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| Las labradoras de Murcia http://www.unanocheenlaopera.com/viewtopic.php?f=2&t=10898 |
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| Autor: | pucciniana [ 28 Feb 2009 13:43 ] |
| Asunto: | Las labradoras de Murcia |
Acabo de descubrir por Radio Clásica esta zarzuela de Antonio Rodríquez de Hita, que ha captado toda mi atención mientras cortaba troncos ¿La habeis escuchado?¿La conociais?¿Qué versión teneis?¿Os gusta el género? También he dado con un artículo muy interesante relacionando el camio a este tipo de zarzuelas. http://www.regmurcia.com/docs/murgetana ... 12_003.pdf Don Antonio Rodríguez de Hita (1725-1787) era sacerdote. Desempeñó el cargo de maestro de capilla en la Catedral de Palencia, y luego en el convento de la Encarnación, de Madrid. Su vocación pedagógico-musical fué profunda. En 1751, compuso una obra para los ministriles de la catedral palentina (2) y en 1757 un tratado de composición con el título de Diapasón instructiv, que provocó enorme revuelo por la audacia de sus teorías (3). A Rodríguez de Hita le cabe el honor de haber puesto música, entre otras, a La Briseida y Las segadoras de Vallecas, las dos zarzuelas más significativas de su siglo, y que señalan, como acabamos de indicar, la renovación del género, la primera, y la derivación hacia lo costumbrista, la segunda. Las labradoras de Murcia, también de Rodríguez de Hita y don Ramón de la Cruz sirvió para consolidar el éxito de esta revolución musical. Los temas populares —regionales en este caso— quedaban in corporados definitivamente a la música escénica española. Libreto: Las labradoras de Murcia, zarzuela burlesca en dos actos, se estrenó en septiembre de 1769, en el coliseo del Príncipe, de Madrid, concluyendo con sus representaciones la temporada teatral de verano. En este mismo año aparece impreso el libreto de la obra, en la tipografía de Muñoz del Valle (4). Es una edición en 8.°, de 132 páginas, encuadernada en rústica, que debió salir a la luz antes del estreno (5). Se desarrolla la zarzuela en la huerta murciana, en la estación de la cosecha de la seda, e intervienen en ella los personajes siguientes: Don Vicente, caballero valenciano, disfrazado de labrador; su hija Teresa; Narciso, novio de Teresa, también valenciano; doña Nicolasa, rica viuda y dueña de la hacienda; su hijo Leandro, «estudiante atolondrado», y varios labradores y labradoras. Comienza la acción en un plantel de moreras, propiedad de la viuda, «con vistas de la ciudad de Murcia a lo lejos». I^as labradoras Olaya y Florentina coquetean con Pencho v Antolín, también labradores, mientras quitan la hoja a los árboles. Con ellos está Teresa, hija del valenciano don Vicente, que trabaja igualmente para la viuda, aunque es caballero. Después, aparece un forastero, el joven Narciso, que es portador de una misteriosa carta v manifiesta deseos de hablar a solas con Teresa. El cuadro sieuiente transcurre en un huerto de limoneros y naranjos. T>eandro. el hiio de la viuda, trata de enamorar a Teresa, sin conseguirlo: a continuación intenta que Vicente le proporcione algún dinero, ven diendo parte de la cosecha a espaldas de su madre. Vicente se opone rotundamente, y comentando con su hija la maldad del estudiante nos enteramos de que Teresa está enamorada de un joven hacendado de Valencia, que había matado a un primo suyo, por celos, envolviendo en la tragedia el huen nombre de Vicente y motivando su huida y disfraz campesino. Aparece más tarde la viuda doña Nicolasa, que no pierde tiempo en sugerirle a Vicente un segundo matrimonio. Llega en seguida Narciso, pidiéndole albergue, y la viuda —que está loca por dejar de serlo— lo recibe en sus posesiones muy a gusto, en espera de poder conquistarlo, si Vicente no se decide a las segundas nupcias. Narciso, naturalmente, es el joven de Valencia a quien Teresa ama ardientemente. El tercer cuadro tiene como marco la pieza donde están los gusanos. Leandro sigue cortejando en vano a Teresa. Estalla una tormenta, y los mozos y mozas cantan y tocan instrumentos, para que los gusanos no se atemoricen y salvar así la cosecha. Esta es la escena de más interés costumbrista y la mejor «movida» de toda la obra. El acto segundo se inicia en el patio o huerto de naranjos. Pencho, que está enamorado de Teresa, no quiere prestar su ayuda a Leandro para que éste hable con ella. Doña Nicolasa sermonea al estudiante por su holgazanería y le comunica que piensa casarse de nuevo, a fin de que la hacienda esté bien regida. En esto llega Vicente que le anuncia su decisión de marcharse, puesto que Leandro no cesa de cortejar a su hija. La viuda lo convence para que se quede, y le encarga sin recato que le ayude a conquistar a Narciso, empleándolo primero como labrador y encomiándole después el dinero y las buenas prendas que la adornan. Pero, a renglón seguido, una torpeza de Pencho, al dar un recado de Narciso para Teresa en presencia de su padre, decide a Vicente definitivamente a marcharse. Al fin, Narciso y Teresa se encuentran y hablan más reposadamente. El asunto del homicidio se ha arreglado, según demuestra la carta que trae, y ya pueden ser felices, si alguien intercede para que Vicente lo perdone. Aparece la viuda y le cuentan la verdad. Doña Nicolasa sufre una decepción, porque quería a Narciso para ella, pero el joven la desengaña totalmente, haciéndole ver lo inadecuado de esa unión por la diferencia de edad y costumbres. El último cuadro de la obra representa el desembojo. Vicente se entera de que su honor está a salvo y, tras una breve lucha interior, accede al matrimonio de Teresa y Narciso, preparándose los tres para regresar a Valencia. Y con cantos y bailes celebran todos el feliz término del suceso. Literariamente, la obra no es nada importante, ni añade lauro alguno a don Ramón de la Cruz, en cuyo haber existen comedias mucho más valiosas. Sin embargo, es ima obra significativa, porque supuso en su momento la consagración de la zarzuela de costumbres. No bastaba el esporádico ensayo de Las segadoras de Vallecas, pese a su éxito, para lanzar las campanas al vuelo, proclamando que la zarzuela entraba en vías de renovación. Era preciso que el público siguiera aceptando con el mismo agrado otras obras, fieles a la nueva tendencia. Las labradoras de Murcia, estrenada muy pocos m.eses más tarde y recibida en la Corte con general complacencia, garantizaba la continuidad del remozado género. Las labradoras... La partitura del maestro Rodríguez de Hita —dejando para los entendidos su examen crítico— sorprende por su amplitud y variedad Buen finde! |
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| Autor: | pucciniana [ 01 Mar 2009 14:18 ] |
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Debía ser la única oyente de la radio a esas horas Bueno, buscaré que discos encuentro. Cambio y corto, que empieza a hace aire! |
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| Autor: | WAM [ 02 Mar 2009 13:27 ] |
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pucciniana escribió: Debía ser la única oyente de la radio a esas horas
No del todo. Yo iba en el coche, haciendo de taxista a mi rapero doméstico, como es mi obligación los fines de semana. Puse Radiio clásica y salió un fragmento de una zarzuelilla curiosa que yo no conocía. Pero el rapero dijo: -"joé paoá, hoy no me pongas esto..." y sin más cambió a "los 40 principales". Cuando un rato después lo dejé donde iba, volví a Radio clásica para oir: -"les hemos ofrecido una interesantíssima zarzuela casi desconocida, titulada "las labradoras de Murcia"... O sea que no eras la única, pero no puedo participar en tus comentarios |
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| Autor: | b [ 02 Mar 2009 13:52 ] |
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Dí que sí, pucciniana, está muy bien Rodríguez de Hita. Menudas joyas tenemos en el barroco español, además auténticas y genuinas. Pero, como somos así, pues pa' los restos. |
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| Autor: | pucciniana [ 03 Mar 2009 21:32 ] |
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Bueno, por lo menos me alegra ver que no fui a la única a la que le interesa el tema |
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