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Su vida (IV)
Mannheim y Darmstadt: 1810-1811
El destino más lógico era la cercana Mannheim y allí se dirigieron padre e hijo con generosas cartas de recomendación de Danzi. Famosa por su orquesta, cuya actividad floreció bajo el mandato del Elector Carl Theodor, además el Teatro de la Ópera se las arreglaba para sobrevivir al traslado de la corte del Theodor a Munich y las guerras napoleónicas. Existía además una rica actividad musical amateur organizada por Gottfried Weber, un abogado y talentoso intérprete cuya gestión permitió incluso la creación de un Conservatorio. Aunque no existía relación familiar entre ellos, Gottfried fue el benefactor imprescindible en aquellos años, alojando al viejo Fritz y organizando conciertos con música de Carl tanto en Mannheim como en Heidelberg. Ésta era entonces una de las capitales del Romanticismo, pues había contado con la presencia de escritores como Hölderlin, los hermanos Grimm, Rückert y Eichendorff. Sin embargo Weber parece haber pasado el tiempo entre juergas donde se cantaban las canciones de moda editadas en la colección “Das Knaben Wunderhorn” e incidentes como una algarada callejera durante un concurso de coros universitarios en Heidelberg.
Fue un buen momento para que reapareciera Vogler, quien se hallaba establecido en Darmstadt como Consejero en la corte del Gran Duque Ludwig. Su posición cómoda y decorativa en la práctica le permitió acoger de nuevo a su alumno, al que se unió un joven llamado Jacob Beer, conocido en años venideros como Giacomo Meyerbeer. A pesar del aburrimiento que manifestó haber padecido durante esa temporada, la austeridad de su vida en Darmstadt fue provechosa, estudiando con Vogler partituras de Bach y Händel. En una visita a Frankfurt conoce al editor, entonces emergente, Simrock. Éste le publicará la Cantata “Der erste Ton”, un Cuarteto de Piano y una Polonesa para piano que se hizo muy popular por entonces. En esas fechas conoce a la soprano Caroline Brandt.
El editor Cotta de Baden-Baden le solicita un artículo para su revista musical. La actividad de Weber como crítico ya le estaba dando fama. Se remontaba a los días en que hubo de defender “Das Waldmädchen” en la prensa. Existen varias entradas en el “Lexikon der Tonkünstler” de Gerber que se deben a Carl, mientras en 1809 comenzó a escribir su esbozo semi autobiográfico “Tonkünstlersleben”. Hasta 1820, de forma intermitente, se dedicó a registrar una especie de versión novelada de su vida en el estilo de los “Cuentos” de E.T.A. Hoffmann. El principal interés de la novelita radica en los pasajes que más se acercan a un diario de sus pensamientos, sobre todo los relacionados con la creación musical. Aunque de temperamento romántico, Weber se revela como una mente racional y sistemática cuya obsesión era imponer un orden sobre el mundo a través de su acción creadora: “Para mí la interpretación de una pieza musical es como la contemplación de un paisaje. Siento el efecto del todo sin atender a los detalles que lo producen; en una palabra, aunque suene extraña, el paisaje me afecta en la dimensión del Tiempo. El placer es sucesivo. Esto tiene delicias y dolores. Delicia porque nunca sé qué detalle del paisaje aparecerá y por tanto cada interpretación es una ojeada nueva al paisaje. El dolor comienza al viajar. Una confusión llena mi alma como un remolino. Las ideas se persiguen, se cruzan y se destrozan entre ellas. Frente a una perspectiva serena en mi mente se conjura una imagen paralela que puedo atrapar, asegurar y desarrollar. Pero, cielos, cuando la Naturaleza se desata ante mis ojos, rondós, marchas fúnebres y furiosi saltan unos sobre otros”
En agosto de 1810 comienzan los ensayos para representar “Silvana” en Frankfurt con Carolina Brandt como Mechtilde. La función tiene un éxito sólo aceptable, puesto que coincidió con un vuelo de exhibición en globo de Mme. Blanchard que acaparó la atención de la ciudad. Por lo menos esto le reportó cien gulden de beneficio para saldar parte de su deuda en Stuttgart. Además de su Primer Concierto para Piano, la composición más importante que le ocupó fue “Abu Hassan”, finalizada el 11 de febrero de 1811. Siguiendo el consejo de Vogler, dedica la ópera al Gran Duque, quien se muestra bastante generoso, incluyéndose entre sus dádivas la organización de un concierto con asistencia masiva de la corte. Para la ocasión escribe el dúo “Se il mio ben”, según sus palabras, “en un estilo tan miserablemente italiano que podría pasar por obra de Farinelli; fue un éxito infernal”. Nuevo beneficio de doscientos gulden que sirve para liquidar finalmente sus cuentas con los acreedores. Sin embargo la sensación de estancamiento en Darmstadt y la situación de inestabilidad política en Frankfurt (bajo estado de sitio durante la aplicación del bloqueo napoleónico contra los productos ingleses) hacen que sienta la necesidad de nuevos horizontes. En su diario se expresa con satisfacción sobre sus dos últimos años de vida, tanto por el salto en su formación como por los amigos hechos: “¿Encontraré algún día hombres tan buenos y amigos tan leales?”. Dieciséis años después, poco antes de morir, recuperó aquella entrada para añadir, en mayúsculas: “NEIN”.
_________________ Il barone fu ferito, però migliora
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