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Esta ópera la tengo gafada: hace un año, el día de la representación de la ABAO tuve una microrotura en un dedo del pie, se me hinchó como una bota y no pude ir; a la última de Madrid, mi situación económica me lo prohibió. A la tercera, con la Ópera Nacional de Brno, era la definitiva, y fue.
A estas funciones uno va precavido porque sabe de las limitaciones de estas compañías, pero comenzaré por decir que la función tuvo dignidad sufuciente como para recomendarla. logicamente, los problemas de espacio del foso y la consecuwente miniorquesta ahí están, pero aceptano estas limitaciones, el nivel de la función fue suficiente.
Tambien lo fue el aspecto vocal, donde nadie descolló ni por arriba ni por abajo. Ahora bien, la organización tuvo a bien no darnos los nombres de los cantantes, así que me referire a ellos como pueda.
Hoffmann era un tenor de empuje, de esos que para dar un agudo cogen un portamento más largo que el tunel de La Mancha; aun así hizo un Hoffman pasable y actoralmente aceptable. Por dar algun ejemplo, era un tenor a lo Farina, de esos que cantan con la voz en el cuello y sacandola a torta limpia.
La soprano abordó los cuatro papeles y fue mucho más Olimpia que Antonia; de hecho, "olimpizo" a Antonia y Giuletta, llevando el canto de estas a la zona extraaguda a la mínima, donde se sentía muy segura. Su Olimpia fue desternillante, muy bien trabajada en lo actoral y suficiente en lo vocal, aunque en algunas ocasiones pecaba de grito. De todas formas, fue la gran triunfaodra de la noche.
El bajo (no barítono) que en carnó a los malos tenía un gran volumen en la zona grave y media, pero en cuanto ascendia al agudo su voz se tornaba blanquecina y, sobre todo, gran pecado, desaparecía la afinación. Su última nora de su aria dudo se acercara en un tono a la de la partituta. Buena presencia escénica pero vocalmente gastado.
Nicklausse fue una mezzo que paso desapercibida: audible en solitario, en todos los conjuntos como por ejemplo en su duo con la soprano era fagocitada por sus compañeros hasta desaparecer de nuestros oidos.
El resto cumplió, muy bien en algunos casos (Schmil o la voz de la madre) regular en otros (Crespel) e impresentables en el caso del tabernero de prólogo y epílogo.
La versión tuvo música durante 120 minutos, recortando -por utilizar mi referencia discográfica- treinta con respecto a la versión de Bonynge. Por ejemplo, Stella no canta nada y los criados ven muy reducida su participación.
En general, siendo una actuación pueblerina -en el buen sentido- aplaudible función.
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