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Cuando la asociación Alfredo Kraus planificó un curso de canto durante el verano no se esperaba una respuesta tan entusiasta. Decenas de alumnos de toda España se presentaron a las pruebas, lo que obligó a realizar una selección muy dura en la que se produjeron muchos descartes. Al final once pasaron la prueba, a los que se unió la asturiana Paula Lueje, vencedora del apartado lírico del concurso «Rumbo a la fama». Junto a éstos, más de cuarenta alumnos como oyentes asisten a las clases magistrales de tres primeras referencias en sus respectivos ámbitos. Las mañanas, Ana Luisa Chova trabaja las cuestiones técnicas de forma paralela a Alejandro Zabala, que se ocupa del repertorio, mientras que en las tardes la escena es protagonista, con Emilio Sagi de maestro de ceremonias. Hoy, a partir de las ocho, se podrán ver los resultados alcanzados en la sala polivalente del Auditorio, en un concierto escenificado.
Especialmente satisfecho está el presidente de la asociación Alfredo Kraus, Carlos Abeledo. «La respuesta ha sido estupenda, con un nivel muy alto en todos los participantes. Creo que profesores y alumnos están contentos y para nosotros es lo más importante». Abeledo destaca que «es la primera vez que se afronta un curso que combina canto, escena y repertorio, y por eso nuestra vocación es de continuidad, de seguir realizándolo en años posteriores. Nada más terminar éste ya comenzaremos a preparar el próximo, teniendo en cuenta las sugerencias que han realizado profesores y alumnos».
Trabajo escénico
Con un trasiego continuo y silencioso de alumnos y de cantantes en la Escuela municipal de Música de la calle del Rosal, Sagi comienza a trabajar las cuestiones escénicas e interpretativas preparando arias y dúos con los jóvenes cantantes. Explica al detalle las características de cada personaje para que consigan interiorizarlos, hacerlos suyos y creíbles. Estimula la fantasía y la libertad creativa del intérprete. El trabajo de Sagi con ellos es intensivo y la respuesta obtenida es concentrada y magnífica. El director de escena ovetense aprovecha para señalar problemas reales que aparecerán en el escenario y en los ensayos previos, cuando estén trabajando en los teatros. E insiste, una y otra vez, en la importancia de la técnica y la necesidad del cantante de tomar clases y prepararse para ser un intérprete dramáticamente completo.
Además, Sagi va construyendo con cada cantante sus respectivos personajes y recalcando que todo sale de la música: los estados de ánimo, las sensaciones que los animan y les dan vida. Y es que el canto es una labor integral en la que cada gesto tiene importancia. La tarde transcurre entre obras de Verdi, Massenet o Mozart, entre otros autores, y, paulatinamente, se van desentrañando las claves de cada ópera para conseguir, como explica Sagi, «que los personajes tengan frescura, que estén vivos, desprendiéndose de tópicos vacíos».
Al final, cada escena acaba teniendo sentido, tras decenas de correcciones e ideas, de aportaciones en las que Sagi también pide a los alumnos que opinen, que aporten ideas que siempre van a «enriquecer el resultado final». Una manera disciplinada e intensa de aprender que la ópera se canta y que, además, y con la misma exigencia, se interpreta.