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Dentro de la cuerda de tenor estoy de acuerdo en que la época dorada hay que situarla en la primera mitad del siglo. Desde el comienzo de las grabaciones hasta los años 50, la nómina de tenores que tenían una sólida técnica que les posibilitaba desarrollar un arte increíble en el escenario es muy numerosa.
Algo menos entusiastas deberíamos estar con la segunda mitad del siglo XX, donde contamos con el gran Alfredo Kraus, cantante que poco tiene que envidiar a los grandes nombres de principios de siglo, pero esa nómina de nombres ya no es tan extensa. Una vez apagada la voz de Lemeshev en Rusia, tras la desaparición de esos fenómenos en material vocal como fueron Del Mónaco y Corelli, el arte y fraseo de Bergonzi, la triste muerte de Wunderlich, el adiós del último gran wagneriano Windgassen y los destellos de la belleza vocal de Pavarotti, Björling y Aragall, la importancia que tuvieron los Carreras y Domingo pese a las críticas por deficiencias técnicas de ambos, una vez acabado todo esto, la cuerda del tenor se queda huérfana.
Pero toda esta supremacía del pasado se cae como un castillo de naipes si no se sabe reconocer y apreciar cuando surge un auténtico cantante que reúna en el presente muchas de las cualidades técnicas y canoras que los del pasado y se le quiera quitar méritos atrincherados en nuestra posición de críticos de todo lo actual, tenga la calidad que tenga. Me estoy refiriendo al tenor legendario de nuestra época, el tenor Juan Diego Flórez.
A sus 34 años, después de cosechar triunfos apoteósicos en los mejores teatros del mundo, después de constatar que está llevando una carrera seria en cuanto a repertorio y compromiso con el público, que la consistencia y calidad de su técnica cada vez es más sobresaliente, que sus recursos estilísticos cada vez son más equilibrados y de mejor factura, hoy estamos en disposición de asegurar que nos encontramos ante un grande de la lírica de verdad.
Hay tres apartados donde este tenor es criticado.
Punto principal. El tamaño de la voz. Se habla de que Flórez es un tenor de voz pequeña y que no llena el teatro como lo hacen otros tenores. Es cierto, pero hay que plantearse, es esto un verdadero defecto? O es sencillamente el producto de su vocalidad. Flórez es el máximo exponente de toda la historia de la lírica grabada del tenor contraltino, aquel que destaca en el canto ligado y bello del belcanto y que además es especialista en el canto florido del Rossini más exigente, siendo poseedor de un brillante registro agudo. No es necesario para este repertorio tener una voz voluminosa, la voz de Flórez es timbrada, bella dentro de su tipología y se proyecta de maravilla gracias a su perfecta colocación de la voz. Digamos por tanto que su volumen en el teatro es al menos suficiente para el repertorio que le ocupa, ofreciendo además en ocasiones agudos de notable potencia, como ejemplo el Re4 que ofreció en Oviedo en la última frase de La Maitrise du roi.
La debilidad en los graves. Esto es cierto, Flórez no tiene unos graves en consonancia con el resto de la voz, pero este defecto tiene su lógica. Flórez es capaz de emitir un Do2, pero lo hace casi de puntillas y prefiere incrementar la consistencia y apoyo del sonido a partir del Fa. Es simple una cuestión lógica por el repertorio que afronta y la tesitura que se le exige. ¿Para qué reforzar esas notas graves que son puntuales si puede perjudicar el brillo de su registro agudo?. Es una decisión que tiene que tomar el tenor en su preparación, en mi opinión totalmente acertada. También es cierto que esta carencia del grave se puede agudizar en un repertorio que tenga una tesitura más central y con mayor afluencia de graves, pero la elección de su repertorio está siendo inteligente y la introducción de este repertorio más pesado esta siendo planificada con mucha cabeza. Todo papel que se pruebe que no es apto para su vocalidad o produzca fatiga se abandonará sin mayor preocupación.
La expresión del cantante. Aquí hay que anunciar que el cantante en los últimos meses ha dado verdaderos pasos de gigante. Siempre se criticará a los grandes tenores belcantistas de cierta frialdad en el canto, Kraus no pudo zafarse nunca de ella, además Flórez coincide con el tenor canario en que necesita la actuación del directo para adentrarse más en la emotividad del personaje. Pero no hay que confundir nunca la elegancia del fraseo, la sutil coloración y la exquisita matización que requiere el belcanto con la frialdad. Flórez al afianzar sus recursos técnicos está consiguiendo poner en práctica las ideas de interpretación que tiene en la cabeza y que le llegan de una musicalidad innata para ofrecer un estilismo belcantista muy depurado y acertado. Transmitir la esencia del personaje a través de un canto puro y bello sin necesidad de recursos veristoides que pueden impactar al oyente pero que enturbian la singular belleza de los pasajes belcantistas. Digamos en este sentido que el cantante se encuentra en una imparable ascensión.
Por último recalcar algunas de sus principales virtudes como son la cada vez mayor facilidad en un registro agudo, cada vez más limpio, más fácil, más brillante, la asombrosa dicción y claridad en el fraseo que está consiguiendo, la musicalidad innata que nunca le ha abandonado, el rigor en la atención a la partitura, las asombrosa calidad de unas agilidades bien ligadas, la depuración y nobleza de la línea, la excelente técnica de respiración y el fabuloso control diafragmático que le permiten un extenso fiato para otorgar un bello canto legato. En resumen la emoción y la belleza del canto en una voz.
Juan Diego Flórez un grande de la lírica, quien quiera que lo disfrute, quien quiera que se mantenga en la trinchera aguerrida de la defensa irracional de todo lo pasado y ataque a lo actual. Yo prefiero mantenerme en la línea del disfrute del pasado y de lo que nos permita el presente.
Un abrazo a todos
Última edición por Le Gouverneur el 11 Nov 2007 14:48, editado 1 vez en total
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