Al hilo de lo que se comenta sobre el Concierto de la Arena en el que son varios los foreros que mostraron su malestar con lo allí presentado, pero se lo tragaron todo

, me pregunto si no somos un poco masoquistas los aficionados a la Ópera. Y lo digo en primer lugar por mi mismo que, ante el próximo "Rollo del Rhin" ovetense, me aventuré a olvidar mis anteriores decepciones e intenté la escucha de la grabación de Keilberth en Bayreuth'55 con el mismo, aburrido, resultado de otras veces. Por si no fuese suficiente, seguro que presenciaré al menos una función de tamaña
maravilla wagneriana.
Por otro lado, es práctica habitual la escucha, en vivo o en grabación, de funciones de los que ya sabemos el resultado artístico nada más anunciarse y, aún así, sacrificamos nuestro tiempo y nuestras privilegiadas mentes en la enésima tentativa del tenor o barítono de turno, de la soprano jubilada o de los historicistas radicales en mostrarnos su arte. Encima, si nos desplazamos al teatro, tenemos que lidiar con puestas en escena creadas por terroristas del teatro, ajenos a la gloriosa tradición de este Arte.
Soportamos en silencio los inventos de la mercadotecnia discográfica, y maldecimos a los responsables de la Decca, DG o Sony; analizamos con gusto la gloriosa crítica musical, tan fiable como el Libro de familia de Manrico, añorando los tiempos en que era instructiva; nos devanamos los sesos buscando la cuadratura del círculo en la producción escénica más innovadora, e incluso encontramos significados ocultos hasta para el propio reggiseur; buscamos con interés los fallos en los repartos de los "cartelloni" teatrales mundiales, corrigiendo a los mortiers de turno; perdemos una bonita tarde veraniega para escuchar una retransmisión que nunca va a superar nuestras expectativas positivas, aunque esperamos que sí las negativas; hasta degustamos grabaciones de cantantes fosterjenkinzados a los que fácilmente podríamos superar; soportamos títulos o autores con los que tenemos la misma afinidad que un contratenor y un barítono verdiano, pero que nos entran en abono o hay que tacharlos en el carnet de baile del buen aficionado, etc...
Así que a mí no me cabe duda que el masoquismo es
conditio sine qua non para ser buen aficionado a la Opera, ¿a vosotros?