Fellini es uno de mis directores favoritos, me vuelve loco. Sus películas son un caos humanista, pura pulsión vital. Y sobre todo me encanta que entendiera la interpretación como un espectáculo de máscaras, personajes irrealmente humanos pero a la vez vibrantes como Gelsomina, Cabiria, Marcello Rubini o el fascinante Steiner. Pero sobre todo sus máscaras anónimas, esos personajes que entran y salen de plano para no volver a aparecer, que Fellini atraía con anuncios en los periódicos y fotografiaba sistemáticamente (su colección tenía decenas de miles de instantáneas).
Y lo mejor de todo, su cine es impostura pero a la vez sinceridad. Él habla de lo que ha vivido, sus recuerdos se multiplican, se deforman pero nunca los utiliza para servir a un guión. Su cine fue una prolongación de su vida, una puerta a un universo fascinante de iniciación sexual, de circo, de monstruos marinos, de música y de cine.
Me gustan todas las que he visto. La dolce vita me encanta, aunque sólo fuera por el personaje del padre y el inquietante rostro de Alain Cuny (bueno y ese final mágico, en el mar, donde todo empieza y acaba, como en La strada). Me tienta repasarlas todas, pero me da miedo no poder parar

Me quedo con tres,
Otto e mezzo, Roma y por supuesto la emocionantemente kitsch Ginger y Fred. Para la primera mi voto.