

Bueno, yo sigo a lo mío y, en esta ocasión, me he enfrentado a la
Salome que Rudolf Kempe dirigió en el Festival de Orange en 1974 (sí, efectivamente, en la misma edición en la que Montserrat Caballé obró el milagro con su memorable
Norma). En este caso, una orquesta no especializada responde sin fisuras a las exigencias del maestro dresdense (gran straussiano), y realiza una interpretación que consigue aunar atención al detalle, grandeza sonora y homogeneidad, pues logra mostrarnos toda la riqueza orquestal de la partitura y, a la vez, cuidar a los solistas (que, en este caso, además, se movían sobre un espacio escénico bastante amplio). La Rysanek vuelve a demostrarnos que fue una gran Salome --pasional, llena de matices, muy teatral--, aunque se la oye más apurada en la parte superior extrema de su
particella, y en algunos pasajes donde debe recoger la voz (por ejemplo, en su primera petición de la cabeza de Juan, donde gallea). Pero su interpretación sigue siendo igual de intensa y matizada, ofreciéndonos una princesa idumea que roza la demencia. Quizá peque de un exceso de
pathos (esos gritos de júbilo/terror que da cuando le presentan, al fin, la cabeza de Juan creo que sobran), pero, en conjunto, la interpretación es magnífica (pese a los problemas vocales). Thomas Stewart no acaba de convencerme plenamente como Jochanaam, pues lo encuentro algo irregular, pasando de frases realmente interesantes, a otros momentos en los que su dicción resulta algo borrosa (con las palabras como arrastradas) y una voz poderosa, pero algo gutural. Mucho mejor en las partes líricas que en las propiamente solemnes y heroicas (si es que puede usarse este último término para hablar del profeta). Vickers, por el contrario, es un prodigio de matización, coloreado vocal, expresividad y acento en la piel de Herodes. Su tetrarca, cantado con suma inteligencia, resulta sinuoso, sibilante, histérico, explosivo, y tan pronto estalla furioso, como se muestra solícito y obsequiosamente adulador y sibilino. El canadiense lleva a cabo aquí un poderoso ejercicio de adaptación vocal para plegarse a las exigencias del personaje --emitiendo con suavidad y adelgazando la voz--, por lo que acaba siendo, a mi entender, el mejor de la velada junto a Rysanek. La Herodias de Ruth Hesse me parece muy convincente, con un timbre más oscuro de lo que suele ser habitual en intérpretes de este rol, y el Narraboth de Horst R Laubenthal es noble, señorial y ajustado. Correcto, asimismo, el paje de Marga Schiml y el resto de comprimarios. Muy bueno el sonido.