L'Elisir d'Amore
Melodramma giocoso in due atti
(Domenico Gaetano Maria Donizetti, libreto de Felice Romani)
La crónica (aunque llamarla así es algo petulante, dado mi nivel) hace referencia a la función del jueves, 23 de septiembre de 2004
Los intérpretes
Adina (Annamaria Dell'Oste) Su actuación sirve para entender lo que a grandes rasgos fue todo la función de los solistas: vinieron, cantaron lo que tenían que cantar y para casa (vamos, como los atletas en las Olimpiadas, que dejan las mejores marcas donde se le pague más)
Conoce el papel y sabe nadar y guardar la ropa. Se le notó muchás más química en los duos con Dulcamara que con Nemorino. Su mejor interpretación fue tras el aria de Nemorino (que el ego ayuda mucho)
Dulcamara (Alfonso Antoniozzi) Es este uno de los claros ejemplos de hasta que punto el control de todos los resortes del personaje permiten a un intérprete ofrecer una buena actuación sin rendir a su verdadero nivel (que por las críticas que he visto en la red parece muy superior al visto el pasado jueves en Tenerife) Gran actor y con una excelente vis cómica (de la que parecía disfrutar en todo momento), ofreció un sólido Dulcamara... aunque más como actor que como cantante. Sólo al final, con la pieza "Ei corregge ogni difetto" pudo atisbarse la verdadera calidad del cantante.
Nemorino (Giuseppe Filianotti) Una desilusión, de verdad. Parecía que al subir al registro agudo quería dar fe de aquello de: "Egli è il gallo della Checca" tal era la sensación que ofrecía (aunque si ahora me dicen que ese efecto era intencionado para mostrar la incertudumbre de Nemorino, Filianotti tiene un control sobre su voz que ríete tu de Gigli, Schipa o el Gran Kraus) Además, flaco favor le hizo en el director, pues tanto coro, otros intérpretes y orquesta le taparon en algunos momentos de la obra. Es curioso, si yo tenía algunos problemas para escucharle, y estaba en la fila 8, me pregunto que ocurriría con los espectadores que se encontraban 10 ó 12 filas más atrás. Por decir algo positivo del tenor: se defendió bien en el "una furtiva lagrima" (aunque no será una versión que pasará a la historia") y goza de un buen fiato.
Belcore (Vitorio Vitelli) Fue uno de los grandes de la noche. Tiene una bella voz y llena completamente la escena. Si debo ponerle algo en su debe (aunque más en la persona que lo contrató... afortunadamente) es que su voz me pareció algo oscura, más apropiada para personajes como Simon Boccanegra que Belcore.
Además, fue de los pocos que parecía implicado con el desarrollo de la obra. No lo importó jugar en un papel que realizaba demasiado hincapié en los aspectos más satíricos de su personaje. Brillante en sus arias, goza de un gran legato (algo de lo que Filianotti debería tomar nota, pues se le cerraba tanto la voz en el registro agudo que casi había que leerle los labios

) y una emisión rotunda, que no tenía problemas en sobreponerse a los impulsos antropófagos del coro o los
tuttide la orquesta (que flaco favor le hicieron al tenor)
Gianneta (Soledad Cardoso) Como muchos comprimarios, sólo te das cuenta de su calidad cuando esta no es buena. En el caso de Cardoso su buen hacer en cada uno de los papeles en los que la he escuchado es encomiable. Defiende con orgullo su participación y fue muy aclamada por el público. El problema es que son tan cortas sus intervenciones que nos privan de poder escucharla con mayor detenimiento. Se merece ya un papel de mayor duración y dificultad.
El Coro de la ATAO, de reciente creación y bajo la dirección de Carmen Cruz, debutaba con esta obra (y con la expectativa de ser el Coro de la Ópera de Tenerife) formado por gente joven y con mucha pasión por el canto (y muchos de ellos asiduos espectadores tanto de recitales como óperas) Hay de todo, gente con una voz preciosa, pero que la falta ese "punto" para ser solista; y gente que ha llegado más allá de las posibilidades de su voz a base de tesón y mucha lucha. Quizá estuvieron demasiado sobrados de ímpetu y casi se "comían" a los intérpretes a la menor ocasión (que si en vez de El Elixir cantan las primeras escenas de Otello...) Fueron muy aplaudidos por el público, que para algo jugaban en casa. Ojalá les sigan dando oportunidades, por el trabajo desempeñado en esta obra se lo merecen.
Víctor Pablo, en fin, que un lego como yo ponga peros al trabajo de un director tan sensacional como él es casi una herejía. Pero es que como conductor de ópera no me convence (salvo en la Flauta Mágica del año pasado) No puedo hablar de argumentos técnicos que escapan a mis conocimientos, si no de sensaciones... y no me llega a comunicar tanto como, por ejemplo, Zedda (y en una obra muy menor de Rossini como El Equívoco Estravagante)
La Escena
Como gato escaldado se acerca tanto al agua como Falstaff a una galleta dietética, estaba yo afilando la guadaña por si Livermore se salía de madre con El elixir... afortunadamante (tanto para el como para mi sastre) me la tuve que guardar. La escena contó con una iluminación exquisita, de un soberbio buen gusto. Atardeceres, amaneceres o mediodías reflejaban el estado de ánimo de los protagonistas de una forma tan sutil como efectiva. La composición de momentos como el de "una furtiva lagrima" merecen por sí mismos el aplauso con el que fue agasajado en director.
Detalles como que Dulcamara apareciera acompañado en muchos momentos de toda una suerte de personajes de barraca de Feria, o que en la "barcarolla" cantara como esos vocalistas de orquestina de pueblo demuestran el acierto que en la caracterización de los personajes tuvo Livermore. Puede que incidiera mucho en los aspectos más humorísticos de los personajes, pero siempre dejándolo todo al servicio de la partitura. Ojalá repita en próximos años
Il Frate