
De mozo tuve mis cositas con el teatro amateur. Esta la representé dos veces, como Alfonso VI y como el belicoso obispo Jerónimo y me lo pasé de miedo. Recuerdo los monólogos pero pensaba que el cinismo era cosa de un par de escenas y no, está presente en toda la obra. En su momento no tuve en cuenta el contexto (1973) y mi lectura fue mucho más superficial.
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JERÓNIMO.- Cuando él murió, lloró toda Europa. Se quedaron sin nadie los campos de Castilla. La cristiandad perdió su santo y seña. Cuando, hoy hace dos años, Rodrigo de Vivar cerró los ojos, murió el más grande guerrero y el más grande caudillo de que queda memoria. Nunca, desde Alejandro, hubo un hombre tan grande... A mí, que lo enterré, me pareció mentira que tan alta montaña cupiera en tan humildes parihuelas. Desde ese día podemos llamarnos de tú unos a otros; ya somos todos de la misma estatura. A veces, recién rezadas vísperas, mientras el sol declina a los pies de un naranjo..
JIMENA.- (Interrumpe, volviéndose un poco a DOÑA CONSTANZA.) Será en la huerta que mi marido le regaló en Juballa .
JERÓNiMO.- (Continúa después de mirar a JIMENA.) ... me pregunto si no habremos soñado. A veces, en esta iglesia de Santa María (Subrayando mientras mira a JIMENA, que aprueba), de la que él tuvo a bien darme la sede, me pregunto si él no habrá sido un sueño... Si no ha existido nunca y lo hemos inventado como se inventa la esperanza, o si, por el contrario, él no ha muerto y se abrirán las puertas de Valencia y una voz gritará: Mío Cid se acerca. ¡Mío Cid está llegando!... (JIMENA vuelve la cabeza como si, en efecto, fuese a aparecer alguien. MARÍA solloza apenas.) Cuando un amanecer de octubre se presentó, ante los muros de Valencia, a solas, sin recursos, sin rey y sin ejército y sin bandera por la que luchar, hubiera parecido un insensato si no fuese el héroe solitario, el mito, la encarnación de la gloria de España... Más poderoso que los reyes, repudió su destino de modesto hijodalgo, salió a ganar su pan fuera de Castilla. Desterrado, hizo y deshizo reyes con su dedo meñique... Jugaba al ajedrez sobre los anchos campos... El Dios de Sabaoth lo envió con la espada a los lomos, después de haberle musitado en la oreja su consigna. Que el Dios de Sabaoth nos haga dignos de él... (JIMENA, quizá impaciente, se mueve y hacer sonar la pedrería del riquísimo ceñidor que lleva a la cintura.) »
MARÍA.- No hagas ruido.
JIMENA.- Al obispo también le suenan las espuelas y yo no me he quejado.
Una maravilla para representar. Si el actor no se luce con semejante arenga es que no se merece ni el agua que se bebe.