

La curiosidad por el abismo de la abyección humana que alcanzó la Alemania nacionalsocialista me ha hecho explorar algunas de sus más abyectas películas, que he comentado en este hilo con el placer más grotesco. Con la excepción de la Olympia de Leni Riefenstahl, una de mis películas preferidas, pese a tener que soportar la visión del infame bigotudo y su chusma, las demás películas me resultan curiosas por su odiosa naturaleza. Los ratos que me saco para verlas, los llamo "mis sesiones de porno".
En 1939, en una intensificación de la campaña antisemita de Goebbels, siendo este amo y señor de la industria cinematográfica, se produjeron una serie de películas antisemitas. Una de ellas ya la comenté, la asquerosa comedia Robert und Bertram, de dos vagabundos contra un rico banquero judío. Otro de los ejemplos más célebres es la aburrida película empresarial "Leinen aus Irland", "Lino de Irlanda" en español. Además de antisemita, tiene un trasfondo antibritánico y crítico con el Imperio Austrohúngaro y su cosmopolitismo, representado por los banqueros y políticos imperiales, contrarrestado por los hombres del campo y el empresario Hubermayer. Antibritánica por qué el lino importado por el administrador judío Egon Kuhn procede de Irlanda, entonces parte del Reino Unido, lo que supondrá la pobreza para los alemanes de Bohemia. Kuhn, el personaje más interesante, es un mestizo judío, ya que no tiene la característica nariz aguileña ni la apariencia repulsiva que imponían los nazis a este pueblo. Pero sí es ambicioso, no tiene más distracciones que el dinero y las intrigas, y en algo que obsesiona a los nazis, y que pone en peligro su raza, tiene intenciones libidinosas con la joven rica y frívola Lilli Kettner, rubia y aria, y que le desprecia. Su tío Sigi es el típico judío de voz de mosquito, bigote y nariz aguileña que aparece en las infames caricaturas de Der Stürmer. Cuando Kuhn es descubierto y sus intrigas expuestas, se exilia con su tío en Estados Unidos, ya que no tiene sitio en Europa. Una crítica a la comunidad judía estadounidense... ¿o un negro presagio de lo que iba a pasar? En fin...
En 1944, los nazis, ante la visita de la Cruz Roja al campo de concentración de Terezín, encargaron al actor Kurt Gerron, un falso documental donde se decía que los judíos vivían bien en el gueto de esta ciudad. Así nació "Theresienstadt", un documental del que se conservan sólo 20 minutos, que no son continuos. Uno siente tristeza: porque esas personas que salen aparentemente felices trabajando en barracas, cultivando huertos, jugando al fútbol o tomando el sol, mientras llevan la estrella amarilla pegada a su ropa, estaban condenadas a muerte la mayoría de ellas. Como curiosidad musical, aparece el célebre fragmento de la ópera infantil Brundibar, de Hans Krasa, así como se ve al mítico director de orquesta Karel Ancerl dirigir a la orquesta del campo, en una obra del compositor antes mencionado. Sin embargo, uno siente también indignación ¿quedaría en 1944 alguien que de verdad se creyera que los judíos estaban así de bien? Claro que la idea de los nazis no era mostrarla a los alemanes, sino al público de los países Aliados para contrarrestar a su prensa o de engañar a la Cruz Roja para hacerles creer que alguno de los judíos prominentes que aparece en la película seguía vivo. Aparte del público de las SS que lo vio, acaso no se preguntaría la gente ¿por qué sacar a estas personas de sus casas y llevarlas a vivir a semejantes barracas? ¿Acaso los nazis no pensaban que en los países democráticos se harían estas preguntas? Bueno, los partidarios que aún les quedaba, como dos de las famosas hermanas Mitford, se lo habrían creído a pies juntillas. Al final, cuando uno ve a una familia comer junta, sabiendo que esa comida en abundancia era rara de ver y que esa no era una familia real, sino supervivientes de varias familias... uno no puede más que sentir desconsuelo y horror.