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ALEMANIA-OPERA
División de opiniones en versión Neunfels de "La flauta mágica"
Carmen Valero
Berlín, 26 nov (EFE).- Grandes vítores y abucheos sonoros, repartidos en partes iguales, acogieron anoche en la Komische Oper de Berlín el estreno de "La Flauta Mágica", la genial ópera de Mozart en una versión transgresora de Hans Neunfels.
El controvertido director alemán, responsable también de la puesta en escena escandalosa de otra ópera de Mozart, "Idomeneo", retirada temporalmente de la programación de la Deutsche Oper hace unos meses por temor a la violencia islamista, aguantó estoicamente el chaparrón a un concepto muy madurado que convierte esta ópera en opereta.
Neunfels colocó a su esposa, la actriz Elisabeth Trissenaar, en el centro de la escena inventando para ella el papel de narradora, personaje que el público abucheó sin piedad porque supuso la permanente interrupción de la partitura.
El resultado fue un rosario de arias, dúos, quintetos y tríos hilvanados de recitativos no siempre afortunados y sin duda en exceso, y una música despiezada que impidió su disfrute.
En este caso, la trasgresión de Neunfels fue adaptar al teatro la ópera de Mozart y abordar cada personaje como un ente en sí mismo y no como parte de un conjunto, lo que supuso para los cantantes, obligados a actuar, un auténtico desafío.
Este experimento por humanizar la obra y cuestionar la perfección de la música de Mozart es evidente en el trato del personaje de la "Reina de la Noche", magistralmente interpretado por Cornelia Goetz.
La reina, esperpéntica, entra en escena acompañada por "Las Tres Damas" y a medida que interpreta su conocida aria, se libera de los apósitos que le dan la semblanza de la perfección humana, hasta quedarse sin manos, sin moño, sin busto, como un maniquí roto.
En "Papageno", el Sancho Panza de la Flauta Mágica, único personaje movido por los deseos mundanos, el realizador acentúa la crisis de identidad que supone saberse mitad pájaro mitad humano.
Neunfels no pudo evitar sin embargo la provocación visual: la flauta mágica que ha de ayudar a "Tamino" a liberar a "Pamina" aparece aquí como un pene gigante, y las campanillas que "Las Tres Damas" entregan a "Papageno" son unas bolsitas de metal con forma de testículos.
El director, fascinado sin duda por la creación de Mozart y la simbología de sus obras, respetó la transformación de una ópera que nació como un cuento de hadas y terminó siendo una alegoría de la masonería.
Neunfels convierte las tres pruebas que "Tamino" ha de superar en el templo de "Sarastro" para liberar a "Pamina" en la iniciación al sexo y simboliza su éxito con el triunfo de la Revolución Francesa, muy influenciada por la franc-masonería, de la que tomó incluso el lema de "Libertad, fraternidad e igualdad".
Los integrantes del coro de la Komische Oper, con chapelas a la francesa, barras baguette y botella de vino en mano, evocan en el último cuadro el contexto histórico de una ópera con la que Mozart devuelve a sus "hermanos" los favores prestados.
Todos los cantantes elegidos por Neunfels para esta producción fueron muy aplaudidos, especialmente la soprano Maria Bengtsson en el papel de "Pamina" y el barítono alemán Jens Larsen, un cantante con excelentes dotes de interpretación e improvisación.
Cornelia Goetz, con un técnica vocal sobresaliente y unos agudos tan limpios como lanzas de hielo, ofreció una "Reina de la Noche" excelente; el tenor, Peter Lofahl estuvo a la altura del personaje de "Tamino", mientras que el danés James Creswell resaltó como "Sarastro", un sumo sacerdote en silla de ruedas.
La dirección musical estuvo a cargo del jovencísimo Markus Poschner, que fue muy aplaudido pese a que esta versión de "La Flauta Mágica" constituye una ópera por entregas.
El vestuario y la escenografía, del habitual colaborador de Neunfels, Reinhard von der Thannen, fueron objeto de abucheos, a pesar de que situó la ópera de Mozart en un espacio temporal y neutral. EFE
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