido con la simiente del mal que tarde o temprano ha de germinar.Para Iago la maldad constituye una realización personal (“e sento il fango originario in me”), el mal está inducido por una satisfacción personal de ver el sufrimiento, la capacidad de resistencia de los demás.

Es además un negador de sentimientos nobles en el ser humano, como el amor, el honor, la entrega, la abnegación, todo es una falacia, en cualquier sacrificio existe siempre un interés. Todo está domeñado en el ser humano al azar, no existen reglas preestablecidas por el destino, no existe un libro de la vida dictado por ninguna divinidad; esto contrasta con las alusiones a la superstición presentes en la obra de Shakespeare; por un lado el fatídico pañuelo, regalo que ofrece Otello a Desdemona como presente de amor, y que Otello había heredado de su madre; en la obra shakesperiana en la confección del pañuelo intervino una maga, utilizando hilos de seda procedentes de gusanos encantados y para la tinción del pañuelo se usó sangre de corazones de vírgenes momificadas; mientras estuviera bien custodiada la prenda garantizaba el vínculo de amor, es decir, una superstición en la que Otello confía. Por otro lado Desdemona ordena a Emilia que disponga sobre el lecho el vestido nupcial; esto forma parte de una creencia medieval de que cuando los lazos conyugales se han debilitado el recuerdo de la primera noche de bodas estimula el arrobamiento marital y disuade desavenencias matrimoniales. Pero Iago es más moderno, no cree en la senda impuesta por el destino ni en falsas creencias supersticiosas.

Por último, del “Credo” extraemos una última reflexión: morir es una circunstancia obligada para todo aquello que ha nacido, pero más allá de la muerte no existe más que un vacío, la misma nada que existía antes de nuestra existencia; el cielo y la ascensión a ese paraíso divino no es más que una patraña inventada por las religiones.

Mi pregunta: ¿No les resultan tremendamente actuales estas reflexiones? Esta carencia absoluta de fé en el descanso eterno, salvación de almas, ascensiones a paraísos etéreos, presencia de un dios que nos ampare, nos juzge, y o bien nos premie o bien nos condene me resultan argumentos muy actuales en la sociedad moderna con tendencia al laicismo y falta de valores cristianos según las autoridades eclesiásticas.



La fascinación que Verdi sentía por el personaje de Iago era grande, hasta tal punto que el título provisional de la ópera fue “Iago”, aunque quizás también para diferenciarla del “Otello” de Rossini, ópera que todavía en la década en la que Verdi compuso su Otello aún gozaba de popularidad. Verdi opinaba que titular a su ópera “Otello” podía ser un atrevimiento y el público podría pensar que Verdi pretendía competir con “il gigante Rossini”.

Como último detalle menciono la opinión de Verdi sobre la forma de interpretar a Iago “ Si yo fuera actor y tuviera que interpretar el personaje de Iago, preferiría tener para el papel una figura delgada con los labios finos y ojos pequeños cercanos a la nariz como los de los monos. Los gestos serían atolondrados, un poco indiferentes, hastiados, y su catácter escéptico, irónico, como el de una persona que habla de todo, tanto de lo bueno como de lo malo, con ligera superficialidad”. Relacionado con este punto merece la pena rescatar, del prefacio de Boito – gracias D.Gino :wink: - la siguiente puntualización :”el más disparatado error, la aproximación más vulgar en la que pueda incurrir un actor que pretenda aproximarse a este personaje sería representarlo como una especie de hombre-demonio, poner expresiones mefistofélicas y lanzar miradas satánicas. Este artista demostraría que ni ha comprendido a Shakespaere ni la ópera sobre la que estamos tratando”.


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NotaPublicado: 25 Dic 2008 21:50 
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Rinaldo escribió:
Extraordinario trabajo Yago; :aplauso: :aplauso::aplauso::aplauso:


+1

A Yago le veo también un carácter suicida importante: cualquier persona normal habría renunciado a una trama tan compleja de mentiras, fazzolettos y manipulaciones, porque lo más probable es que saliesen mal y nos cortasen la cabeza.

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Fue sin querer queriendo


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NotaPublicado: 26 Dic 2008 18:34 
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<center> 7.3 DESDEMONA</CENTER>


<CENTER>Imagen</CENTER>

<CENTER> "Desdemona",1888. Frederic Leigthon. Leigthon house, Londres</center>


Así como los personajes de Otello e Iago hemos visto que están algo menos matizados en el libreto de Boito que en la tragedia de Shakespeare, en el caso de Desdemona es casi un fiel reflejo shakesperiano, aunque en Boito es más ingenua y lineal, y su carácter lírico queda perfectamente tallado por la música de Verdi.

Desdemona es casi un personaje irreal, un “ángel” como la definía el mismo Verdi, un símbolo del drama, deseada por Roderigo o Cassio, el consuelo angelical del militar Otello, mal defendida por Emilia y, sobre todo, utilizada por Iago para sus arteras artimañas. Es la criatura celestial paradigma de tantos héroes clásicos, ajena al drama y víctima en la consecuencia final.

Desdemona es para Otello el sentido de su vida junto con sus glorias militares; siente por ella una devota ternura y adoración con un afán protector casi paternal (algo muy verdiano) por los años que le lleva (suponemos que aproximadamente entre veinticinco a treinta años); representa para Otello su equilibrio y serenidad.

Como ya hemos visto, Iago implica a todos los personajes en su complicada urdimbre, y aunque el dardo emponzoñado penetra nocivamente en Otello, la víctima más directa es Desdemona. La inteligencia de Iago que no detiene jamás en sus elucubraciones, consigue disipar el halo de inocencia que circunda a Desdemona con un argumento irrefutable: si fue capaz de engañar a su padre (para huir y casarse con Otello), porqué no ahora iba a mantener una relación clandestina con Cassio?. En el momento en que Otello sucumbe frente a la estrategia de Iago y las conjeturas derivan a hipótesis verosímiles finaliza la gloria de Otello y comienza la cólera encendida y la condena que conduce al ansia de despedazar a la amada como único camino a la venganza por su infidelidad. A partir de este momento Desdemona deja de ser diosa, y deviene en ángel y demonio al mismo tiempo.

Es, sin duda, su actitud ante el problema de la destitución de Cassio un mecanismo teatral que dispara su autodesventura: su insistencia temeraria, la mala elección de las palabras y la torpeza en la oportunidad de sus intervenciones lo que origina una precipitación del rechazo de Otello y su transformación irreversible a pesar de las súplicas o precisamente por culpa de ellas; una actitud de “inconsciente inconsciencia” que la conduce hacia la muerte.


En el momento de las primeras ofensas hacia ella por parte de su esposo, siente confusión y perplejidad, aunque también resignación ante ellas, asumiendo el trato vejatorio, ignorando el motivo pero tampoco interesándose lo más mínimo por atajarlo. En el último acto intuye la fatalidad del desenlace; sola, rechazada por su esposo, repudiada por su padre, en una ciudad extraña donde únicamente tiene el amparo de su dama de compañía, Emilia. Es precisamente cuando se despide de ésta, en la soledad de su alcoba cuando se refugia en la oración, un triste y emotivo “Ave Maria” donde implora la protección del inocente, del débil, de quien dobla la cabeza bajo el ultraje y la malvada suerte, o lo que es lo mismo, de ella misma.

En el “Prefacio” de Boito, contemplado en el libro de J. Budden “The Verdi’s Operas”, la opinión del libretista sobre el personaje de Desdemona es la siguiente: “un sentimiento de amor, pureza, nobleza, docilidad, inocencia y resignación debe dominar en la figura casta y armónica de Desdemona; gestos simples y gentiles para despertar la emoción en el espectador. El encanto de su juventud y belleza acentuará esta impresión”.

Existe un detalle muy shakesperiano que aparece de una forma muy evidente en este drama: la diferencia existente entre la realidad y la apariencia en los personajes. Otello tiene una apariencia pública que inspira respeto, coraje, valor y autoridad; en cambio la realidad es bien distinta: su personalidad íntima nos los revela como un individuo incontrolable, brutal, ese personaje “cupo e terribile” que tanto insistía Verdi. En cuanto a la línea que separa la apariencia con la realidad de Iago, creo que ya está sobradamente expuesta y todos conocemos; Iago encarna a la perfección estas profundas diferencias; en cambio Desdemona no ofrece cambios, se muestra invariable a este respecto; su realidad es fiel reflejo de su perfil más íntimo y personal. Shakespeare, y Boito posteriormente, supieron contrarrestar su bondad excesiva con la maldad radical del personaje de Iago, es decir, el contrapunto ideal al insidioso e intrigante Iago obtiene un equilibrio dramatúrgico perfecto en la virtuosa y desdichada Desdemona.

Sólo un par de líneas para comentar el personaje de Emilia: ella es la única que conoce o veladamente sospecha la maldad de su esposo, y la que más lo teme. Al final revela su plan, desbaratándolo. Iago confía en ella o bien se olvida de ella en su siniestro ardid; de no haber existido Emilia, o de haberla incorporado en la densa telaraña que envuelve al resto de personajes, posiblemente Iago hubiera quedado incólume.


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Probablemente me equivoque, pero creo que Desdemona es el personaje más arquetípico del drama shakesperiano que nos ocupa, y lo sigue siendo en la composición de Verdi y Boito. Si bien Yago y Otello son muestras genuinas de una complejidad psicológica imposible de resumir con un tópico, Desdémona es, si quieren, simplona desde este punto de vista. Simplona o básica o elemental...o como lo queramos llamar. Pero encarnar una buena Desdemona consiste precisamente en eso, en subrayar esos rasgos arquetípicos, quedando fuera de lugar, a mi juicio, tentativas por enseñorear el rol, dándole una autoridad y una fuerza que no posee. No se trata de caer en interpretaciones victimistas, pero Desdemona es un retrato de la fragilidad, de la impotencia, del sinsentido de algunos afectos. No es sólo una víctima, pero es una víctima. No es sólo un ser fragil y dulce, purísimo, desde luego, pero no es una mujerona de la aristocracia veneciana. Es además una joven casi virginal, que mantiene una relación de sumisión con Otello, de una desigualdad hiriente. No es que sea una esclava sexual, pero sí es una especie de esclava afectiva, a merced de los aldabonazos sentimentales de Otello. Apenas tiene voz en el drama, es un rol manifiestamente pasivo, al servicio de la trama, su centro y su final.

No quiero con esto desacreditar algunos puntos de interés de tentativas -como la de Tebaldi- por ver algo más en el rol que esa joven purisima que encontramos en Freni o de los Ángeles. Pero hacer justicia al rol y a su caracter arquetípico exige subrayar muy bien esa pasividad virginal y una cierta ingenuidad psicológica, tan presentes en el texto de Shakespeare.

Ladrillazo del día... :?


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Traducción al español por Huan Manwë para phpbb-es.com